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El innecesario gesto de Peña Nieto

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Foto: EFE

Decía un veterano amigo periodista que "la cobardía molesta cuando es innecesaria". Supongo que así debe de ser. Ante lo obligado y lo que da miedo uno debe ser indulgente. No parece que haya que serlo ante el más grave error político del mandato del presidente de México, cometido ayer. Era innecesaria la visita y era innecesario fallar en un acto, a cambio de nada, a 122 millones de mexicanos que se han sentido en este último año constantemente humillados por el tipo al que se ha invitado a tomar café.

Invitar a un candidato a la presidencia de otro país, Donald Trump, que ha basado su campaña en insultar a tu pueblo parece discutible. Hacerlo sin un plan y lanzarte a su lado al ruedo de un acto público que incluye fotos y taquígrafos es, en el mejor de los juicios, temerario y poco planificado.

Por la mañana, tras conocerse la sorprendente visita de Trump a México, periodistas y analistas políticos divagábamos sobre las previsibles disculpas, más o menos contundentes, que haría el neoyorquino al pueblo mexicano. Parecía algo lógico que si Peña Nieto, presidente mexicano, le invitaba a su residencia oficial habría un acuerdo ya pactado de fin de hostilidades.

La ganancia sería que Peña Nieto, en el momento más bajo de popularidad de su mandato y a unas horas de rendir su cuarto informe de Gobierno, demostraba ser un estadista capaz de negociar y hacer rectificar al fanfarrón Trump; y Trump, al que las encuestas no le sonríen tampoco y genera desconfianza entre su electorado por ser una bomba inflamable en política internacional, mostraba también que tiene cintura para llegar a acuerdos.

Peña Nieto parece haberse dado un tiro en la sien sin necesidad alguna.

¿Por qué pensábamos muchos eso? Porque parece absurdo, por innecesario, que uno meta en su casa, le ponga un café y le ceda un micro al hombre que más ha insultado al pueblo que tú representas sin haber pactado que habría un comunicado firmado por ambos en el que se dice que lo dicho no es tan dicho y que si fue dicho pues no debió haber sido dicho del todo. Una forma de tener puentes y enjuagar compromisos en política.

Sin embargo, la rueda de prensa de ambos dejó sorprendentemente un perdedor y un triunfador. Peña Nieto parece haberse dado un tiro en la sien sin necesidad alguna. Deja que Trump se haga la foto, se pone a su lado y escucha del magnate neoyorquino que el muro sigue adelante.

No hay disculpa, no hay un mínimo perdón por haber llamado a los mexicanos delincuentes y violadores, por permitir que en sus mítines de campaña hubiera una parodia previa que hacía las delicias de sus seguidores en las que un actor que interpretaba a Trump dejaba KO con sus puños a muchos mexicanos, por proponer levantar un muro que no necesita mayor explicación de lo que supone como acto humillante...

Pero en la perfecta jugada que es complicada entender, a veces da la sensación de que el presidente mexicano corre demasiado sin saber realmente dónde quiere ir. Además, se la juegas a tu aliado, al menos en la coyuntura actual, demócrata. ¿Qué pensará ahora Hillary? Invitas al tipo que te ataca, al enemigo dual, y dices cosas como "busca el bien común" y legitimas su candidatura: "Llegaremos a acuerdos por el bien de ambos". Es decir, no se preocupen, que con Trump también saldrá todo bien. ¿Y ahora qué pensarán los demócratas?

¿Por qué no esperar a que fuera presidente, ya que hoy es un simple candidato que va por debajo en las encuestas?

Porque para justificar la invitación, Peña Nieto puede esgrimir que es un aliado preferente económico y político, que lo es, con el que las relaciones son obligatorias. Pero entonces, ¿por qué no esperar a que te llame él cuando toque? ¿Por qué no esperar a que fuera presidente, ya que hoy es un simple candidato que va por debajo en las encuestas? ¿Por qué lanzar un balón de oxígeno y ofrecer equidistancia ante quien no te la está dando? En política, saber esperar es un arte.

Los demócratas no han amenazado con deportar a millones de mexicanos ni con parar las remesas, más de 28.000 millones de dólares anuales, claves para México; con levantar un muro que te señala como enfermo contagioso... Hay otra frase hecha que puede ayudar en este entuerto: ¿No es muy injusto igualar a dos no iguales? Una cosa es mostrar respeto diplomático y no entrar en el proceso de elección de otro país y otra entrar justo equivocándote de bando. No es que Hillary sea buena, que no tiene ni por qué gustarte, es que Trump es malo para tus intereses.

Hay movimientos en política exterior donde hay que tragar saliva y sapos si es necesario. Ese es justo el problema, que ayer México tragó un sapo cuando era aún totalmente innecesario. Quizá la intención era buena, el presidente mexicano buscaba tender puentes, pero no parece que fuera el tiempo ni la forma. ¿Quién ganó con este extraño encuentro? Ganó Trump, seguro, y perdió México.