Ignacio Oliveras

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Fabra, Welles y la amistad

Publicado: 28/07/2012 10:06

El pasado 17 de julio El Huffington Post dio una de esas noticias que le dan a uno que pensar: por fin un avión aterrizó en el aeropuerto de Castellón. No lo hizo sin embargo sobre la pista de aterrizaje construida a tal efecto, sino sobre un mamotreto llamado El hombre avión, obra del artista Juan Ripollés en honor a su amiguete Carlos Fabra, la cabeza pensante de la que salió la brillante idea del aeropuerto y padre de la diputada Andrea Fabra, muy celebrada últimamente en las redes sociales.

La cabeza en cuestión me hizo pensar en otra escultura, de dimensiones mucho más modestas y que se encuentra en Neuchâtel, Suiza, cerca de la plaza de la estación. Hace poco más de un año yo vivía aun por ahí y cuando iba de camino a la estación (allí no tienen aeropuerto) me cruzaba con el busto de un señor elegante y de contundente bigote decimonónico, siglo en el que según la inscripción grabada bajo la estatua había vivido la mayor parte de su existencia el simpático caballero. Si me permito el epíteto simpático para referirme a esta persona de la que lo ignoro casi todo es porque la inscripción iba acompañada de la rúbrica Ses amis, es decir, de sus amigos. Y ojo, si el busto lo sufragaron de su bolsillo sus amigos después de que el homenajeado hubiese muerto, cabe esperar razonablemente que se tratara de auténticos amigos y no de amiguetes.

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Estatua de Robert Comtesse en Neuchâtel, Suiza. Foto: IGNACIO OLIVERAS.


Después de pasar junto a la estatua unas cuantas veces, anoté el nombre en la inscripción: Robert Comtesse, e hice la correspondiente búsqueda en Wikipedia con la vana esperanza de que se tratara de algún escritor de talento cuya fama apenas había traspasado la frontera del cantón, posibilidad nada descabellada dado que los suizos son naturalmente modestos. Me quedé un pelín decepcionado por lo tanto al constatar que se trataba de un político, y además de derechas como casi todos en aquel país. No se trataba de un oscuro político local, sino de todo un consejero federal -nuestro referente más próximo sería un ministro- que durante más de doce años ocupó carteras como interior o finanzas y al que se considera uno de los arquitectos del Banco Central Suizo.

El contraste entre una y otra estatua me dio que pensar, como no, en la enorme distancia que nos separa de Suiza, y en que esta distancia no es geográfica, ya que Barcelona está más lejos de A Coruña que de Neuchâtel. Orson Welles, un enamorado de España -hasta el punto que sus restos reposan en el fondo de un pozo de la finca del torero Antonio Ordóñez- lo expuso mejor que nadie en la famosa escena de la noria de El tercer hombre. En ella, el personaje interpretado por Joseph Cotten, un honesto escritor de novelas de cowboys baratas, se desplaza a la Viena de la posguerra tras aprender la noticia de la muerte de su mejor amigo de la infancia. Una vez allí, para su gran asombro constata que su amigo Harry, interpretado por Orson Welles, no solamente ha fingido su muerte sino que además se ha convertido en un corrupto contrabandista de penicilina adulterada aprovechando la escasez de la posguerra. He encontrado en You Tube la escena completa; los impacientes pueden pasar de largo los cinco primeros minutos para ir directos al diálogo que refiero pero recomiendo ver la secuencia completa. Claro está, dirán algunos, aunque los Borgia eran valencianos Welles habla de Italia y no de España, y desde luego Ripollés no es Miguel Ángel, e hilando fino, el reloj de cuco es típico de Baviera y no de Suiza, pero a veces la mentira del gran arte es mucho más elocuente que la verdad de la buena.

En Suiza los políticos a menudo no cobran, sobretodo a nivel local. Lo mismo ocurre con muchos cuerpos de bomberos, formados casi exclusivamente por voluntarios. Los políticos allí tienen casi sin excepción un pasado profesional destacado, que cuando dejan la política retoman por regla general, o compaginan su profesión con la política si no hay incompatibilidades y su agenda se lo permite. Es decir, a menudo el teniente de alcalde de un pueblo es al mismo tiempo maestro en el instituto local o el farmacéutico del pueblo. Aunque sé que en muchos pueblos de España se viven situaciones de este tipo, eran hasta hoy demasiados los alcaldes que cobran más que un ministro como explicaba José Antich en un reciente editorial de La Vanguardia.

De todas formas, lo que es realmente indignante, no nos equivoquemos, no es que un ministro cobre casi 70.000 euros. En Suiza, un país con menos de la sexta parte de la población española un consejero federal cobra casi cinco veces esa suma. Tampoco nos deberíamos llevar las manos a la cabeza por los 300.000 euros de la estatua de Ripollés, o nos arriesgamos a que los árboles nos impidan ver el bosque. Lo realmente indignante es que se gasten más de 150 millones en un aeropuerto que seguramente se enmarca en una turbia operación urbanística y que los responsables del desaguisado sean reelegidos sistemáticamente. No creo que sea el caso, pero a veces uno no puede evitar pensar que tenemos exactamente lo que nos merecemos.

 

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01:43 de 29/07/2012
Estoy de acuerdo en que tenemos lo que nos merecemos y que a mi juicio nos falta madurez democrática para enterarnos de que lo que pasa es en gran parte porque lo elegimos así. Creo que es una herencia más del franquismo, pensar que los políticos no tienen nada que ver con nosotros.
En cuanto a Suiza, aunque tiene mi respeto y tenemos mucho que aprender, no hay que olvidar que su fuerza viene de su condición de paraiso fiscal y de dar cobijo a gente como Fabra y muchos incluso peores (que los hay)
15:47 de 28/07/2012
Continuación

Sería mucho más inteligente que las carteras en las administraciones locales estuvieran llevadas por funcionarios, capacitados para su gestión y con plaza fija, indiferente de los partidos que salgan en las elecciones y salidos de unas oposiciones. Según las características de la administración de que se trate y con unos sueldos de tarifa.

Y los políticos que salen de las urnas solo supervisan las actuaciones de estos funcionarios, para que obligar que sus actuaciones sigan los objetivos del programa del político elegido. Para esta supervisión bastan una horas semanales, con lo que no tiene por qué cobrar un sueldo, como mucho algunos gastos, que serían pagados por otro funcionario, el cual como la cague se va a la calle.

Con este esquema el qué ejecuta no tiene poder de decisión, y sí es responsable de sus actos. Puede quedarse sin trabajo o ir a la cárcel, serán las responsabilidades de un funcionario.

El que tiene poder de decisión, el político elegido, no tiene capacidad para ejecutar. Con lo que no puede realizar proyectos decabellados, para ganar imagen, colocar primos o cobrar comisiones, sin ser responsables de sus acto.

Esto no hará ninguna gracia a los políticos en activos o los que han decidido por hacer una carrera política, pero si la deberíamos tener en cuenta la población restante.

No soy funcionario ni tengo ningún funcionario en el ámbito familiar.
15:46 de 28/07/2012
"En Suiza los políticos a menudo no cobran, sobretodo a nivel local."

UNA PROPUESTA A ANALIZAR.
Cuando en las elecciones locales se deben repartir las carteras, resulta que hay carteras con más peso que otras y el reparto se hace con consideraciones políticas, como es lógico pues las elecciones han sido políticas, pero no se hacen con valoraciones de capacidad del que le ha tocado.

Cuando se termina con desafortunadas inversiones o actuaciones, se le puede juzgas políticamente en las próximas elecciones, pero la persona nunca puede ser juzgada desde un punto de vista profesional (porque no lo es), ni se le puede perseguir judicialmente, en la mayoría de los casos.

- Considerando que los políticos son personas con conocimientos políticos y mentalidad de servicio.
- Considerando que estos no tienen por qué estar capacitados para GESTIONAR una determinada cartera.
- Considerando que hay funcionarios con conocimientos de las leyes y capacitados para llevar una determinada cartera.
- Considerando que estos funcionarios si pueden ser responsables de sus actuaciones y resultados.

Continua....
14:59 de 28/07/2012
Realmente TENEMOS LO QUE NOS MERECEMOS. Pero esto no es del todo cierto, pues de las corruptelas de esto señores de aeropuerto no nos podemos defender los habitantes de otros lugares, donde estos señores no se presentan. El problema concreto de estos políticos super afortunados en las loterías, con mucha prepotencia y que nos desprecian con un "que se jodan", está en manos de una población localmente cercana a ellos, que se creen que ellos también se han beneficiado. Están muy equivocados y el tiempo se lo mostrará cuando les pase factura a ellos y sus descendientes.