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El elitismo académico a través de sus textos

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Imagen: Shutterstock.

Aclaremos ante todo que no considero que todo academicismo sea elitista por definición. Lo cierto es que he encontrado tanto elitismo (o más) en otros ambientes. En este artículo me refiero solo a ese elitismo que encuentras en los mismos nervios de la academia, en los textos académicos.

Ya... No parece muy elitista. Aburrido, si acaso.

Me volví a fijar en esto hace poco, cuando un bienintencionado profesor estadounidense me invitó a eliminar las preguntas retóricas de un artículo. ¿Las preguntas retóricas? pregunté yo, no tan retóricamente. Sí, me dijo, no son académicas.

En el fondo de ello podríamos creer que se encuentra la creencia en la frialdad del dato aséptico como único medio de expresión científica. En este sentido, puedo entender lo inapropiado de cierta expresión poética, como que "la energía es igual a la amada sustancia que nos compone y nos reconcilia con la cosa en sí por cierto determinismo más seguro que el sol que nos alumbra al cuadrado".

Digamos entonces que sí, que el único problema debería ser el comunicativo: ¿se comunica mejor o peor evitando expresiones ajenas al circuito académico habitual? En general, relacionamos la riqueza informativa con lo denotativo, porque reduce la ambigüedad. No obstante, el juego entre lo denotativo y lo connotativo puede precisamente comunicar mejor.

Por ejemplo, una pregunta retórica, que exige siempre connotaciones, intensifica una certeza a partir de una falsa duda. Una pregunta retórica no tiene por qué ser más confusa que una afirmación, si se contextualiza bien. Deberían entenderla quienes disfruten de una alta capacidad comunicativa, como deberían ser los académicos (ejem, ejem...).

Acudo a un ejemplo más claro: esa obsesión absurda por evitar la primera persona del singular. Reconozco ya que jamás me han rechazado un artículo por usar el singular. Por eso me da mucho repelús leer todavía a alguien menor de cuarenta años escribiendo absolutamente todo en pasiva refleja ("Se ha de considerar aquí...", "Como ya se ha establecido en este mismo texto...")... Brrrrr... ¡Qué grima!

Pero lo que de verdad me cuesta aceptar es el texto de una persona joven centrado en la ya casi desaparecida costumbre de la primera persona del plural: "Tal como hemos afirmado...", "Consideramos que estos ejemplos.". ¡AAAAAARRRGGGHHHH!...

Si leyéramos a alguien en un blog o en un diario que se expresara así lo tomaríamos por loco: "¡Ese tío oye voces!"

Cuando me piden que evite, por ejemplo, formas coloquiales, suelo defenderme atacando: 'Trato temas poco adecuados, así que uso formas poco adecuadas'.

No pasa nada, me digo... Me adapto; cada cual que escriba como quiera... Ahora bien, cuando aún leo en algún sitio estas casi extintas primeras personas del plural, siempre vuelvo a mirar el nombre del autor, por si me he equivocado y estoy leyendo un artículo del Papa. O de algún rey medieval. Luego veo que no, que es un libro de un amigo que, supongo, pretende dignificar su estudio sobre ciencia ficción o de un estudiante al que su anciano director le obliga a escribir así.

En fin, cuando me piden que evite, por ejemplo, formas coloquiales, suelo defenderme atacando: "Trato temas poco adecuados, así que uso formas poco adecuadas" (como si incluir una anécdota fuera como tocar en el álbum God Save the Queen, de los Pistols, pero vale). Sin embargo, por mucho que les digas: "Oye, esto mejora la claridad del texto", la respuesta suele ser la misma: "Es lenguaje académico".

Es decir, por lo general, las respuestas a la inconsistencia de estas normas suele ser tautológica: si hay una gran presencia del autor en el texto, no eres académico. Es decir, eso es lo académico porque es lo académico. Es lo serio porque lo serio es lo serio. Defenderse con que los académicos escribimos diferente solo porque somos académicos. Suena un poco... Elitista, ¿no?

¿O solo me lo parece a mí? (Pregunta retórica.)

Esto suele venir seguido de lo de "No se puede escribir de otro modo hasta adquirir cierto estatus", en cuanto a que las afirmaciones personales vienen de un profundo conocimiento de las cosas. Por consiguiente, escribir sin lenguaje coloquial, sin preguntas retóricas y sin contar batallas personales debería ser signo de persona que se inicia en la vida (aunque tenga 35 tacos y haya pasado ya por un divorcio y dos hijos). ¿O es como decir: "Propio de gente bien domesticada", que marque bien la distancia?

¡¿Por qué hay que marcar la distancia en los textos académicos, por Cthulu?!

Volveré a ello.

Quiero comentar antes eso de la experiencia personal: "No cuentes ejemplos personales. Es un artículo científico".

¡Pero Umberto Eco lo hace!

Respuesta: "¿Te crees Umberto Eco?". ¡No! Me creo doctor en Ciencias del lenguaje y de la literatura. Lo pone en un papelito que me dieron. Creo que sé los motivos por los que escribo ciertas cosas, me equivoque luego o no. Y, sin embargo, en Filología suelen ser los más rancios con las normas.

Bueno... Suelen ser los más rancios en todo, anyway, pese a sus muchas virtudes en otros terrenos. ¿Qué le vamos a hacer? (Pregunta retórica) El problema está en que debas ser Mario Vargas Llosa para marcar el "Yo" en un texto.

Precisamente las anécdotas fueron una parte fundamental del discurso retórico clásico, porque presentar una teoría y después un ejemplo ilustrativo (personal, ajeno, mitológico o de una película de Hollywood) es algo muy útil.

Se argumenta también, en relación con esto, que la referencia personal debe rehuirse por no ser científica, por humildad (¿cristiana?, ¿burguesa?, ¿jerárquica?), por demasiado particular... Aunque todo ejemplo es particular y se expone para generalizar a partir de él.

A ver... No se trata de escribir como hablamos. Eso es imposible por la propia redacción: en cuanto trabajas una exposición y una argumentación, deja de ser espontánea.

No obstante, ¿de donde viene tanta tontería? Aventuraré una posibilidad, en lo que busco a alguien que ya haya estudiado esto.

Lo realmente significativo es el discurso, no el lenguaje; la actitud hacia el lector, no unos u otros morfemas, palabras o construcciones textuales. Lo importante es la comunicación.

La manera de escribir académica basada en la distancia debe de venir, como tantas cosas, del tradicional distanciamiento contemplativo de la educación masculina. Durante décadas, se ha realizado una relación absolutamente falaz entre lo científico/lógico/expositivo con lo distante, como se ha hecho con casi cualquier análisis de lo humano. Debemos marcar distancia y frialdad, no mostrar emociones ni presencia alguna.

Este tipo de escrituras y de miradas no han cambiado apenas desde el siglo XIX, cuando se instituyeron. En aquella época de férrea disciplina, los hombres de ciencias eran educados en la frialdad, la rigidez y el autocontrol. Eso marcaba una diferencia con el niño y la mujer "pasionales". Se trata de un elitismo segregacionista y muy, muy anticuado.

En fin, apreciaréis que no todos los académicos siguen estas "normas". Es frecuente que no se sientan rancios porque condenan unas, mientras cumplen las "coherentes". No obstante, como hemos visto, ninguna es coherente ni científica en sí misma y, sea como sea, casi todos mis compañeros académicos evitan que la distancia entre el lector y el "yo" del escritor se acerquen demasiado. "Mantengamos las distancias", se dicen internamente.

Ante esto, recordemos que lo realmente significativo es el discurso, no el lenguaje. Lo importante es la actitud que mantenemos hacia el lector, no unos u otros morfemas, palabras o construcciones textuales. Y que lo importante es la comunicación.

Esto lo olvidan muchos académicos. ;)