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Orgullo LGTB: La alegría de reivindicar

04/07/2015 10:32 CEST | Actualizado 04/07/2016 11:12 CEST
EFE

Corrían los últimos años 80 y yo era un joven recién salido del armario con muchas ganas de quitarme las polillas que todavía encontraba adheridas a la piel. Un día de junio recibí una llamada de mi pareja: "No quedes esta tarde que nos vamos a una manifestación del Orgullo Gay". Recuerdo la emoción de esa frase como si fuera ayer. Allí nos plantamos, sin saber ni quién la organizaba, ni qué consecuencias nos podía acarrear. No seríamos más de cincuenta o sesenta personas, recorriendo un trayecto de menos de trescientos metros con todos los miedos dentro del cuerpo. Pero la emoción y la alegría de estar en la calle, de ocuparla y de realizar el acto político de visibilizarnos en público fueron indescriptibles.

Desde entonces, no he faltado a ninguna manifestación del Orgullo en Madrid. Algunas muy minoritarias, con gente alrededor pasmada ante la ocurrencia extravagante de las y los manifestantes, poco a poco con algo más de asistencia y un poco más de recorrido. A mediados de los 90 aparecieron las primeras carrozas, y esto supuso un salto cualitativo. La manifestación ya convocaba a algunos millares de airados, aunque felices, LGTBs. La unión de organizaciones, comerciantes comprometidos y ciudadanía espontánea empezaba a tomar fuerza.

Pero el gran salto, que multiplicó por veinte la asistencia de un año para otro, fue cuando desde COGAM y la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB, por entonces con un nombre con menos letras, menos inclusivo), tuvieron la clarividencia política y estratégica, en el año 2000, de llevar a cabo una convocatoria estatal que sirviera de muro de contención, de protesta masiva, contra el Gobierno intolerante y retrógrado del PP de Aznar.

La decisión de FELGTB y COGAM de convertir la manifestación del Orgullo y sus fiestas en una reivindicación de carácter estatal propició el salto cualitativo que ha permitido al Orgullo de Madrid y de España convertirse en el gran éxito y gran altavoz de las demandas del colectivo LGTB que es hoy en día.

El hecho de que tanto FELGTB como COGAM, de la mano y contra viento y marea, hayan perseverado en la organización de la manifestación del Orgullo también ha permitido que su contenido político no se haya visto mermado, como ha sucedido en buena parte del mundo, donde la manifestación ha pasado a convertirse en desfile organizado por empresas privadas.

Y no es que esos modelos de desfile-cabalgatas carezcan de poder reivindicativo, puesto que la visibilidad de la diversidad sigue siendo, en cualquier caso, un acto político. Pero lo que diferencia a nuestro Orgullo es que el activismo organizado es el que sigue controlando el mensaje. Así, cada año, hemos priorizado una demanda clave para la igualdad: la defensa del Matrimonio Igualitario, la necesidad de la visibilidad de las lesbianas, los derechos transexuales, unas escuelas sin armarios o, ahora, unas leyes por la igualdad real. Hacemos política porque lo personal es político pero, además, porque, como organizaciones, establecemos estrategias para hacer avanzar la opinión social y las posturas de los poderes públicos.

Nuestro modelo de Orgullo, el que combina la reivindicación explícita y la protesta, en ocasiones airada, con la fiesta multitudinaria es un patrimonio a proteger. Manifestación festiva y fiestas (en buena parte también reivindicativas y culturales) deben caminar juntas compartiendo estructura e ilusión. Este modelo de Orgullo ha resistido y se ha expandido frente a unos poderes públicos a los que había que hacer frente y que, lejos de verlo como una oportunidad de mostrar la riqueza de la diversidad lo entendieron como una amenaza. Porque, en realidad, era una amenaza, y muy grande, para esa ideología que nos ha relegado durante tanto tiempo a un espacio de ciudadanía de segunda.

¿O es que acaso el Orgullo no fue determinante a la hora de conseguir el Matrimonio Igualitario o la Ley de Identidad de Género? ¿Es que el Orgullo no va a ser nuestro mayor y más potente amplificador de la necesidad de unas leyes que remuevan obstáculos para que la igualdad legal se convierta en igualdad real?

Ahora, en estos tiempos que nos han traído diferentes aires políticos, confiamos que los nuevos representantes del pueblo entiendan que este Orgullo es patrimonio de toda la ciudadanía madrileña y española. Un evento nacido de la imperiosa necesidad de la gente de mostrarse y celebrarse como lo que somos, una sociedad multicolor, del arco iris. Por eso, esperamos apoyo institucional, que no control, para dar cauce a una expresión social original, sin precedentes, con características propias que la hacen única. Esperamos que entiendan que las normativas han de hacerse para las personas y sus variables formas de expresión, y no a la inversa, obligando a la gente a encajar en unas estructuras preconfiguradas, ortopédicas y coercitivas.

Hay que sumar nuevas voces al Orgullo, hay que generar más espacios, expandirlo geográficamente y acercarlo a mayores sectores sociales. Sumar, siempre sumar, como decía nuestro querido Pedro Zerolo. Siempre desde la necesidad de seguir mejorando un modelo que nos ha reportado tantos beneficios.

Si se entiende así y remamos todas en una misma dirección, el éxito del Orgullo de Madrid y de España es imparable. Se convertirá, más aún si cabe, en una de las señas de identidad de una ciudad y un país generosos, abiertos, hospitalarios e inclusivos con toda la diversidad.

Para terminar, Feliz Orgullo LGTB y Leyes por la Igualdad Real ¡Ya!

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