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Peugeot 208 GTi y la importancia del equilibrio

Publicado: 21/04/2013 10:25

Hubo un tiempo, no hace tantos años, en que las siglas que acompañaban al nombre de las distintas versiones de un modelo de coche tenían un significado concreto. Así, GT significaba Gran Turismo y nos decía que era una versión más potente; GL se utilizaba para las versiones Gran Lujo de un mismo modelo; la letra S quería decir que se trataba de una versión Sport; la letra I (o la E en los coches alemanes) definían la inyección... y un largo etcétera. Hoy estas letras tienen escaso significado y las denominaciones obedecen a estrategias de márketing o a decisiones más o menos confesables de las marcas.

La popularización de las siglas GTi se inicia en 1976 cuando aparece el Golf GTi. No puedo afirmar rotundamente que fuese el primer coche en utilizar estas siglas, pero sí que fue quien dotó de carácter propio a un modelo como el Golf, que había aparecido dos años antes. Aquella versión GTi, con una de las primeras inyecciónes electrónicas aplicadas en un coche del segmento compacto (tanto que hay que apuntarle a Boch), se convirtió en muy pocos meses en un emblema. Una versión que se diferenciaba de las más populares, con un motor de prestaciones muy serias, casi deportivas, pero que podía ser conducido por cualquier usuario sin sobresaltos. Primero con el motor 1.600 y caja de cambios de velocidades y posteriormente con motores 1.800 y caja de cambios de cinco velocidades, el Golf GTi fue el sueño de millones de automovilistas.

A la sombra de su éxito aparecieron otras versiones deportivas de coches compactos: el Opel Kadett GSi, Citroën Visa GT, Renault 5 GT, Ford Escort RS... coches de casi todas las marcas con motores en el entorno de los 125 caballos de potencia y suspensiones adaptadas a una utilización más extrema. Con modificaciones más o menos importantes, casi todos ellos tuvieron su papel en competición con mayor o menor fortuna.

En 1985 aparece en el mercado el Peugeot 205 GTi. Dos años antes Peugeot había lanzado el 205, con muchos de los elementos mecánicos de una marca que había comprado unos años antes: Simca; y que le permitió adquirir el know-how de la tracción delantera para aplicarlo primero en el 104 y posteriormente en el 205. El 205 marca el punto de inflexión de la veterana marca francesa que poco a poco y gracias a su fusión con Citroën, alcanza el liderazgo del mercado francés, desbancando a Renault, y se afianza como segundo fabricante europeo. Puede decirse, sin error a equivocación, que este éxito se soporta en el modelo 205; y a su vez, el 205 se apoya en los beneficios que le otorga su versión GTi.

Y este éxito, como el del Golf GTi, no obedece a unas prestaciones excepcionales, ni a un precio competitivo, ni a unas cualidades mecánicas superiores a las de sus rivales. Gozando de prestaciones, mecánica y precio, lo que determinó el éxito del 205 GTi fue sin duda su equilibrio.

Aquel primer 205 GTi de 1.600 centímetros cúbicos era toda una delicia de conducir. Suave y confortable cuando se conducía con moderación; seguro y eficaz cuando se le exigía. Siempre noble y con un aplomo sobre el asfalto que invitaba a disfrutar a su volante.

De este equilibrio no podían presumir otros modelos competidores. La mayoría de los fabricantes optaron por ofrecer las máximas prestaciones, sacrificando el confort o la facilidad de conducción. Modelos como el Renault 5 GT Turbo o el Opel Kadett GSi en sus versiones más potentes, eran coches destinados a una utilización radical, en la que un error se pagaba con un susto. Incluso el Peugeot 205 GTi de segunda generación, con el motor de 1.900 centímetros cúbicos lanzado dos años más tarde, perdió gran parte de su equilibrio inicial para competir con esos rivales más radicales, que una parte de los compradores demandaba. Perdió el mayor de sus encantos.

Este largo preámbulo viene a cuento porque Peugeot acaba de presentar la versión GTi de su 208. De los 207 y 206 aparecidos en estos 20 años transcurridos se han presentado versiones deportivas, más o menos potentes y equipadas, pero en ningún caso algo tan equilibrado como el añorado 205.


Tenía por tanto interés en conocer el 208 GTi que presentaba Peugeot en un entorno que, a priori podía indicarnos que se trata de otra versión radical, ya que la llevó a cabo por parte del recorrido del Rallye de Montecarlo, en los Alpes Marítimos.

Los coches son como los novios: para conocerlos a fondo hay que convivir con ellos en todas las circunstancias. No vale una aventura de fin de semana, aunque puede ser muy significativa. Y esta primera toma de contacto con el 208 GTi lo fue. Algo más de 200 kilómetros por las enrevesadas carreteras de los Alpes (magníficamente cuidadas) permiten descubrir que esta versión recupera el equilibrio de los coches de alta capacidad dinámica, confort, nobleza de comportamiento y seguridad perceptiva.

Los 200 caballos de potencia se notan. Pero a pesar de ser un motor de gasolina y turbo, la potencia se entrega de manera progresiva. El escalonamiento de las marchas está pensado para una utilización muy poco deportiva; la del usuario de todos los días que tiene que ir a trabajar y no quiere saber nada de relaciones cerradas. Los frenos son más que suficientes incluso para una utilización intensa en las bajadas de los cols cuyos nombres nos recuerdan las gestas ciclistas. Y la dirección, con un volante pequeño y achatado por la parte inferior, con buena precisión y tacto. Como habrá que ponerle algún pero, digamos que los consumos han sido, en estas circunstancias, más elevados de lo esperado... pero en estas versiones, consumir 10 litros donde otros coches consumen 8 no se puede considerar un hándicap. Sus características técnicas las pueden ver aquí.

Insistimos en que hace falta más tiempo para conocer a fondo un coche tan marcadamente personal. Conducirlo en un atasco de regreso de puente con el aire acondicionado a tope; o llevarlo al hiper y ver si cabe bien la compra quincenal... pero esta primera impresión nos ha recordado los muchos momentos pasados disfrutando de aquel querido 205 GTi de hace casi 30 años. Un buen augurio.

 

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