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La transformación digital puede llevarte por delante si no te preparas

22/03/2017 16:04 CET | Actualizado 28/03/2017 07:24 CEST

Primero vio caer los videoclubs, no le importó, él no era uno de ellos. Y compraba sus dvds en los manteros. Luego vio cerrar los quioscos de su barrio. Le importó un poco, por si un día quería comprar algo, ¡qué incomodidad, no podría comprar sus chicles!, ya hacía años que no compraba un periódico. La farmacia de su barrio no vio más sentido a abrir 24 horas, la parafarmacia se compra por Internet, hay más competencia en el barrio, se ha contraído estos años la demanda. Y nada es como solía ser.

También, vio a su amiga librera quejarse durante años, con indiferencia miró para otro lado y para sus adentros pensaba: no espabilaste. ¿Quién lee? ¿qué lee quién lee? ¿dónde lee lo que lee el que lee? Le siguen pasando de vez en cuando un pendrive con miles de novelas.

Observó indicios, ató cabos poco a poco, algo estaba pasando. Olía a tormenta, tanto, que se acostumbró al aroma a tierra mojada, intenso olor, casi irritante, que envuelve la atmósfera después de una tormenta eléctrica como fue la crisis, se vio unido al hedor a cadáver que dejó a su paso. Y es que todos hemos visto a gente o a empresas caer: bajar, a veces, despeñarse, otras. Tenemos cerca zombis sociales, con los cuarenta muy avanzados o los cincuenta y tantos, tantas personas que han visto hundirse la vida que se habían labrado en la feliz década 1995-2005.

Y en su opinión, es el principio. El eco de la tormenta que no ha cesado y con intermitencia relampaguea a lo lejos, indicio de algo más grande. Ya se visulumbran, y él los ve, los nubarrones que indican un cambio de tiempos. Siempre escampa, lo que no sabemos es cuándo. Quizá muchos no lo veamos.

Hay fuentes que afirman que prevén un gran incremento del paro. Se nos advierte insistentemente que cerca del 50% de las ocupaciones corren el riesgo de desaparecer antes del año 2030, consecuencia de la Transformación Digital. La OCDE dice que es exagerado, que el impacto será menor. Caminamos hacia un mundo donde se trabajará cada vez más "para" y no "en". Expertos en red trabajarán unos para otros, donde la estabilidad del ingreso será una entelequia y donde no habrá mano de obra intensiva, el talento se contratará por horas.

En términos de demanda, esto tendrá un efecto absolutamente incierto, especialmente en sectores que tradicionalmente hemos denominado "de decisión compleja". ¿Quién y cómo comprará una vivienda?, por ejemplo. Quien decida hacerlo, ¿con qué criterios concederá el banco un préstamo? ¿Cómo evaluará el riesgo de quién no tiene un ingreso, no ya fijo, tampoco estable?

¿Has pensado seriamente si dentro de diez años tendrá sentido lo que haces? ¿Has pensado como afecta a tu vida la transformación digital?

Todo está cambiando, hábitos y valores. Valores y hábitos: costumbres, relaciones, pero también expectativas, motivaciones, ilusiones y deseos.

Creo que el cambio de paradigma, de la posesión al "uso y disfrute" es más bien consecuencia del cambio de valores que la incertidumbre está trayendo, ha traído, al mercado a las personas que, poco a poco, no quieren vivir ahogados por deudas ni responsabilidades crediticias. Quizá los millenials aprendieron más de la crisis que protagonizaron sus padres, que pronto olvidan.

En suma, no sé quién tendrá el dinero para comprar productos y servicios que, por otra parte, por mor de la automatización, serán más baratos, no sé si más asequibles. Se prevé una mayor polarización social, con un 80% de la sociedad precarizada, carne de cañón del low cost. Un 15% de clase media (que domina algún área del saber que aún no saben las computadoras) y el resto, los dueños de las máquinas.

En los próximos dos o tres años vamos a ver el auge de tecnologías que nos dejarán estupefactos: obnubilados al ver el telediario veremos cómo se aproximan tiempos maravillosos. La interacción con las empresas (de quien pueda pagar sus productos y servicios) será más humana gracias a las máquinas. ¡Qué paradoja! Chats y asistentes virtuales se anticiparán a nuestras intenciones, expectativas, motivaciones, conocerán nuestras ilusiones y preverán nuestras frustraciones y objeciones con la empresa gracias a la Inteligencia Artificial. Habrá robots que nos ayudarán en el check in del hotel y en el hospital estarán detrás de un diagnóstico cada vez más certero.

En el móvil, veremos cosas increíbles: apps que calculan tu dieta ideal, se entienden con tu colchón, le compran un regalo a tu madre por su cumpleaños (diciéndote qué han comprado y enviado, lo más adecuado según sus gustos y los tuyos y, por supuesto, en función de tu estado financiero). Ya empezamos a ver prototipos de coches autónomos, neveras conectadas al supermercado y drones que te traen los productos.

Pero es improbable que la impresora 3D pueda reimprimir nuestra vida. No nos importó cuando vimos caer la tienda de barrio, cerrar la tienda de revelado de fotos, ni pensaste demasiado cuando vimos que ya no tienen sentido muchas profesiones. ¿Pero has pensado seriamente si dentro de diez años tendrá sentido lo que haces? ¿Has pensado cómo afecta a tu vida la transformación digital? Como dice nuestro refranero: "Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente". Quizá sigues estando a tiempo de prever cómo te afectará la borrasca del cambio, o quizá sea tarde.