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¿Qué cambiarías del colegio de tu hijo? Ahora es el momento

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Foto: ISTOCK

Aún recuerdo la sensación de vértigo por estas fechas. Estuviera en el colegio o en la universidad, la incertidumbre se repetía. La llegada de calor se mezclaba con los apuntes y las noches en vela para sacar la mejor nota en unos exámenes que se agolpaban en la recta final. ¿Tenía sentido jugárselo todo en poco más de un mes? Parecía una ruleta rusa. Incluso llegué a añorar la época de los controles sorpresa.

No sé cuál es la mejor forma de evaluar, pero tengo claro que un sólo examen no lo es todo, aunque sea importante. Increíblemente, en Infantil también ponen notas. Valoran no menos de cincuenta aspectos que pueden estar en desarrollo, conseguidos o destacados.

Sara está contenta con la forma en que evalúan a su hija Aitana de nueve años. En su colegio de Barcelona tienen en cuenta la evolución en el aprendizaje, desde dónde partía y hasta dónde ha sido capaz de llegar gracias a su esfuerzo y al buen hacer de los profesores. Es una de las revoluciones de la educación, que pasa por hacer efectiva una atención personalizada. Sólo así podemos saber cómo se están desarrollando las capacidades. El concepto de competencias, es decir, la adquisición de distintos conocimientos, llega con la LOE, que sustituyó a las asignaturas curriculares clásicas de las anteriores leyes educativas. Ahora, la LOMCE se propone ocho competencias básicas:

  • Competencia en comunicación lingüística
  • Competencia matemática
  • Competencia en el conocimiento y la interacción en el mundo físico
  • Tratamiento en la información y competencia digital
  • Competencia social y ciudadana
  • Competencia cultural y artística
  • Competencia para aprender a aprender
  • Autonomía e iniciativa personal

Lo recuerda Eva Marina, directora de la Escuela de Padres: "Se trata de que los niños adquieran unas habilidades y conocimientos que van más allá de contenidos tradicionales; eso es lo se tiene que evaluar. El problema es que en la mayoría de los casos no se hace". En su opinión, "continuamos evaluando aspectos puramente académicos".

Lo creamos o no, el asunto es más complejo de lo que parece. Marina explica que distintos investigadores y educadores consideran que el sistema educativo se ha quedado obsoleto ante los desafíos de un futuro incierto, cambiante, complejo y ambiguo. Sostiene que "más allá de que se evalúe bien o mal, puede que no sirva de mucho, ya que los alumnos deberán enfrentarse a las exigencias de la sociedad futura".

Desde la Universidad de Padres creen que toda evaluación deberían seguir los siguientes principios:

  1. Centrarla en el proceso de conocimiento de los niños. Estamos en la sociedad del aprendizaje, y ahí es donde se van a desarrollar personal y profesionalmente.
  2. En medida de lo posible, adaptar los procesos de aprendizaje y su evaluación a las características de cada alumno. Es decir, centrarnos en el niño o el adolescente para potenciar sus fortalezas y sus recursos. Las notas escolares en demasiadas ocasiones no les ayudan a mejorar, ya que suelen remarcar sus incapacidades y sus dificultades. Sobre todo, con niños con necesidades especiales. Deberíamos hacer más hincapié en la evaluación formativa, que se centra más en el nivel de comprensión de la materia y sirve para diseñar experiencias de aprendizaje.
  3. No hay nada más motivador que sentir que progresas. Por lo tanto, es positivo que la evaluación se centre en el progreso del niño y no en los meros resultados.
  4. Evaluación continua real. Lamentablemente, siguen pesando mucho las notas que sacas en los exámenes.
  5. Compartir con los alumnos los criterios de evaluación del aprendizaje. Ellos deben ser los protagonistas de su propia formación.
  6. Valorar aspectos como la creatividad, la resolución de conflictos, la inteligencia emocional e integración en el grupo, la motivación para aprender, la curiosidad y el respeto a los demás. Es decir, lograr que los niños entiendan que el objetivo no son las notas sino el aprendizaje en sí mismo.
  7. No promover mediante las notas la competitividad entre los alumnos.
  8. Tener en cuenta para evaluar las circunstancias del niño fuera de la escuela.
  9. Emplear las preguntas como herramienta de evaluación, no solamente las respuestas. Generar en el aula una cultura del cuestionamiento.

Comparto absolutamente cada una de las ideas que mantiene la Escuela de Padres. Uno de lo problemas del actual sistema es que seguimos demasiado preocupados como padres en si nuestro hijo es capaz de hacer una raíz cuadrada o de sumar o leer antes que el amiguito del parque lo haga. Cada uno tenemos nuestro propio ritmo de aprendizaje. Y hemos de respetarlo. Algo, que probablemente, nunca hayan hecho con nosotros. Fácil, desde luego, no es. Que nunca dejemos de alimentar el ansia de saber cosas de nuestros hijos y que jamás permitamos que un sistema educativo deficitario nos hunda en el derrotismo. Porque todo, con la voluntad adecuada, se puede cambiar. ¿A qué esperas? ¿Qué te gustaría que fuera diferente en el colegio de tu hijo?