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Expedición Larramendi Headshot

Agujeros en busca del pasado de Groenlandia

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En la cima de hielo de Groenlandia hay overbooking de científicos. Ahí se encuentra la base Summit Camp o Summit Station, a la que llegamos el pasado jueves, justo a la que sería la hora de un amanecer inexistente. En esta época del año, encontramos en la instalación a unas cincuenta personas, entre investigadores y técnicos, mucha gente para las pequeñas dimensiones que parece tener la instalación en esta inmensidad helada. Impresiona pensar que en tan aislado lugar, con un ambiente tan puro, se consigan datos fundamentales para conocer el impacto del cambio climático que afectan a todo el planeta.

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Los seis tripulantes del Trineo de Viento tuvimos la oportunidad de conocer de primera mano los proyectos, casi todos norteamericanos, que se están desarrollando allí, y de paso descansar unas horas de la vida en nuestro pequeño hogar móvil. Después, los responsables de Summit Camp quisieron conocer nuestro vehículo. Habíamos tenido que aparcar a unos kilómetros, fuera de su perímetro de seguridad, pero amablemente nos habían recogido y nos retornaron al lugar en unas motos de nieve. Cuando vieron nuestro trineo, se quedaron perplejos. La misma cara de sorpresa que Ramón Larramendi ya está acostumbrado a ver en cuantos se acercan a su diseño por primera vez. "Todos se quedan de piedra al ver lo sencillo que es y que aún así logre llegar a sitios tan complicados como éste". Los norteamericanos no fueron menos. "¡Pero si es de madera!", se repetían unos a otros.

Tras la visita, nos organizamos para pasar al otro lado del domo, es decir, a la vertiente este de Groenlandia, ya a bordo con el material que necesitamos para las pruebas científicas que nos han encomendado en la Universidad de Copenhague. Lo recogimos en la base, como nos había dicho el glaciólogo Jason Box.

A la noche siguiente, una vez en marcha con un suave viento que nos obligó a poner el tiro en un lateral a 60ª de la marcha, el GPS nos indicó en un momento dado que estábamos a 3.240 metros de altitud, el auténtico techo de la gran isla ártica. Estar donde tan pocos seres humanos han puesto los pies antes que nosotros provoca ese cosquilleo especial que ha impulsado desde siempre a nuestra especie, exploradora por naturaleza.

Una vez al otro lado del domo, comenzamos a bajada hacia la costa Este. En realidad, no se nota la pendiente. Ante los ojos vemos la misma gran masa de hielo que cuando subíamos, aunque esperamos que los vientos en esta parte, ahora que vamos para el sureste, sean más propicios que cuando íbamos hacia el norte. Esta expedición está siendo toda una prueba experimental de las posibilidades del Trineo de Viento, y es evidente que son muchas, pero que también tenemos que realizar cambios para que su rendimiento mejore cuando nuestro combustible eólico no llega en en las mejores condiciones. De hecho, ¡para eso estamos aquí!

Y también para recoger estos datos que pueden contribuir a mejorar nuestro conocimiento sobre lo que está pasando en el Ártico. En cuanto avancemos, tenemos previsto hacer nuestros primeros agujeros de quince metros de profundidad en busca del pasado del clima en Groenlandia. Que salgan bien es todo un reto para el equipo.

Mejor arreglo que el viento tiene nuestro caos horario. Por un lado, se debe a que todo el día luce el sol, y por otro, a que el viento viene y va sin tener en cuenta nuestras horas de sueño. Además, la llegada a Summit Camp alteró los turnos de pilotaje que llevábamos. Ahora, los estamos recuperando, conscientes de que el organismo debe estar en buenas condiciones. Nos queda aún mucho recorrido por delante.

Por cierto, hoy estamos a -9ºC, así que, como veis, la temperatura sigue realmente suave, demasiado suave para estas latitudes.