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El día después de que mi mujer y yo nos separásemos...

25/03/2015 07:13 CET | Actualizado 25/05/2015 11:12 CEST

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Fue amor a primera vista; bueno, casi. La primera vez que vi a mi mujer, sentí algo imposible de describir. Tenía 17 años y trabajaba en Burger King. Ella era encargada con 19 años.

Intentaba demostrar a los empleados quién mandaba, así que muchos de los trabajadores no podían soportarla. Empezamos siendo compañeros, pero enseguida nos hicimos amigos; esa amistad se convirtió en algo más. Nos casamos seis meses después de conocernos.

La tasa de éxito de los matrimonios en la actualidad no es muy elevada, y las cifras son más deprimentes en lo que se refiere a matrimonios jóvenes. Nos casamos el día después de que yo cumpliera 18 sin darnos cuenta de lo difícil que sería la vida para nosotros.

La familia y amigos nos dijeron que casarnos tan jóvenes era una mala idea, pero no nos importó. Estábamos enamorados hasta la médula y dispuestos a comernos el mundo juntos.

Los primeros años estuvieron bien. Discutíamos de vez en cuando, pero nada grave. A los 19, monté un negocio que creció rápidamente y empezó a generar beneficios de seis cifras en un año.

Y, sin embargo, no sabía nada de negocios. Así que se me fue de las manos. En abril de 2011, teníamos una deuda de 180.000 dólares (unos 160.000 euros) y estábamos constantemente peleándonos por problemas de dinero.

Después de pasarnos discutiendo la mayor parte de ese comienzo de año, decidimos que era el momento de separarnos, y probablemente de poner fin a nuestro matrimonio. A menudo recuerdo esa conversación y se me llenan los ojos de lágrimas.

El día después de separarnos fue uno de los peores días de mi vida. Despertarme en casa de un amigo y no ver a mi amor durmiendo a mi lado fue insoportable.

Lloré. Grité. Pensé en suicidarme. Pensé que mi vida había terminado y que nuestros hijos acabarían viéndome como yo veía a mi padre después de que se divorciara de mi madre. Los pensamientos de que alguien nuevo entrara en su vida me hacían vomitar.

Hay esperanza

Ese año, en general, fue duro. Estaban los problemas de dinero, nuestros problemas y los 77 kilos de peso que me sobraban. El día después de nuestra separación fue mi toque de atención.

Después de dejarme los ojos llorando todo el día, me desperté el segundo día decidido a cambiar radicalmente mi vida. Costara lo que costara, iba hacer todo lo posible por vivir una vida sin remordimientos.

Me puse las deportivas esa segunda mañana y salí a correr. No pude correr mucho -creí que me estaba dando un ataque al corazón-, pero estaba decidido. Dejé toda la comida basura y empecé una dieta saludable. Intenté llamar a mi mujer para decirle que la quería, pero me saltó el buzón de voz.

Me despertaba cada mañana dispuesto a hacerlo mejor. Me costó muchos días de llantos y cambios antes de ver el progreso. En ese tiempo, mi mujer y yo empezamos a hablar de nuevo. Las conversaciones acabaron en unos cuantos encuentros y nos permitieron volver a conocernos.

El día antes de nuestra cita en los tribunales para oficializar el divorcio, pedimos que se desestimara el caso. Elegimos al amor por encima de nuestro pasado. A día de hoy, llevamos casados 16 increíbles pero duros años. Nos ganamos este matrimonio.

El amor es una decisión

Enamorarse es la parte fácil. Cuando sientes eso por primera vez, la excitación puede hacer que pases por alto cualquier cosa. Cuando se acaba la fase de la luna de miel, la realidad empieza a asentarse.

La cosa es que tú decides cómo quieres que sea la realidad. Un sabio asesor nos dijo que el amor no es un sentimiento; es una decisión. Tú decides amar y seguir enamorado.

Los sentimientos van y vienen, pero cuando te despiertas y decides cumplir tus promesas, estás eligiendo amar. Cuando decides que morirías antes que traicionar a la persona con la que te comprometiste, estás decidiendo amar.

Siempre habrá otra persona guapa que tenga un cuerpo perfecto y destile sensualidad. El césped del vecino siempre te parecerá más verde, sobre todo en momentos duros, pero el amor verdadero es más fuerte que el deseo.

Si estás separado, espero que mantengas viva la esperanza. Si alguien te ha tentado, espero que elijas el amor por encima de la atracción. Si estáis empezando vuestra vida juntos, tomad la decisión de amaros cada segundo del tiempo que paséis en este mundo.

La vida es corta y el tiempo es lo único que nunca vuelve. Puedes llegar al final de tu vida arrepintiéndote por no haber amado o atesorando todo lo que has experimentado. Elige el amor.

Foto: Flickr/ Benurs - Learning and lear

Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano.

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