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Cinco cosas que nunca pensé que les diría a mis hijos

Publicado: Actualizado:
LITTLE CHILDREN
PeopleImages.com via Getty Images
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Si alguien me hubiera preguntado hace 20 años si acabaría casándome y teniendo hijos, probablemente le habría tirado por encima mi baileys con hielo sin querer. Por aquel entonces no tenía muy buenos modales, pero incluso una modelo puede tirarle la copa por encima a alguien con gracia.

Mi madre es británica y siempre se enorgulleció de sus modales y los de su familia. Pero no tardó en darse cuenta de que yo tenía más raíces griegas (de mi padre) que británicas, y que prefería comerme un gyro utilizando únicamente las manos y los dientes antes que tomarme un té con pastas todos los días.

Cuando fui madre me sentí agradecida de que me hubieran enseñado buenos modales y a "actuar como una señorita", pero, desafortunadamente, solo tuve varones. Evidentemente, dicen "por favor" y "gracias". Pero son niños. Desordenados. Sucios. Brutos. Ruidosos.

Los niños traen consigo un montón de cosas interesantes. Me pillan fuera de juego muchas veces, no tiene gracia. En realidad sí que es gracioso. Hay que reírse de las tonterías.

Así que a veces me sorprendo a mí misma diciéndoles cosas que nunca pensé que diría en voz alta. Aquí van cinco ejemplos:

1. No le chupes la cara a tu hermano.

¿Qué fuerza posee a alguien para hacer algo así? Puedo entender que mi hijo confunda la cabeza de su hermano con una piruleta gigante una vez, pero ¿de verdad es necesario que lo haga constantemente?

2. No tires las cosas a la basura.

Todos pensaréis que tirar cosas a la basura es algo normal. Pero se ve que los niños piensan que el cubo de la basura es una nevera, una caja para guardar juguetes y, si eso, también un cubo de la basura. No se dan cuenta de que no van a poder recuperar lo que metan ahí. Nunca. A menos que sea la última bolsa de mis gominolas preferidas. O mi sujetador favorito.

3. Deja de ponerte los pies en la cara.

¿De dónde viene esa obsesión con ponerse los pies en la cara? Mi hijo ya ni siquiera lo hace por hacer la gracia. Le veo hacerlo como si fuera lo más natural, una parte más de su vida cotidiana. A veces incluso intenta hacerlo cuando estamos sentados a la mesa para cenar. No entiendo esa atracción. También es verdad que no lo he probado...

4. No, no quiero ver tus mocos.

¿Qué tienen los mocos que sea tan interesante? Veo que mis hijos se suenan la nariz y luego se enseñan los pañuelos para que vean lo que hay. Es como un concurso en el que gana el más asqueroso. Ellos piensan que es algo genial y luego me pasan el pañuelo a mí para que lo vea. Mi marido parece entender su entusiasmo. Supongo que será una cuestión de género.

5. No, no quiero ver tu caca.

Una vez más, no entiendo el entusiasmo, pero, por lo que parece, para mi hijo mayor es muy importante compartir el tamaño, el olor y el número de boñigas. Cuando entra en ese tipo de detalles a mí me entran ganas de vomitar. Sin embargo, cuando se los cuenta a su padre, lo que hacen es chocar los cinco. Si hubiera sabido yo esto antes de la primera cita... quizá nunca habríamos tenido una primera cita.

Los chicos son increíbles. Son geniales. No los cambiaría por nada del mundo. Les quiero muchísimo. Pero los chicos son chicos. No se sientan erguidos ni juegan a tomar el té. Bueno... algunos sí, pero no es el caso de los míos.

No los verás vestidos de princesa, a menos que no les quede otra opción. Los verás disfrazados de Spiderman y haciendo movimientos de kárate. Los verás empujándose y persiguiéndose.

Anoche asistimos a un evento especial de Disney. Bajé la guardia un segundo y cuando me di cuenta estaban revolcándose por el suelo y tirándose palomitas.

Así es mi vida. Soy madre de dos chicos. Y no la cambiaría por nada.

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Este texto fue publicado originalmente en MomJunky.com, ©2016 Lucee Santini.

Este post fue publicado con anterioridad en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Lara Eleno Romero.