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5 motivos que explican por qué no es una buena idea escribir un libro

19/11/2017 10:51 CET | Actualizado 19/11/2017 11:25 CET

Photo by Krosseel at Morguefile.com

"No me gusta escribir."

Esta ha sido, con diferencia, la frase más comentada de mi cuarto libro. Está en la página 233, en una especie de epílogo que suelo escribir relatando cómo ha sido mi experiencia con cada uno de ellos. No deja de llamarme la atención que lo que más a menudo se comenta sea una frase que no tiene nada que ver con su contenido. Sobre todo, porque fue una obra complicada de ingeniar y de escribir.

Acabo de publicar mi quinto libro, y sigo pensando lo mismo: no me gusta escribir, porque cuesta un gran esfuerzo. Supongo que es algo que todos los que nos dedicamos a ello sabemos, aunque en mi caso he ido dándome cuenta progresivamente, a base de muchos errores y algún que otro acierto. Sin embargo, cuando empecé no sabía lo que realmente implica el proyecto de un libro. Y precisamente por eso escribo esto: para que quien lo lea tenga algo más de información de la que yo tenía cuando inicié esta aventura.

Escribir un libro no es trasladar una serie de ideas a un documento

La idea básica es que escribir un libro no es trasladar una serie de ideas a un documento. Escribir tiene que ver, entre otras cosas, con buscar ángulos, construir audiencias y evitar espejismos. Aquí van algunas ideas en relación a ello:

1. Escribimos para que la gente lea nuestros libros. Es sin duda admirable querer escribir por tener algo que expresar, porque uno siente que es el momento vital para ello, o bien para condensar muchos años de experiencia vivida en un solo volumen. Si esos deseos se saciaran al ver el libro finalizado no pasaría nada. Sin embargo, la gran mayoría de los escritores quieren que sus libros se vendan y se lean. A ser posible, por mucha gente. En un país en el que se llegan a publicar más de 80.000 libros al año, ese minúsculo detalle lo cambia todo.

2. La clave está en el ángulo. Muchos libros se escriben como vasos comunicantes, moviendo las ideas de un sitio a otro, simplemente ordenándolas de una manera diferente, aunque sigan siendo básicamente las mismas. Sin embargo, lo que esperan los que leen es encontrar una mirada diferente, una voz única, algo que les ayude a ver la realidad de una manera distinta. Yo creo que lo más importante a la hora de escribir un libro no es la amplitud ni la profundidad, sino más bien el ángulo de aproximación.

3. No confundir techo con suelo. Muchos autores invierten meses o años dando vueltas a las ideas y plasmándolas en sucesivos borradores hasta que la obra está terminada, como si hubieran puesto el techo a una casa. Sin embargo, el mayor problema de crear un libro no es escribirlo, sino construir la audiencia. En muchos casos, subidos al techo de esa casa, no se divisa ninguna persona a la que invitar a ella. Y es entonces cuando ha de comenzar la labor realmente difícil, que es edificar una comunidad: un conjunto de personas a quienes esas ideas interesan.

Si alguien escribe sus primeras 50.000 palabras en una obra esperando que sean buenas, es altamente probable que se equivoque

4. Ojo con los espejismos. Puede sonar muy romántico auto-editar un libro electrónico, subirlo a Internet y soñar con que millares de personas lo van a comprar. Sin embargo, para que un libro se venda bien, es necesario que haya lectores, miles de ellos, buscando un libro con esa temática. Y que estén dispuestos a comprarlo. Y eso es muy difícil. Por eso, si no se hace un esfuerzo importante y constante por promocionarlo, es muy probable que se quede en el círculo de amigos y familiares.

5. Escribir es, fundamentalmente, cuestión de experiencia, no de talento. Supongamos que un libro de tamaño medio tiene aproximadamente unas 50.000 palabras. Si alguien escribe sus primeras 50.000 palabras en una obra, esperando que sean buenas, es altamente probable que se equivoque. De la misma manera que alguien que pinta su primer cuadro confiando en que se convierta en una obra inmortal, o que alguien componga su primera canción esperando que llegue al número uno de las listas de éxitos.

Por todos estos motivos, escribir un libro, sin más, no es una buena idea. Salvo que quien lo haga se dé por satisfecho simplemente viéndolo acabado. Si por el contrario el destino de ese libro es ser leído por muchas personas, habrá que practicar mucho, acertar con el ángulo, construir la audiencia y, sobre todo, empeñarse en su difusión. Cabe preguntarse por qué alguien querría meterse en una aventura así, a pesar de todo. Pero eso es otra historia.

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