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Necesitamos más periodistas de clase trabajadora

26/11/2015 07:09 CET | Actualizado 25/11/2016 11:12 CET
PhotoAlto/Antoine Arraou via Getty Images

El periodismo está cambiando. Teniendo en cuenta que la era de la tecnología genera, en teoría, nuevas técnicas periodísticas, la gente debería poder hacerse oír cada vez más. Sin embargo, hay un área del periodismo que parece no estar cambiando: el número de jóvenes de clase trabajadora que acaba haciéndose un hueco en este mundillo.

En 2012, un estudio llevado a cabo por el National Council for the Training of Journalists de Reino Unido desvelaba que solo el 3% de los nuevos periodistas provenía de familias en las que los progenitores tenían un trabajo "no especializado". En contraposición con esa cifra, un 65% de los nuevos profesionales de la industria procede de familias en las que los padres tienen puestos de directivos.

Estas estadísticas señalan una preocupante falta de jóvenes de clase trabajadora en el mundo del periodismo y que la industria va camino de convertirse en una profesión limitada a los privilegiados. Sin embargo, si la causante de estas estadísticas es una industria que se supone que ahora es más democrática que nunca, ¿qué es lo que ha hecho que el periodismo contemporáneo llegue a estas alarmantes cifras?

El primer obstáculo que se me pasa por la cabeza es la situación financiera de los periodistas jóvenes, que se ve muy influenciada por el grupo socioeconómico al que pertenecen sus padres. Esto puede afectar enormemente a los aspirantes -de clase trabajadora- a periodistas, ya que el hecho de que sientan que se les etiqueta como no aptos para la profesión con la que quieren ganarse la vida es desalentador y frustrante.

Como el periodismo es un mundo en el que se necesita tener experiencia, la gran mayoría de plumillas invierten tiempo en ser becarios. Sin embargo, hacer prácticas supone un desafío para los periodistas de clase trabajadora, ya que muchas empresas no ofrecen prácticas remuneradas.

Para los estudiantes de periodismo como yo, la perspectiva de unas prácticas no remuneradas es preocupante, ya que mi situación financiera probablemente me impedirá ganar experiencia en el mundo del periodismo, lo que reducirá las probabilidades de obtener un puesto permanente.

El análisis que llevó a cabo la escuela de verano Sutton Trust solo consigue alimentar mi preocupación. Según este análisis, los jóvenes que realizaban seis meses de prácticas no remuneradas en Londres se veían obligados a afrontar unos gastos de 6081 libras (unos 8700 euros) sin ningún tipo de ayuda. En el caso de los periodistas que realizaban seis meses de prácticas no remuneradas fuera de Londres, los gastos eran algo menores, pero ascendían a las 5087 libras (unos 7300 euros).

Este factor evita automáticamente que ciertos individuos -incluso de las áreas que son conocidas por su alta proporción de población de clase trabajadora- ganen experiencia, mientras que los jóvenes con un nivel socioeconómico más alto podrán afrontar dichos costes sin problemas.

El hecho de que los jóvenes de clase trabajadora que quieren llegar a ser periodistas se vean obligados a renunciar a hacer unas prácticas cruciales para su futuro solo por su nivel socioeconómico es un error de base. Resumiendo: la desigualdad entre clases reina en una industria que se vanagloria de sacar a la luz las injusticias.

Por supuesto que hay otras opciones para lograr hacerse un hueco en el mundo del periodismo ahora que los que quieren dedicarse a escribir estudian carreras de humanidades en la universidad. Es el camino que yo decidí tomar, ya que me parecía la única manera económicamente viable de entrar en esta industria, a pesar de que estudiar esa carrera me costara 27000 libras (unos 38500 euros).

Aunque a veces reciben críticas, las carreras de humanidades enseñan habilidades y conocimientos cruciales para la industria del periodismo. Sin embargo, como muchas no están acreditadas por el National Council for the Training of Journalists, los estudiantes de periodismo pueden graduarse en posición de desventaja con respecto a los que obtuvieron la acreditación mientras estudiaban. Para los periodistas de clase trabajadora, esto puede ser otro obstáculo, ya que los costes adicionales superan las 700 libras (casi 1000 euros).

En la propia página web del National Council for the Training of Journalists se afirma que "el periodismo del siglo XXI está lleno de oportunidades". Resulta contradictorio que una organización que concede acreditaciones cruciales dentro de la industria del periodismo esté descartando a la gente de clase trabajadora y al mismo tiempo se esté jactando de dar muchas oportunidades.

Si los estudiantes siguen un camino alternativo, siempre tendrán la opción de empezar un posgrado. Sin embargo, igual que los cursos del National Council for the Training of Journalists, los posgrados son caros, ya que la financiación que reciben los universitarios durante los años de la carrera no tiene por qué ser transferible. Esto significa que a las 27000 libras anteriores que sumaban los gastos de la carrera hay que añadirles otras 9000 (casi 13000 euros) de gastos de posgrado.

Estas pruebas demuestran que -al menos en Reino Unido- es caro hacerse un hueco en la industria del periodismo. Eso de labrarte una carrera en un periódico local ya ha pasado a la historia, ya que los periodistas jóvenes tienen que hacer frente a años de deudas para conseguir las certificaciones y experiencia básicas, que luego pueden no ser suficientes para las empresas del sector.

A lo largo de mi experiencia universitaria personal, he visto a muchos estudiantes de clase obrera con un gran potencial para el periodismo. Pero es extremadamente importante que estos aspirantes no se queden atrás por su nivel socioeconómico.

Todos sabemos que el periodismo es una herramienta de denuncia, pero es cuestión de tiempo que la industria se centre en su propio problema, un problema que, irónicamente, tiene delante de las narices. Si se aborda este asunto, por fin habrá una plataforma en la que puedan expresarse una mayor variedad de voces y que dará lugar a una industria más democrática.

Este post fue publicado originalmente en la edición británica de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero

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