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Sacrificar la audacia después de Vistalegre II

23/02/2017 07:21 CET | Actualizado 23/02/2017 07:21 CET

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Foto: EFE

Vistalegre II ha pasado, por fin, tras una campaña y una Asamblea que bien merecerían autocrítica de una militancia que desee ser sensata. El excesivo ruido de fondo coartó las posibilidades reales de llevar a cabo un proceso de verdadero debate y reflexión colectivas, escenario en el que probablemente, y con independencia de quién hubiera ganado, habríamos acabado con un modelo organizativo menos anclado en los moldes del pasado y sin haber sacrificado uno de los grandes aciertos del diseño del equipo original: una militancia y una participación mucha más líquida e independiente de la organicidad endogámica. La fórmula plebiscitaria acabó implantándose tan bien que todos y todas fuimos víctimas de ello; esperemos que algún día, por nuestro bien colectivo, seamos capaces de separar y exigir la separación de propuestas y dirigentes -sobre todo cuando hablamos no ya de rutas estratégicas, que pudieran llegar a tener más que ver con quién las dirige, sino del modelo organizativo que nos damos, la naturaleza que queremos tener. Y eso es algo suficientemente independiente de las direcciones, que atañe a todos y todas por igual como miembros de Podemos.

No obstante, esto ya queda más o menos atrás (teóricamente) y ahora nos toca poner en marcha el motor tras los ajustes con la forma que le hemos conferido. Y esta forma, no podemos olvidar, es la de una dirección plural, con muchos nombres y posicionamientos distintos, todos con la legitimidad de pertenecer al órgano director, el Consejo Ciudadano Estatal. Sin embargo, y por desgracia, como cabía esperar, no se ha dejado de tener en cuenta el posicionamiento de cada cual en el reparto de responsabilidades. No es que haya que rechazar de pleno el relevo ni que aspirar a anquilosarse en un puesto, pero tampoco esto nos tiene que impedir reflexionar sobre la práctica. Y es que este nuevo Consejo Ciudadano ha apartado de sus tareas a dos miembros que han revalidado su posición en el órgano y que son artífices de algunas de las principales audacias de Podemos hasta hoy.

Jorge Moruno ha sido hasta ahora el responsable de Discurso y Argumentario. De su mano han salido muchos de los discursos de Pablo Iglesias, de aquel Pablo Iglesias brillante como el que nos hizo vibrar a todos y todas en el minuto de oro del 20D. Cabe pensar cuánto del éxito de Pablo no le corresponde en parte a él. También es, por supuesto, responsable del fresco lenguaje político que puso Podemos en juego y que había descolocado por entero el tablero y llevado contra las cuerdas a los viejos actores políticos, obligados a seguir su estela. Ese lenguaje político y discurso agentes del éxito morado gracias a su habilidad para marcar el camino y adelantarse, haciendo a Podemos inatrapable e inclasificable.

Clara Serra ha sido la responsable de convertir a Podemos en una fuerza de indiscutible compromiso feminista -a pesar de las muchas tareas para poder ser un espacio enteramente feminista-, y sin duda si en este segundo Vistalegre se ha sumado la votación de un documento de igualdad es gracias a su trabajo al frente del área. Clara Serra se ha convertido en este tiempo en todo un referente porque no solo ha sido una voz feminista dentro del partido, sino que ha sido capaz de combinar la hipótesis y el ADN de Podemos con el propio feminismo, gestando una nueva perspectiva desde el que entenderlo que amplía y enriquece el movimiento, y que habilita un espacio de encuentro para todos los feminismos alternativos e invita a todas esas mujeres haciendo práctica feminista sin saberlo. Un Feminismo popular con el que salir de la ortodoxia y las facultades de Humanidades para ganar un país.

Ni Jorge Moruno ni Clara Serra seguirán siendo responsables de Discurso y de Igualdad a partir de ahora. Está por ver si primar la lealtad político-personal vale el precio de sacrificar la audacia.