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Papeletas, sobres y elecciones

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Foto: EFE

Este artículo también está disponible en catalán

En una mesita en mi casa tengo ya cuatro sobres de color blanco y tres de color sepia (alguna de las formaciones políticas remitentes no presenta candidatura al Senado) que he costeado a precio de oro en forma de subvenciones a los partidos políticos.

No, en esta ocasión tampoco les ha dado la gana de ponerse de acuerdo y se han gastado una vez más un dineral nuestro enviando cada partido por separado un sobre con propaganda, papeletas y sobres para cada persona con derecho a voto de cada casa, a pesar de que en los colegios electorales hay de todo y mucho, incluso cabinas para garantizar que el voto sea secreto.

¡Socorro! Estamos en manos de gentuza como esta.

Ninguno ha tenido tampoco la decencia de copiar lo que hizo en las últimas elecciones la CUP: una sola hoja hacía tanto de propaganda como de sobre y en una notita animaban quien los quisiera votar a usar alguno de los sobres enviados por uno de los otros partidos.

Básicamente cuatro son los hombres que han decidido malgastarse nuestro dinero. Se dedican, además y en justa consonancia, a decir cosas portentosas que indican bien a la claras que encabezan las respectivas formaciones por ser pura cuota masculina.

Mariano Rajoy, mientras deambula entre alcachofas mirándolas embobado, anima a la gente a votarle a él y no a los otros, a los que, en un alarde de ingenio y sofisticación, tacha de «malos»; declara que le encantaría vivir en el campo (¡mira que lo tiene fácil!) y que sería una irresponsabilidad ir hacia unas terceras elecciones. Debe considerar que la repetición de las últimas es el colmo de la responsabilidad.

Albert Ribera dice una cosa aquí y otra allá. En los carteles de Cataluña, manifiesta algo así como que es un catalán que puede presidir España. Eso sí, tanto aquí como allí pone los pelos de punta con estremecedoras opiniones como cuchillos sobre la violencia machista y la igualdad. Y como no quiere mezclar fútbol y política, monta una pantalla gigante y convierte partidos de fútbol masculino en actos electorales.

No crean que estos cuatro dirigentes están sólo de acuerdo en gastarse nuestro dinero en Correos. No, de ninguna manera. También están de acuerdo en tirarse por la cabeza un montón de rayas rojas de todos los colores.

Me parece que lo último que ha confesado Pablo Iglesias es que es socialdemócrata. Entretanto reivindica la sonrisa como un punto más de su programa electoral. No la considere «previa» o una buena compañera de las reivindicaciones que sea, es que la propone «en lugar de».

A esto también se apunta Pedro Sánchez cuando, como en un mantra, habla de tolerancia, diálogo, respeto... Sería extraño que algún partido voceara la intolerancia, el no diálogo o la falta de respeto. Deberían ser actitudes imprescindibles y anteriores se defienda la ideología que se defienda. También se ha enfadado mucho porque Iglesias loa a José Luis Rodríguez Zapatero con la aviesa intención de dividir el PSOE. (La enemiga de Sánchez, la ultranacionalista y andalucista Susana Díaz, comparte la rabieta.)

No crean que estos cuatro dirigentes están sólo de acuerdo en gastarse nuestro dinero en Correos. No, de ninguna manera. También están de acuerdo en tirarse por la cabeza un montón de rayas rojas de todos los colores. Y el día de la soporífera performance bautizada como debate electoral, coincidieron en parar un rato mientras simulaban que la preparaban, para poder mirar el primer partido de la selección española masculina de fútbol contra la República Checa. Los cuatro hicieron lo imposible para que se supiera que la habían visto.

Al cabo de unos días, la selección española masculina de fútbol jugaba otro partido y volvieron a detenerlo todo para mirarlo. Rajoy, que es el más descarado y desacomplejado, ese día directamente no hizo el mitin vespertino. Sánchez, como Iglesias y Alberto Garzón, se lo organizaron para terminar temprano y poderlo ver. Ribera juntó partido y mitin.

Me imagino a más de una candidata mirando el partido, pero no a muchas obligándose a pregonarlo como arma de mendigar votos. Quizá por eso hay tan pocas.

(De la violencia extrema y organizada que rodea la Eurocopa y de la relación con patriotismo, machismo y política, no tengo espacio para hablar. De las relaciones de algunos puteros jugadores --sí, ya sé que ir de putas no es delito en este Estado-- de la selección española con traficantes de esclavas sexuales, tampoco.)

Lo que sí quiero decir, a tenor de los esfuerzos que hicieron para poder ver los partidos de la selección masculina, es que los cuatro políticos tienen la misma estricta idea sobre qué es la conciliación laboral y familiar y cómo aplicarla.

Quizá por eso no dedicaron ni un minuto durante la performance del debate electoral a las violencias contra las mujeres. Ni una palabra sobre la hemorragia constante de las asesinadas de cada día. Tanto si lo omiten porque consideran que esto no preocupa a la gente como si lo hacen porque no da votos, simplemente están abdicando de la política.

¡Socorro! Estamos en manos de hombres como esos.