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La Guerra de El Salvador (III): "Mi hijo (14 años) dejó una carta de despedida, sabía que lo iban a matar"

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Iglesia El Rosario, San Salvador. Foto: Javier Brandolí

Esta entrevista se hizo en un lugar escondido de la capital. No quieren que se ponga su nombre real ni aparecer en las fotos. Tienen pánico a que los reconozcan y maten al resto de su familia

Su hijo dejó una carta de despedida a su profesora y compañeros de escuela; sabía que lo iban a ejecutar. No quiso entrar en la pandilla y lo asesinaron a balazos una semana después sus "amigos" del barrio.

Esta es la entrevista, sin cortes y literal, de Antonio y Margarita (nombres ficticios), una pareja de salvadoreños de 47 y 41 años. Las respuestas son simples y desgarradoras. A ella, la madre, se le caen las lágrimas por la cara, en total silencio, mientras narra o escucha de su pareja lo ocurrido.

Lean el paso a paso de este círculo cabrón de cientos de miles de personas que un día no tienen otra opción que saltar una valla o hundirse en un océano. Lean en detalle cómo comienza y termina todo.

¿Qué les ocurrió?

A: Dentro de este pequeño país hay un montón de situaciones que a nosotros nos ha tocado vivir. La verdad es que yo a estas alturas estoy viendo qué se descompuso, la armonía que se rompió. Se han dado un sinfín de problemas.

¿Vivían ustedes en una zona complicada?

A: En Quezaltepeque todo es complicado. El pueblo está dividido por la calle 3 de mayo, a un lado son de uno y al otro son de otro. Nosotros estábamos del lado de la 18. Vivíamos tranquilos hasta que vimos que al vecino, vecina, le habían sucedido cosas. Siente uno, pero no es lo mismo. Uno está siempre pensando que quiera Dios que a nosotros no nos vaya a pasar. Y claro, se dio el caso.

¿Cuántos hijos tienen?

M: Los hijos son míos, tengo tres. Él era el pequeño.

-¿Cómo sobrevivían?

M: Yo tenía trabajo y a raíz de eso nos hemos quedado sin trabajo por tener que irnos de donde vivíamos. Los dos trabajábamos.

-¿Cuándo cambió la situación y se perdió esa armonía de la que hablan?

A: Realmente siempre fue así, pero hasta que no nos tocó a nosotros hacíamos como los suizos, no iba con nosotros. El problema nuestro se comenzó a dar en marzo. Comenzaron los problemas, lo comenzaron a amenazar. Él era muy reservado. Uno le miraba preocupado, pero él no compartía que era lo que le molestaba. De manera que nosotros le preguntábamos y él no comentaba nada.

-¿Qué edad tenía él?

M: 14 años cumplió el 9 de enero. Estudiaba cuarto grado.

-Creo que colaboraba con una asociación médica.

M: Con los Comandos de Salvamento (una especie de ONG que atiende todo tipo de urgencia médica en el país).

-¿Por qué lo hacía?

M: Estaba en clases de primeros auxilios. Él hacía turnos de 24 horas e iba tres veces por semana. Llegó a atender a gente en la calle. Él tenía ese altruismo por ayudar sin ánimo de lucro.

-¿Llegó a atender a gente del barrio, a pandilleros?

A: Sí, en alguna ocasión lo habrá hecho porque él salía a accidentes de tráfico. Él era una persona que participaba en la banda de paz de la escuela, iba a la iglesia cristiana.

-¿Tenía amigos que estaban en las pandillas?

A: Sí

-¿Cuándo y cómo empiezan los problemas?

A: Nosotros lo notamos porque era alegre y a partir de marzo cambió. Me dijo que sentía miedo. Yo antes observé que él se quedaba pensando y yo sentía que pasaba algo. Yo le preguntaba, ¿te pasa algo, estás enamorado? Y él me decía que no. "Cuéntame , tenerme confianza". Y él no me decía nada y me preguntaba sólo si yo conocía a ciertas personas.. Pero realmente nunca me dijo que estaba amenazado.

-¿Qué le pedían?

A: Que entrara en la pandilla y él dijo que no y supongo que sino entraba, en fin... El pasó una semana que no quiso salir. De ahí un día me dijo a mí que lo llevara a la escuela y lo fuera a traer. Y ahí me dijo, "no voy a andar con miedo, voy a asistir a la escuela". La última semana de escuela él hizo una carta de despedida, sabía que lo iban a matar. Me imagino que le habían puesto fecha.

Hizo una carta de despedida, sabía que lo iban a matar. Me imagino que le habían puesto fecha.


-¿Dejó una carta de despedida?

A: Se la dio a la profesora. Él decía que pasaran todos sus compañeros, que estuvieran bien y realmente en una semana pasó todo, a principios de abril.

-¿La profesora se la dio a ustedes después de que él murió?

A: Sí, después nos dijo que él le mandó una carta de despedida.

-¿Qué decía la carta?

A: Prácticamente agradecía a la profesora que le había enseñado mucho de todo lo que sabía. Llevaba desde 4º grado con ella. Era un niño que era bien diferente a lo común en el país. Un niño de 8 años hoy en una colonia escucha la música alusiva de ellos y anda hablando palabras malas que no entienden. Él no era así, era muy diferente. Callado y reservado.

-¿Saben quién mató a su hijo?

A: Yo sí, sí lo sé.

-¿Eran personas de su entorno?

A: Sí, conocidos de nosotros. Alguna vez compartió, habló y tuvo conocimiento con ellos de la amistad.

-¿Fue al salir de la escuela?

A: No, fue un domingo. Tenía que ir a ensayar para el 15 de septiembre por la mañana y luego tenía un curso con los hermanos de salvamento. Fue allí como a las doce. Llegó a pedirle comida a ella donde trabajaba de cocinera.

M: Sí, fue a por el almuerzo y a tomarse una soda iba cuando entraron los dos.

-¿Eran dos personas?

A: Sí, tapadas las caras

M: Cuando se tapan las caras es que son conocidos. Había tres compañeros, sólo lo vio uno que estaba con él en la entrada. Estaban parqueados enfrente. Entraron, preguntaron si él era, dijeron el nombre de él, y él les dijo que sí y le comenzaron a disparar.
Entraron, preguntaron si él era, dijeron el nombre de él, y él les dijo que sí y le comenzaron a disparar.


-Si saben quienes son, ¿han denunciado o por miedo no han podido hacerlo?

A y M: No.

-¿Por qué, la Policía está metida?

A: No está metida, ¿o si? Podría estar metida, ellos manejan información y conocen los perfiles de la gente que está en los problemas. La situación está tan tremenda en el país que ellos tienen miedo a esta clase de gente. Ellos cuando salen de descanso no salen del local donde están. No salen de ahí porque los tienen miedo. Ellos intercambian información de personas que conocen con ellos por algún, qué sé yo...

-¿Decidieron entonces que era mejor no decir nada antes de poner en riesgo al resto de su familia?

M: La demás familia. Tengo un hijo de 21 y una de 19.

A: Aparte de la demás familia. Cuando fuimos al día siguiente del entierro a la escuela, la profesora nos dijo que por favor no denunciáramos nada. Ahora ella está también amenazada, dentro de la escuela que él iba había chicos mareros.

-Después debieron salir de donde vivían por miedo.

A y M: Sí

-¿Han tenido amenazas?

A: Al principio amenazan y llegaron a matar a otra persona conocida. A raíz de eso tuvimos que salir de allí.

-Era gente de la 18, de su barrio, que presumen de que ellos no tocan a su gente...

A: Eso dicen, pero no. A raíz de la ley excepcional no hay control de los jefes que están adentro hacía fuera y los que están afuera hacen lo que quieren, sin miedo.

-¿La casa que dejaron era suya?

M: No, alquilada. Hemos perdido nuestros trabajos y nos hemos ido lejos por miedo. Nos hemos ido con la hija y mi nieta. Mi hijo de 19 años se ha quedado allí.

-¿Qué ayudas les han dado?

M: Por tres meses la Iglesia luterana nos da 100 dólares, que por cierto el mes que viene se acaba. Y sin trabajo, la situación está difícil.

-¿Qué cuesta el alquiler de su casa?

M: 150 dólares. Casi todo lo que teníamos lo hemos vendido para poder pagar algunas cosas.

Si vos denunciáis queda la familia. Si no sois vos, tu familia me lo va a pagar.


-¿Tienen una sensación de impotencia e injusticia? ¿Qué piden?

A: Lo más sano para nosotros es salir del país. Haciendo justicia nada se arregla. Si vos denunciáis queda la familia. Si no sois vos, tu familia me lo va a pagar. Que se haga justicia es mentira.

-¿Dónde quieren ir?

A: Yo con salir de El Salvador, donde sea. Él era bien especial, me llamaba a la sensatez a mí que era viejo. Ahora que él no está, algo se ha roto entre nosotros, hay un vacío. Él nos unía. Lo más sano es salir. Uno no puede andar libremente. Ellos están al tanto de todo.

-¿Ellos son los que controlan e imponen la ley en las colonias?

A: Ellos son. El Gobierno los está combatiendo porque saben que tienen el control territorial. Las patrullas pasan, pero ellos se mantienen en el puesto. Ellos dejan postes en cada esquina, sentados y están viendo. Ellos tienen control exacto. Quezaltepeque era un pueblo lindo pero la paz que había allí se acabó. Yo sentía cuando llegué que era una zona segura.

-¿Tienen miedo de que si denuncian y salen en un medio de comunicación corren riesgo?

A: Eso estábamos pensando, que de ellos hay gente que lo va a ver. Yo he trabajado en discotecas de seguridad y miraba el modo operandi de los policías. Cuando agarran a uno lo dejan en la zona de otro. Cuando ellos consideran que uno es una amenaza desaparece. Hace poco desapareció uno de un penal y todos sospechan de la policía.

-Es decir, son víctimas de la violencia que no pueden denunciar que son víctimas de la violencia.

A: Tenemos miedo de la misma policía. Ellos pueden decir a donde vive uno.

Tenemos miedo de la misma policía. Ellos pueden decir a donde vive uno.

-¿No confían nada en la Policía?

M: No, nada. No van a hacer nada porque les tienen miedo. Hasta la fecha nos hicieron ir a la delegación, que no tuviéramos miedo... El trabajo de ellos es investigar. ¿Hace cuánto que nos hablaron? Un mes. No, más...

-¿Sin otros dos hijos se hubieran atrevido a denunciar?

A: Prácticamente sí, él era un niño, no ha vivido nada. Yo estoy viejo. Es como repetir los tiempos de la guerra. En la guerra le hacían lo que fuera y uno se quedaba callado porque era el mismo estado represivo el que le desaparecía. Hoy no, una parte de la Policía tiene miedo y la otra parte es que ellos tienen el control. Para mí es 50 a 50.

-¿Sienten que están como en los tiempos de la guerra?

A: Sí, sólo que es una guerra de baja intensidad y no declarada. Si usted ve las noticias, ellos se agarran con los policías como una guerra convencional, con armas largas y de frente a frente.

Ellos se agarran con los policías como una guerra convencional, con armas largas y de frente a frente.

-Saben que muchos salvadoreños viven inmigrando ilegalmente a Estados Unidos, ¿estarían dispuestos a hacerlo?

A y M: Sí

-¿Están pensando en hacerlo sabiendo todos los riesgos que conlleva toparse con coyotes, mafias, secuestros...?

A y M: Sí

-¿Conocen personas que lo han hecho o están pensando en hacerlo?

A: En El Salvador la situación es tener 500 dólares, hay gente que se va con 50 dólares. Con 500 dólares uno tiene la seguridad de que llega al DF. A mí me gustaría irme. Sí me gustaría irme, pero así tampoco, es involucrarse con el bajo mundo en ese camino para allá. Yo intenté y tengo una idea. Por aquel tiempo era light comparado a como dicen que está ahora. Los mismos coyotes los traen con los grupos paramilitares que hay en México, prostitución, trata de blancas. A todo uno se expone.

Los mismos coyotes los traen con los grupos paramilitares que hay en México, prostitución, trata de blancas. A todo uno se expone.

-¿Cómo lo intentó?

A: Yo no pasé a Estados Unidos. Hoy todo es dinero. Si uno tiene el pelo parado dicen "este es centroamericano", a este le vamos a pedir dinero. Si uno rompe la armonía de la gente alrededor con pelo parado y una estatura de 160, "este trae dinero". Me detuvieron en Tuxtla.

-¿Usted también está dispuesta a salir como fuera?

M: Sí

-¿Cómo viven sus hijos?

M: Él se quedó a vivir allí. No sale, está encerrado. Donde nosotros estamos no podemos estar todos juntos, es demasiado pequeño. Vivimos tres y una bebé de dos años y sólo tenemos una cama. Un cuartito chiquito, no hay espacio. Yo estaba pensando en irme, aquí no se puede. Quiero ir para Estados Unidos, tenemos amigos que nos ayudarían.

Puedes leer aquí la primera y la segunda parte de este reportaje