Ignacio Martínez Mendizábal

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En qué se diferencian un elefante y una aspirina

Publicado: 21/06/2012 10:01

Es un hecho muy frecuente en clase el que los alumnos se inhiban de contestar ante cuestiones aparentemente obvias. En los muchos años que llevo dando clase en Institutos de Enseñanza Secundaria, primero, y en la Universidad, después, todavía no he conseguido que ninguno me responda a la pregunta de qué diferencias encuentran entre un elefante y una aspirina.

La pregunta tiene su intríngulis pues la formulo en el contexto de clases prácticas en las que se enseña a distinguir unos organismos de otros. En esas clases, la atención se centra en caracteres anatómicos que no son fáciles de apreciar o comparar sin una adecuada explicación. Pero centrar la explicación en los detalles más enrevesados conlleva el daño colateral de no fijarse en las cuestiones más obvias. Y ser capaz de percibir lo evidente hizo grande a Sherlock Holmes y permitió al Dr. Hannibal Lecter poner en las manos de Clarice Starling al psicópata conocido como Búfalo Bill en la secuencia más memorable de la memorable película El silencio de los corderos. Y como no quiero que mis alumnos sean menos perspicaces que tan esclarecidos caballeros, intento llamar su atención hacia la observación de las diferencias evidentes entre los organismos. Para ello, suelo levantar en cada mano un ejemplar de especies de muy diferentes tamaños y les pregunto: "¿En qué se diferencian?" Año tras año, el silencio, acompañado de una súbita e irresistible necesidad de consultar algo en sus apuntes, ha sido siempre la respuesta.

Entonces, no puedo resistir la tentación de hacerle la broma del elefante y la aspirina y les pregunto si saben en qué se diferencian. Y cuando el silencio vuelve a atronar el aula les sonrío con malicia y les recomiendo que no vayan nunca solos (ni solas) a una farmacia.

¿A qué se debe esa reticencia de los alumnos a contestar preguntas obvias?

Otro enigma relacionado con el anterior es la enorme dificultad que entraña percibir lo que es evidente y la gran facilidad que tenemos las personas para elaborar explicaciones muy complejas frente a hechos que son muy sencillos. Eso es lo que les ocurre al jefe de Clarice Starling, Jack Crawford, y a ella misma impidiéndoles resolver un caso del que disponían de todos los datos, mientras que el malvado Lecter lo resuelve sin salir de su celda.

La observación cuidadosa de los fenómenos naturales debería habernos llevado desde hace miles de años a la conclusión de que se repiten de la misma manera siempre que se dan las mismas condiciones... y que los rayos solamente caen del cielo cuando hay nubes de tormenta. La ciencia se basa en el hecho de que la Naturaleza no tiene propósito, que carece de psicología y que siempre que se den las mismas condiciones se producirán los mismos fenómenos. Sin embargo, esta idea ha estado ausente durante la mayor parte de la historia de la humanidad y su lugar lo ha ocupado una deliciosa pléyade de conjeturas sobre las intenciones y relaciones personales de un sinfín de diosas y dioses, mayores y menores.

¿A qué se debe esa tendencia de la mente humana a no reparar en lo obvio?

El cerebro humano, con su enorme tamaño, no parece que haya evolucionado para resolver problemas relacionados con lo que podríamos llamar "Ciencias Naturales". Es cierto que gracias a nuestra gran inteligencia hemos sido capaces de desarrollar respuestas tecnológicas que nos han permitido poblar todo el globo, iluminar la noche, surcar los cielos y hasta alcanzar la superficie de la Luna. Pero también lo es que ya teníamos ese enorme cerebro mucho antes de que lo aplicásemos a ello. No, nuestro gran cerebro no es una computadora para resolver problemas relacionados con la Física, la Química, la Geología o la Biología, aunque nos faculta para hacerlo; nuestra enorme masa de neuronas es más bien un ordenador para resolver problemas psicológicos del tipo de "qué quiere decir mi pareja cuando está de morros y me contesta que no le pasa nada" o "a ver cómo consigo que esta persona haga lo que yo quiero que haga".

Por eso, durante milenios, nuestro cerebro intentó comprender la Naturaleza de la mejor manera que conoce: convirtiendo los fenómenos naturales en problemas psicológicos relacionados con la voluntad de seres sobrenaturales pero cuyos intereses y deseos resultaban sospechosamente humanos. Nos ha costado mucho tiempo llegar a comprender que la Naturaleza no tiene psicología y solo desde entonces la hemos empezado a entender.

Quizá sea esa la causa de que los alumnos no respondan a preguntas del tipo de la diferencia entre las aspirinas y los elefantes y se quedan mudos como corderitos. Porque su computadora de resolver problemas psicológicos les alerta: "Calla, que seguro que lo pregunta para que respondas lo obvio y ponerte en ridículo con otra explicación". Tal vez sea también por eso por lo que en clase les preocupa más adivinar las intenciones de su profesor (¿entrará en el examen?) que entender sus explicaciones. Y quizá sea por ese mismo motivo por lo que los profesores tengamos una cierta tendencia a descolgarnos con preguntas inesperadas en los exámenes, porque nuestra computadora psicológica siente repugnancia a ser transparente a los demás. Y así, la dificultad de muchas asignaturas no reside en la complejidad de su materia sino en la de saber qué es lo que hay que hacer para aprobarlas.

Así que, si alguna vez alguien les pregunta cuál es la diferencia entre un elefante y una aspirina, no descarten que se trate de alguien con necesidad de saberlo con exactitud porque está a punto de entrar en una farmacia.

 
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22:01 de 27/06/2012
Otra opción: no quieren destacar entre sus compañeros. La participación en las clases es escasa no sólo por la falta de interés de los alumnos, si no porque esta mal visto ser "el empollón". Responder al profesor con frecuencia hace que les tachen de pelotas o empollones con el consiguiente rechazo social entre sus iguales. Y esto es por decirlo finamente. Lo que me sorprende es que nunca haya ningún alumno que responda en broma o de forma provocadora, que sí son respuestas que obtendrían aprobación del resto hahaha
18:58 de 22/06/2012
Demasiados "quizás" para tanta pretensión científica.
18:19 de 22/06/2012
Entiendo el mensaje que se quiere transmitir, pero el ejemplo es pésimo. La pregunta planteada no tiene una única respuesta puesto que entre ambos objetos existen infinidad de diferencias. De hecho, la búsqueda de diferencias siempre require un contexto (por ejemplo, topológicamente hablando, una taza de café y un donut son idénticos, una aspirina y un elefante son objetos materiales y en ese sentido semejantes y distintos de conceptos abstractos como pesadumbre o banalidad). En mi opinión, este "contexto" es el elemento clave que hace que para Vd. la respuesta sea obvia y para el alumno nó. Le sugiero que ilustre la idea con un ejemplo mejor en próximos cursos.
10:16 de 22/06/2012
En nuestro sistema hay un potente estrato de desconfianza alumno-profesor. El alumno jamás se espera una solución obvia a una pregunta simple. Mil veces se me han quedado callados a la del caballo blanco de Santiago. Esperan la pregunta trampa, la enrevesada o la que exige toda una batería de conocimientos objetivos, por llamarlos de alguna manera. Por definición piensan que el profe va a "pillar" y el alumno debe no ser "pillado" por miedo al suspenso o al ridículo. Por tanto, partiendo de esa desconfianza, ante el elefante y la aspirina, el alumno atento se envuelve en un silencio prudente y, generalmente, despreciativo ("qué chorrada"), como mecanismo de defensa. Al alumno desatento le da exactamente igual porque no ha escuchado la pregunta o le ha rebotado en su escudo anti sistema.
Gracias por el artículo y por sus libros don Ignacio.
09:24 de 22/06/2012
¿Y no se quedarán callados porque se dan cuenta de que es una pregunta completamente idiota?
18:26 de 21/06/2012
Muy bueno el chascarrillo. Vale para engrosar la antología de los de médicos y pacientes, profesores y alumnos, ricos y pobres, listos y tontos... Por cierto ¿En qué nos basamos para saber que una aspirina no es un elefante? http://laotramadamebovary.wordpress.com/
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Manuel F da Costa
mayor de edad
17:55 de 21/06/2012
Desde dentro del mundo de la enseñanza media, puedo decirle que conozco a innumerables, la mayoría, profesores normales, y que enseñan las materias y los conceptos, incluso los transversales, con suficiente claridad y sencillez, a ninguno se le ocurriría hacer esas preguntas y psicoanálisis a los alumnos.

Las respuestas a cosas de esas las tenían muy buenas Tip y Coll. Las entendiamos todos.

Los alumnos en general son mas inteligentes y ocurrentes de lo que parece.
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Manuel F da Costa
mayor de edad
17:44 de 21/06/2012
Es tan obvio como no diferenciar al Sr. Rajoy con un incompetente, a pesar su careta.
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Quim Canals
Jubilerta, afortunado, aunque con pesar. Excatedro
17:34 de 21/06/2012
Quizás la explicación, esté en el hecho que los encargados de transmitir los conocimientos hemos pervertido el sentido de esa transmisión en dos aspectos.
El primero, en resaltar lo "no obvio", lo excepcional, lo anómalo... de ahí que el profesor haga analizar frases de una complejidad absurda. Valga como ejemplo una frase que me hicieron analizar por allá los 60 ¿Cómo como? Como como, como, ¿Cómo? Comiendo. Esta frase la he visto en controles en el siglo XXI. O el problema de los dos trenes que salen en direcciones opuestas a.... y así en todas las áreas de conocimiento.
Adiestramos al alumno para lo excepcional, no para lo obvio. Cada control es un campo de minas. En mi práctica docente he puesto cuestiones absurdas, o resueltas,... han sido los mejores momentos de mi docencia, viendo que eran capaces de resolverlas o "reresolverlas" y las caras de casi todos cuando comentaba la respuesta.
El sistema educativo actual y el pasado han ido acumulando sedimentos contra la obviedad, contra el pensamiento simple, eficiente. Me atrevo a afirmar que se ha primado más la identificación de conocimientos, que desarrollar la capacidad de pensar utilizándolos.
El segundo aspecto, relacionado con el anterior: el objeto de la educación-instrucción, no es el desarrollar las habilidades intelectuales, sino acumular y acumular conocimientos, de relativa utilidad, de caducidad una vez utilizados, en lugar de trabajar la capacidad de pensar, identificar, relacionar, comparar, caracterizar...
De ahí el problema del elefante y la aspirina
Este usuario ha decidido no usar el programa de medallas.
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16:52 de 21/06/2012
Me recuerda al cuento de la carta de Poe, que además, por cierto, me pareció bastante malo.

Lo malo no es no saber reparar en lo obvio sino no saber replantearse aquello que comprendemos por inercia. No contestan porque no sepan la diferencia, sino porque entienden que todos coincidimos en sobreentenderla, aunque todos lo demos por hecho y nos equivoquemos.
16:51 de 21/06/2012
Yo no podría responder a esa pregunta porque no son elementos comparables, y por tanto diferenciarlos es imposible (para mi). Es como si me preguntan que diferencia hay entre un camión y una manzana. Yo no creo que sean respuestas obvias. Mas bieén creo que se quedan en silencio porque no hay respuesta.
16:37 de 21/06/2012
Un artículo muy interesante. Es cierto que muchas veces los alumnos intentamos buscar el "truco" de la pregunta... pero yo creo que el problema es que hay muchos profesores que esperan que te sepas las cosas al dedillo y que luego, de repente, sepas cómo razonar en el examen... si tan importante es saber razonar, cosa con la que no podía estar más de acuerdo porque la información ya está en los libros para consultarla, que nos enseñen todos los días a razonar y no sólo a memorizarse 300 folios para el día del examen. Por no decir que desgraciadamente muchos alumnos hemos tenido malas experiencias por decir lo que pensamos al ridiculizarnos delante de toda la clase. En conclusión, creo que hay cierta tendencia entre los profesores de privarnos de expresar nuestra opinión y poder aprender de nuestros errores sin necesidad de humillarnos.
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Jesús Martínez Álvarez
15:07 de 21/06/2012
Enhorabuena me gusto el artículo, lo simple y lo obvio es más probable que lo enrevesado, pero huimos de dar esa respuesta o presentar esas conclusiones porque pareceremos simplistas. Pero la ciencia hay que explicarla con ejemplos bobos, con conclusiones de andar por casa, solo así llegará a todas partes. El endiosamiento de algunos y la utilización de jerga solo empobrece. Gracias.
20:20 de 21/06/2012
"Gusto" y ambos "solo", están huérfanos de acento ortográfico. "Sólo" se acentúa cuando se puede cambiar por "solamente" y se hace porque no es lo mismo decir: "Deme un café solo", que decir, "Sólo deme un café". Del mismo modo que no es lo mismo "La pérdida de su madre", que "La perdida de su madre". Si sirve de algo la aclaración, incluyo que: Nadie nació enseñado. Saludos.
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Jesús Martínez Álvarez
20:34 de 21/06/2012
Muy bien, así me gusta, que estéis atentos. ¿Del contenido algo que decir? Ah, no.
12:50 de 21/06/2012
Profe, está claro: La aspirina me quita los dolores de cabeza mientras que el elefante me da dolores de cabeza.
Firmado: Juan Carlos

Vale, vale perdon por el mal chiste, me equivoqué, no volvera a ocurrir, snif, snif, buaaaaaaajajajajaja
11:38 de 21/06/2012
Muy buena lección. Saludos