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Fuga de cerebros ¿un proceso reversible?

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La primera vez que viajé a Alemania fue en la primavera de 2004, unos años antes de que la crisis financiera actual comenzara. Para este viaje, cargué unas pocas cosas en mi maleta: un título en ciencias químicas, varios libros para refrescar mi alemán y la necesidad de ver el mundo con mis propios ojos. Un mes más tarde, regresé a España con algo de equipaje extra: un choque climático y cultural, la confirmación de que mi alemán no era tan bueno como se esperaba y una oferta para hacer un doctorado en la Universidad Técnica de Berlín.

Mi historia, sin embargo, podría no ser representativa de la de muchos otros científicos que estos días, debido a los severos recortes en los presupuestos de I+D, se ven obligados a abandonar España. A pesar de que las protestas han ido en aumento y las políticas de austeridad han sido fuertemente criticadas por eminentes científicos, economistas y políticos, tanto españoles como de otros países, la tendencia en recortes continúa. Como consecuencia, somos testigos de cómo muchos jóvenes con formación superior abandonan España en busca de mejores oportunidades en el extranjero y de cómo muchos otros no tienen la posibilidad de regresar.

Contrariamente al caso español, la demanda de profesionales altamente calificados en campos como la ingeniería o la medicina ha llevado a Alemania a establecer programas de reclutamiento para traer a candidatos de otros países, explica Anne Schwarz, experta en procesos de reclutamiento internacional y trainings interculturales. En otras palabras, Alemania participa desde hace al menos diez años en una carrera mundial por los mejores cerebros, la llamada "guerra de talentos"*. En un contexto parecido se podría enmarcar el reciente acuerdo germano-español de atraer a 5.000 españoles para trabajar en Alemania (desgraciadamente esta noticia ha sido borrada de la página oficial de la Moncloa) y el entusiasmo mostrado por los ministros alemanes por captar a jóvenes españoles hacia este país.

Las historias individuales son difícilmente generalizables, pero pueden ser útiles cuando se trata de comprender las dificultades que implica abandonar el propio país. Me refiero, en este caso particular, a las diferencias culturales entre España y Alemania. En primer lugar, aunque poseer unos conocimientos básicos del idioma será visto como un gesto admirable, un dominio insuficiente del mismo puede reducir sustancialmente las posibilidades de cualquier candidato extranjero de conseguir un trabajo en Alemania. En un interesante estudio, investigadores de la Universidad de Chicago sugieren que éste no es un fenómeno típicamente alemán, sino que el hecho de tener acento en inglés también disminuye la credibilidad de las personas.

Sin embargo, también otros aspectos culturales representan un desafío importante para el profesional que decide afrontar el reto de emigrar a Alemania. Por ejemplo, los laboriosos y altamente estandarizados procesos de reclutamiento pueden resultar desalentadores. Sobre todo si los aspirantes tienen que competir con personas nativas, que conocen mucho mejor el funcionamiento de dichos procesos.

En mi caso, una vez conseguí mi primer trabajo, percibí enseguida que el estilo de comunicación era diametralmente opuesto al español. De este modo, casi no había small talk (charla trivial) y las conversaciones se centraban en abordar problemas técnicos concretos sobre el trabajo. Sólo después de encontrar soluciones a los problemas laborales se pudo establecer un vínculo personal abriendo la puerta a relaciones sinceras y duraderas.

Aunque muchos investigadores coincidirán en que pasar algún tiempo en el extranjero es bueno para la formación científica, el contexto actual puede llevar a algo más que una deslocalización temporal de los científicos españoles. Si las infraestructuras científicas en España resultan irreversiblemente dañadas, existe el riesgo real de una pérdida permanente de una parte importante de los cerebros nativos, así como también de los foráneos, aunque ciertos políticos se nieguen en verlo de esta manera. Esto podría evitarse mediante la aplicación de estrategias a largo plazo en los programas de I+D y no a una inversión circunstancial en función de la situación financiera actual. En palabras de Joan Guinovart, director del Instituto de Investigación Biomédica en Barcelona, la situación en España podría ser diferente: "Con muy poco, el Gobierno tendría una sistema de bandera". Otros cambios, como la mejora de la transferencia tecnológica, el estímulo de la innovación y el aumento de la flexibilidad de las instituciones de investigación serían también necesarios para dotar a España de infraestructuras científicas estables y fuertes, y así ayudar a revertir la fuga de cerebros.

Las soluciones pueden llevar tiempo, sobre todo si para ello se requiere un cambio de mentalidad. En cuanto a mí, diez años después de mi despedida de España, trabajo para una institución de renombre y no puedo imaginarme volver a España. En este punto no creo que mi caso sea una excepción sino desgraciadamente la norma.

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* The War for Talent, de Ed Michaels, Helen Handfield-Jones, and Beth Axelrod, Harvard Business Press, 2001.