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El dilema de Carmelo Anthony

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Carmelo Anthony nació en Brooklyn -aunque se mudó con ocho años junto a su familia a Baltimore- y siempre soñó ser como Bernard King, su ídolo de la infancia. Por eso eligió la Universidad de Siracusa, en Nueva York, como paso previo a su aterrizaje en la NBA. Tras siete temporadas y media en los Denver Nuggets, dejó la fría Colorado y se marchó a la ciudad que nunca duerme, donde los focos son susceptibles de iluminar a cualquier aspirante a estrella. Firmó por el conjunto con el que siempre anheló jugar: los Knicks.

Ocurre que este año, con la misma base del curso pasado, el equipo no encuentra la química, la defensa es inexistente, las derrotas se acumulan y sus compañeros están poniendo a prueba su paciencia porque los playoffs están lejos y a partir de que finalice la temporada, el alma de los Knicks -quien hace unas semanas batió el récord de anotación de la franquicia con 62 puntos- será libre para decidir su futuro.

Anthony ha disputados los playoffs de la NBA (las eliminatorias por el título) todas las temporadas de su carrera (10) -tres de las cuales con la franquicia más glamurosa del mundo-. En su primera experiencia como jugador knickerbocker cayó en primera ronda ante los Boston Celtics; el año siguiente ante los Miami Heat y la temporada pasada alcanzó las semifinales de Conferencia, siendo superado por los Indiana Pacers.

Melo ya ha dicho que no le importa el dinero, que su prioridad -a estas alturas de su carrera, con 29 años- es ganar -o al menos pelear por ello-. Y Nueva York no es el sitio idóneo -acorde a la historia, solo dos anillos, en los años 1970 y 1973- para lograr un campeonato. Su mente está en los Knicks, el equipo de su infancia, el que lleva en el corazón, con el que ansía la gloria eterna plasmada en un título, pero el hemisferio izquierdo del cerebro le dicta otra cosa: que abandone una franquicia errática, perdedora, si quiere ganar. Meses por delante para ver quién tiene más poder en la decisión de Carmelo: ¿se impondrán las vísceras al cerebro o mandará la lógica del raciocinio sobre el corazón?

El máximo anotador de la temporada 2012-2013 dará prioridad a los Knicks, como así ha afirmado en reiteradas ocasiones. Pedirá refuerzos de garantía con los que competir en igualdad de condiciones contra los gallos del Este mientas le llueven ofertas desde cualquier lugar del país; ya se ha hablado de los Bulls, Lakers o Clippers. Si fue traumática para Cleveland o Minnesota la marcha de Lebron James (2010) y Kevin Garnett (2008), respectivamente, en busca de un anillo de campeón, la pérdida del icono de la franquicia más pomposa de la NBA puede dejar una huella imborrable en la capital del mundo.

Los neoyorkinos rezan para que renueve y juegue en el Madison Square Garden otros cinco años más, pero sus seguidores y amigos como Lebron James o Dwyane Wade quieren verle en un equipo ganador, comptiendo en cada encuentro, como se vio en los Juegos Olímpicos, donde fue el jugador más destacado del Dream Team; o en el reciente All Star Game.

Se avecina un verano convulso, o sea movidito, en Nueva York.