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Trump y la nueva era de los titanes

20/01/2017 14:38 CET | Actualizado 20/01/2017 14:50 CET
THE WASHINGTON POST VIA GETTY IMAGES

Empecemos con un poco de mitología griega:

Los titanes eran los colosales y todopoderosos descendientes del Caos. Habitaban en la Tierra antes que los semidioses, los humanos y los inferiores mortales. Entre los imperfectos mortales de a pie, que fueron los últimos en llegar, había políticos, burócratas y cobardes políticamente correctos que hacían de Estados Unidos un país débil e indeciso.

Entonces, en 2015, en Manhattan, descendió a la Tierra montado en un ascensor dorado un nuevo titán -robusto, de voz estridente y coronado con una crin de un amarillo flamante-, que dijo que devolvería a Estados Unidos su grandeza y que se convertiría en su presidente.

Eso fue lo que hizo Donald Trump. Y a partir del Caos está creando una nueva era de los titanes en todo el mundo.

Pudimos ver cómo se estaba gestando esta semana -su promesa y su arrogante peligrosidad- cuando el presidente Barack Obama abandonó el escenario y Trump irrumpió en él.

Los votantes opinan que Trump es convincente e inteligente, pero también que es deshonesto, que no piensa en los ciudadanos, que su carácter es cuestionable y que debería dejar de tuitear, por cierto.

Se puso en marcha un proceso de renovación cuando el presidente demostró ser la personificación del discurso racional y del sentimiento de comunidad y Trump declaró que bastaría con el poder, el dinero y el saber vender para arreglar el país.

Los estadounidenses prefieren la antigua usanza. Según una encuesta reciente, el índice de aprobación de Obama es de un 55%, mientras que el de Trump es de un 37%. Los votantes opinan que Trump es convincente e inteligente, pero también que es deshonesto, que no piensa en los ciudadanos, que su carácter es cuestionable y que debería dejar de tuitear, por cierto.

Pero estas opiniones no perturban a Trump (ni a sus círculos más íntimos). El magnate sigue la "teoría del gran hombre"; muy del siglo XX, muy Churchill, Roosevelt y Stalin. Se basa en la teoría del superhéroe, según la cual las figuras viriles (virales) no solo desafían a la historia, sino también a la gravedad.

Porque, por su propia naturaleza -al fin y al cabo, son dioses-, los nuevos titanes no se rigen por reglas normales. Y Trump, en concierto únicamente con ellos, logrará grandes hazañas.

Seguirá lanzando tuits como si fueran truenos.

Utilizará sus desconcertantes aptitudes para dejar con la mandíbula descolgada hasta a los más inexpresivos (como los ladrones de la industria farmacéutica y las empresas contratistas de defensa).

Usará sus aptitudes de hombre de negocios para llegar a más acuerdos para que las empresas mantengan puestos de trabajo en Estados Unidos, especialmente en los estados republicanos, cuyos ciudadanos fueron lo suficientemente inteligentes como para votarle y merecérselo.

Solo se codeará con los multimillonarios más poderosos, con los bucaneros del mundo empresarial y tecnológico y con los líderes más estridentes y nacionalistas de otros países, ya sean grandes o pequeños.

No dejará caer nombres importantes en ruedas de prensa, los anunciará por todo lo alto: como los de los tipos importantes de Silicon Valley que vinieron a la Torre Trump; del chino Jack Ma, de su amigo Harold Hamm y, sobre todo, del presidente ruso, también titán, Vladimir Putin.

A diferencia de los políticos mortales, Trump ofenderá solo para recordar a la gente que puede hacerlo, aunque eso aumente el número de mindundis que le atacan.

Trump dirá adiós a las regulaciones que se aplican a los simples mortales; su abogado argumenta que, en efecto, el presidente electo es demasiado importante y rico como para entender el sentido de los conflictos de intereses de los ciudadanos de a pie. No puede separarse de un mundo que domina él, ¿verdad?

A diferencia de los políticos normales y corrientes, que tienden a actuar contra sus enemigos de manera confidencial, Trump los desafiará públicamente y prometerá aplastarlos con sus propios mocasines. Y, a diferencia de los políticos mortales, ofenderá solo para recordarle a la gente que puede hacerlo, aunque eso implique un aumento en el número de mindundis que le atacan.

Los medios de comunicación que le hacen la pelota -que glorifican a este gran triunfador- recibirán elogios a regañadientes; aquellos que le desafíen serán víctimas de unos ataques sin precedentes, se les llamará "desechos" o cosas peores y se les amenazará con unos castigos que harán que la "lista de enemigos" de Richard Nixon parezca una fiesta de cumpleaños.

Los miembros del gabinete serán los miembros subalternos del equipo del superhéroe, que fueron elegidos por su riqueza o su relación con el ejército o porque encajaban en el papel; como Rex Tillerson (el director ejecutivo de la petrolera ExxonMobil) y no como Bob Corker (el senador de Tennessee). El secretario de prensa, Sean Spicer, también tiene sus limitaciones, pero es Reserva de la Marina de Estados Unidos, tiene la barbilla muy larga y no tiene reparos en mandar a la prensa a freír espárragos.

Se le dará un escarmiento a los sectores de la inteligencia; o eso intentará hacer Trump al reemplazar a todos los que están al mando y al perseguir al director del FBI, James Comey. Los titanes controlan su territorio, y eso es lo que intentará hacer Trump.

Un miembro destacado de la comunidad me ha dicho que esperaba que Trump intentara relajar tensiones con Rusia. En cuanto al otro titán principal que hay en escena, el chino Xi Jinping, nadie está seguro.

Y lo más importante es que los dioses, cuando se sientan con ganas, pueden entregarse a su pueblo. Y así es con Trump. Como nos dijo en su rueda de prensa, rechazó un trato de 2000 millones de dólares en Dubai (con su gran amigo Hussein Sajwani) porque quería dedicar todo su tiempo a ser presidente de los estadounidenses. Según dijo, podía haber cogido el dinero; estando solo en el Gobierno, es libre para hacerlo (vale, Mike Pence también, pero él es demasiado pobre como para que importe). Pero no, Trump lo rechazó, porque se preocupa por nosotros.

Y, ¿quién sabe?, podría salirle bien. Se le ha subestimado una y otra vez. Solo quiero recordar que hubo un barco muy famoso cuyo nombre se inspiró en los dioses poderosos de la mitología griega.

Se llamaba "Titanic".

Este artículo fue publicado originalmente en 'The World Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.

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