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La tercera revolución cubana

20/05/2015 07:02 CEST | Actualizado 19/05/2016 11:12 CEST
YAMIL LAGE via Getty Images
TO GO WITH AFP STORY by Rigoberto Diaz Tourists from the United States sit on an old American car in Havana, on April 6, 2015. With sanctions easing, Cuba is bracing for what could be a surge in visitors that could overwhelm its small tourism industry. Americans are starting to discover Cuba, though from them, travel to the island remains limited for now to persons with Cuban relatives or those visiting in a handful of categories such as for academic, sport, religious or cultural purposes. Washington and Havana have been moving toward normalizing relations after more than 50 years of US economic sanctions and are in talks on reopening embassies. AFP PHOTO / YAMIL LAGE (Photo credit should read YAMIL LAGE/AFP/Getty Images)

Acabo de co-organizar una cumbre empresarial sobre Cuba en el Nasdaq MarketSite, en la neoyorquina Times Square. En la ceremonia de apertura del mercado pronuncié unas palabras de ánimo hacia los emprendedores cubanos, los llamados «cuentapropistas». Lo hice porque la ocasión se prestaba a ello. Después de todo, el Nasdaq es el templo donde se consagran las grandes iniciativas empresariales del momento: Amazon, Apple, Facebook, Google, Netflix, Starbucks, etc. Los asistentes hicimos votos por que en un futuro próximo se produzcan ofertas públicas de empresas cubanas en este mercado.

El horizonte de 2030 en Cuba va a ser muy distinto al actual. La isla podría convertirse en uno de los destinos turísticos más importantes del mundo. España pasó de recibir un puñado de turistas en 1960 a sobrepasar los 20 millones en los años 70 y los 50 millones hace una década. Más de la mitad de la población de Estados Unidos se encuentra a menos de cuatro horas de viaje en avión. Además de los recursos naturales, culinarios y culturales de la isla, Cuba ejerce una fascinación notable entre los norteamericanos por la historia bilateral convulsa y la nostalgia de la edad dorada del turismo de lujo para millonarios y famosos durante los años 50.

Pero Cuba también se convertirá en una potencia en sectores intensivos en conocimiento. La población cubana goza de un nivel educativo relativamente alto. Sectores como la biotecnología y la bioinformática van a florecer en la isla una vez se levante el embargo. También pueden desarrollarse ciertas actividades manufactureras ligeras, como lo han hecho en otras partes del Caribe. Queda también por ver si los numerosos emprendedores cubanos en Florida querrán trasladar al menos parte de sus operaciones para crear empleo y acelerar el dinamismo de la economía de la isla. Sectores como los medios de comunicación y los sectores creativos podrían crecer rápidamente.

Para que este potencial se haga realidad, hacen falta varios cambios. El más fundamental se refiere a las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos. El previsible restablecimiento de relaciones diplomáticas plenas tiene que abrir el camino hacia el levantamiento del embargo, que resulta esencial para permitir la llegada de inversiones. El Gobierno cubano tendrá que abandonar sus prácticas represivas de la oposición política, y además diseñar alguna manera de evitar conflictos sobre los derechos de propiedad de los exiliados. También tendrá Cuba que unificar sus dos monedas, un sistema monetario que amenaza con agrandar las diferencias entre la economía de planificación central, por una parte, y la economía de emprendedores y de sectores orientados al exterior, por la otra.

A nadie le gusta tener que negociar y ceder tras seis décadas de enconado enfrentamiento. Cuba logrará avanzar hacia una economía, una sociedad y un sistema político acorde a los tiempos que corren si todos los actores implicados están dispuestos a reconsiderar sus posiciones con el objetivo de hacer progresos. Cuba podría ser hoy uno de los países más ricos del mundo, un ejemplo para el resto de América Latina. La culpa de su retraso y del sufrimiento de la gente la tienen, en cierta proporcionalidad, la tozudez de los Gobiernos a ambos lados del estrecho de la Florida. Dejando a un lado el caso de Corea del Norte, la situación de Cuba es la más anacrónica del mundo. No pasarán ya muchos años antes de que la isla se convierta nuevamente en la Perla del Caribe, y su capital en el París del Caribe. La tercera revolución cubana se está fraguando en estos momentos. Esperemos que supere en sus resultados a la revolución de la independencia y a la revolución castrista.

Este artículo ha sido publicado inicialmente en la revista Empresa Global

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