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Crisis de refugiados y migrantes: las víctimas ocultas

10/07/2017 07:27 CEST | Actualizado 10/07/2017 07:31 CEST

Unicef
Mariamma tiene 18 años y estudia en la capital de Gambia.

Cuando me enteré de que mi madre había muerto me desplomé en el suelo, histérica, y empecé a chillar hasta que alguien me llevó al hospital. Mi familia había intentado ocultarme la noticia durante todo el día, pero todo el mundo en el recinto lloraba. Finalmente, mi padre me dijo que mi madre se había ahogado en el mar Mediterráneo, cerca de la costa de Libia. El bote en el que iba volcó, y nunca encontraron su cuerpo.

Ni siquiera sabía que estaba tratando de llegar a Italia. Teníamos una relación muy cercana, más de hermanas que de madre e hija. Ella me contaba casi todos sus secretos, pero nunca dijo ni una palabra sobre sus planes de ir a Europa. Creo que papá sí sabía que ella quería irse, pero no trató de pararla. Cuando ella murió él se fue, y ahora vive con mi hermano pequeño.

Mamá ya había tratado de llegar a Italia antes. La primera vez nos dijo que se iba a Senegal, pero a mitad de camino decidió continuar hasta Libia. De alguna manera, sus hermanos la encontraron y la hicieron volver, pero ella se fue de nuevo sin contárselo a nadie. Sabía que yo nunca la habría dejado marchar. Pero esta vez nadie pudo hacerle cambiar de idea, y perdió la vida. No quiero ni pensar lo que tuvo que vivir durante el viaje. El camino es tan peligroso... La gente sufre robos, violaciones, muchos pierden su vida asesinados. Mamá era muy muy valiente. Hizo lo que muchas otras mujeres no podrían hacer, el camino a Agadez y luego a Trípoli ella sola.

Huir es demasiado peligroso. Prefiero quedarme en Gambia y seguir estudiando. Voy bien en el colegio y pronto acabaré mis exámenes. Espero que mi madre esté orgullosa de ver lo fuerte que soy.

Sigo sin comprender por qué lo hizo. Pensaba que ella era feliz conmigo. Era fuerte, tenía determinación. Quizá pensó que en Italia podría ganar mucho dinero para hacerme la vida más fácil. O tal vez quería asegurarse de dar un futuro mejor al bebé que esperaba. Estaba embarazada de tres meses cuando se ahogó en el Mediterráneo. Me destroza pensar que murió porque intentaba ser una madre mejor. Mucha gente aquí en Gambia piensa que la vida en Europa es agradable y fácil, que hay muchos trabajos esperándonos allí. Pero no es verdad. Tres de mis hermanastros sobrevivieron al viaje y lograron llegar a Italia, pero solo uno de ellos está trabajando. Me compró un teléfono y a veces nos manda dinero. No estoy segura de cómo logran sobrevivir los otros dos sin trabajo.

UNICEF/Romenzi
Issa, un niño de 14 años en un centro de detención en Lybia en enero de 2017.

Huir es demasiado peligroso. No quiero hacerlo. Prefiero quedarme en Gambia y seguir estudiando. Voy bien en el colegio y si sigo trabajando duro, pronto acabaré mis exámenes. Espero que mi madre esté orgullosa de ver lo fuerte que soy, incluso sin ella a mi lado. Hace un tiempo me dijo que tengo que coger lo que la vida me lance, sin perder la fe. Fue la última vez que hablamos. Si me quedo aquí y trabajo duro, espero que un día, como me dijo mamá, todo irá bien.

Nota: cada año 12 millones de personas de África Occidental y Central migran. Más de la mitad son niños. El 75% de estos migrantes se quedan en África Subsahariana, y uno de cada cinco intenta llegar a Europa, como la madre de Mariama. Son datos del nuevo informe de UNICEF En busca de oportunidades: voces de niños en tránsito en África Occidental y Central

Fotos: © UNICEF

*Post realizado con la colaboración de Valeria Simcic y Patrick Rose, de UNICEF en África Occidental y Central.

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