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España vence y convence con su fútbol de salón

La Roja encarrila su clasificación para el Mundial de Rusia 2018 tras golear a Italia (3-0) con dos goles de Isco y otro de Morata.

02/09/2017 23:02 CEST | Actualizado 03/09/2017 18:03 CEST

España e Italia se midieron en el Bernabéu en un choque trascendental para los intereses de ambos combinados. El ganador certificaría, si se cumple la lógica y ambos ganan los cuatro partidos restantes, su billete para el Mundial de Rusia 2018.

La Roja salió mandona, como revelaba y dejaba palmario su alineación. Lopetegui dejó claras sus intenciones emulando al Barça de Pep en aquella impresionante final del Mundialito de Clubes antes el Santos de Neymar con un 1-4-6-0. Un esquema de juego poco habitual pero eficaz para sorprender a la pertrechada defensa italiana.

Los experimentados centrales transalpinos prefieren tener una referencia a la que marcar y no un nueve mentiroso como fue Asensio, quien como el Guadiana, aparece y desaparece. Chispazos que encandilan a la grada y lagunas en ciertos tramos del juego. Cosas de la edad. Le falta madurar como futbolista, pero si pule ciertos aspectos de su juego terminará rompiendo en un jugador de época, legendario.

Precisamente fue el madridista, la gran atracción de la Selección con tan solo 21 años, quien provocó la falta que originó el primer gol. Un golpeo fabuloso de Isco desde la frontal del área en el minuto 13, en el primer disparo a puerta de España, servía para adelantar a los locales. Una genialidad de un jugador diferencial.

La Roja continuaba intentando encontrar una ranura por la que penetrar mientras Italia aguardaba alguna acción aislada para inquietar a De Gea. Corría el minuto 21 cuando el cancerbero del Manchester United evitó el empate con una mano salvadora al espectacular testarazo de Belotti. La tensión se palpó en todo momento. Los locales se asociaban buscando desarbolar a Italia, que acumulaba amarillas a un ritmo frenético. Las gotas de buen fútbol pasaban por Koke, Busquets, Silva e Iniesta, con Isco y Asensio buscando las cosquillas de los fornidos Barzagli y Bonucci, bien escoltados por el resto del equipo. Pocas selecciones hay más disciplinadas que la italiana. Eso sí, poco que hacer si enfrente está la inspiración de Isco. Más vertical y goleador que nunca.

Al filo del descanso el malagueño recibió en la frontal, amagó con la pierna derecha, se perfiló hacia su zurda y soltó un golpeo ajustado a la base del palo de Buffon. Con viento a favor, España se echó la siesta y especuló buscando potenciar las virtudes de los malabaristas Isco y Asensio.

Por su parte, la selección de Ventura intentó desperezarse poco a poco e Insigne, desde la frontal, probó los reflejos de De Gea. Quedaba toda la segunda mitad por delante y ese tanto habría cambiado la dinámica del envite. Ahora bien, la competitividad genética de los italianos fue igualando el encuentro. Esta Italia, más tibia pero igual de laboriosa que de costumbre, es menos fiera porque carece de los indómitos delanteros de antaño: Paolo Rossi, Roberto Baggio, Christian Vieri, Luca Toni o Pippo Inzaghi. Les cuesta un mundo hacer gol y el combinado de Lopetegui no es de las selecciones que invitan a ello. Ramos y Piqué, silbado por gran parte del público, dejaron sus diferencias a un lado por el bien común y se marcaron un partido excelso. Immobile y Belotti apenas inquietaron a la zaga española salvo alguna jugada a balón parado. Más problemas les causaron las incursiones de Candreva y los recursos de barrio de Insigne. Ingredientes insuficientes para poner en aprietos a una España que puso la guinda con un gol de Morata en una contra llevada fenomenalmente por Sergio Ramos. Una actuación solemne, sobria y eficiente de cara a gol.