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El gráfico que explica el Brexit y el auge de Trump

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Hace unos tres años escribí en este blog que el auge de la xenofobia en Europa no iba por fortuna acompañado de un auge apreciable del discurso proteccionista y casualmente el anterior post fue escrito apenas unos días antes de que David Cameron convocara un referéndum que acaba de poner en cuestión el orden en que Europa y el mundo occidental se han estado construyendo durante los últimos setenta años.

Porque los estragos del brexit no van a ser tanto los efectos a corto plazo que algunos economistas aseguran que vamos a empezar a sentir inmediatamente, sino el posible punto de inflexión en el avance de la globalización que la salida del Reino Unido supone y, sobre todo, el peligro para la propia existencia del Reino Unido en el plazo de unos cinco años.

Desafortunadamente, no solamente el brexit es ya real, sino que Donald Trump es candidato a las elecciones presidenciales en Estados Unidos aupado por unas propuestas que conjugan igualmente la xenofobia y el proteccionismo. ¿Qué ha ocurrido?

Branko Milanovic, economista del Banco Mundial, publicó un gráfico que sintetiza tanto sus trabajos como la evolución de la economía mundial en los últimos treinta años. El gráfico en cuestión nos cuenta una historia fundamentalmente de éxito, pero de un éxito desigual, que ha beneficiado mucho al grueso de población del planeta situada en los percentiles 10 a 70 (con un crecimiento de sus ingresos medios superior al 50 por ciento), así como al famoso 1 por ciento. Sin embargo ha beneficiado muy poco al decil más pobre y aún menos al segmento de habitantes del planeta con rentas alrededor del 80 por ciento superior, que se corresponden a las empobrecidas clases medias de los países ricos que votaron el brexit, a Marine Le Pen y se disponen a votar en noviembre a Donald Trump.

Para que la UE no sucumba al nacionalismo es importante que haya una mejor gobernanza y mayor transparencia democrática, como se ha apuntado, pero es fundamental que haya un movimiento de oposición dentro de la misma que proponga reformarla en vez de mutilarla.

Hasta hace muy poco, el malestar en la globalización era patrimonio de una parte de la izquierda, mientras que la derecha defendía en bloque los beneficios del libre comercio. La verdad es que no había buenas razones para que fuera así fuera. El tránsito de muchos países (y más concretamente de China) de la miseria a la zona de ingresos medios es un hecho de trascendencia histórica innegable, el mayor desde la caída del Muro de Berlín, un éxito innegable del capitalismo que cierta izquierda se empeña en negar y la derecha no se ha molestado en reivindicar convenientemente.

El futuro se antoja interesante. El entusiasmo de la derecha con respecto al libre comercio va muy probablemente a mitigarse para no perder votos con respecto a los nacionalistas que pretenden revertir las políticas que han permitido el progreso de los pasados treinta años. Y es posible -y creo que sería la reacción deseable- que la izquierda vuelva a ser decididamente internacionalista como respuesta a la deriva de la derecha nacionalista. Ahora bien, es también previsible que la izquierda ponga un mayor acento en la armonización en las normativas laborales entre países que en la apertura de los mercados, algo que podría dar un impulso positivo al proceso de globalización.

Y para que la UE no sucumba al nacionalismo es importante que haya una mejor gobernanza y mayor transparencia democrática, como se ha apuntado, pero es fundamental que haya un movimiento de oposición dentro de la misma que proponga reformarla en vez de mutilarla. Hoy por hoy, lo más parecido a dicho movimiento es el DiEM25, liderado por el carismático Yanis Varoufakis, a quien desde este blog le deseo mucha suerte en su nueva aventura.