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La agenda de Falsarius: microondas, chiringuitos y otros desparrames

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LUNES: Me preguntan por los microondas. Eso es poner el dedo en la llaga. La verdad es que no me gustan. Les tengo manía. Sé que en Estados Unidos (que es donde pasan siempre estas cosas) se han dado casos de microondas domésticos que han atacado a sus dueños mientras dormían. Pero vamos, tranquilos. Si le hablas en voz baja pero firme y no le das la espalda, resulta inofensivo. Eso sí, a tu microondas nunca le des de comer después de media noche, protégele de la luz y no dejes que se moje. También puedes tirarlo por la ventana, que es lo que hice yo, pero no quisiera parecer talibán.

MARTES: Leo unas declaraciones de Andrés Madrigal, popular cocinero que también escribe aquí en El Huffington, en las que le preguntan que según él, quién está haciendo cocina creativa. Esta es su respuesta: " Las madres y las abuelas de antes: son una escuela en extinción que hay que aprovechar mientras sigan vivas. Con harina y agua te hacían cinco cosas diferentes o se las ingeniaban para darte de comer lentejas cinco días seguidos sin que pareciera repetitivo". Sabio el tipo.

MIÉRCOLES: Desaparece Google y nos quedamos sin "esos" sabios.

JUEVES: Me fastidia la gente de mi edad. Si se conservan mejor que yo, por envidia. Si están peor, por hacerme sentir culpable de que me guste.

VIERNES: Las visitas al súper son una fuente inagotable de conocimiento. Estoy comprando cosas para la cena y oigo: "hoy comida suavecita que he pillado una gastronomitis". Desconocía esta enfermedad, pero resulta prometedora. Me imagino que es un amante de la cocina tradicional que ha leído la reseña de algún restaurante moderno y ha sufrido esa novedosa dolencia. O alguien al que le sentó mal un gastro-gintonic, ese tipo de cosas. Y hablando de gintonics, ¿en que momento dejaron de ser un cóctel y se convirtieron en ensaladas? ¿Cómo pudo pasarnos esto?

SÁBADO: Empieza la Liga y hay que ir pensando tapitas para acompañar las cervezas futboleras. Descubro que un hummus refrigerado que venden en el Mercadona (una especie de puré de garbanzos muy popular en Oriente Medio), mezclado con un poco de cebolla picadita (que le da un toquecillo crujiente muy apetitoso) y un poco de zumo de limón, y adornado con pimentón picante y un hilillo de aceite de oliva del rico, nos puede dar mucho juego. Entre prueba y prueba, cae el envase entero.

DOMINGO: Paseo por la playa y veo al personal comiendo en el abarrotado chiringuito. Bandejas y bandejas de pescado frito, de langostinos, de gambas. Luego miro al mar y de repente lo veo viejo, cansado y exhausto. Iba a tomarme unas sardinas, pero al final pido una ensalada. Vuelvo a mirar al agua e imagino a mis sardinas indultadas, esquivando piernas de bañistas y huyendo mar adentro en busca de un océano recóndito y sin redes. Puede parecer una tontería pero, de repente, mi ensalada ya no es una triste ensalada. Es comer un poco de esperanza.

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