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Los Hijos del Sol o la lógica del racismo

11/03/2017 19:22 CET | Actualizado 25/03/2017 10:04 CET

Luego de la espectacular victoria en los comicios generales, el partido de los Hijos del Sol decidió clonar a los tres líderes principales para recuperar la pureza de la raza superior amenazada por la diversidad.

Al tiempo que sus hijos iban creciendo y multiplicando las generaciones de los Padres refundadores, se procedió a la expulsión de todos aquellos invasores de rostros lejanos, mucho de los cuales los ancestros de los Hijos del Sol habían encontrado al llegar a la Tierra prometida. También se expulsó a un quinto de los descendientes de los Padres refundadores por sus rasgos africanos, un cuarto por no ser suficientemente blancos y la mitad por no alcanzar el promedio de coeficiente intelectual esperado.

Este esfuerzo histórico dio finalmente sus resultados. La raza fue depurada a imagen y semejanza de los tres Padres refundadores.

Cada grupo, cada subgrupo, cada individuo no pudo dejar de odiarse unos a otros por sus diferencias. Eso heredaron todos de los Padres fundadores: el odio a los otros.

No obstante, pocas generaciones tomó para que la nueva sociedad advirtiese diferencias notables entre los tres grupos: al igual que los Tres Padres, todos tenían más o menos la misma piel blanca. Al igual que los Tres Padres, unos poseían el pelo rojizo, otros ojos celestes y otros marrones, casi negros.

Poco tiempo después ocurrió lo inevitable: cada grupo reclamó el derecho de poseer la tierra, la verdad de Dios y la verdad de los hombres debido a una de estas diferencias que conformaban razas incompatibles e irreconciliables. Las diferencias llevaron a una guerra de cinco años que diezmó la población y puso la existencia del planeta en riesgo.

Cada grupo, cada subgrupo, cada individuo no pudo dejar de odiarse unos a otros por sus diferencias, porque eso era, precisamente, lo que habían heredado todos de los originales Padres fundadores. El odio a los otros.