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Así puedes mejorar tu autoestima en 10 pasos

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Foto: Getty Images.

La autoestima es un conjunto de percepciones, pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias de comportamiento, todo ello dirigido hacia nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser y de percibir, que interfiere en nuestro cuerpo y nuestro carácter. En resumen, es la percepción que tenemos de nuestra persona.

Y es importante por ser básicamente un referente claro de tu modo de proceder en la vida. Por ello, afecta a tu manera de ser y de estar en el mundo, es decir, contigo mismo y con los demás. Nada en tu forma de percibir tu entorno, de sentir, de decidir y de actuar escapa a la influencia de la poderosa autoestima.

Interviene en casi todo -por no decir " en todo"- lo que haces. Las personas con una alta autoestima rinden más y les resulta más fácil relacionarse socialmente. Tienden a tener mejores relaciones, son más felices y les cuesta menos enfrentarse a los errores, decepciones y fracasos, y es más probable que insistan en algo hasta que lo consigan. Es cierto que hay personas que "nacen" con una predisposición o carácter alegre, y otras no. Pero no por ello hay que desistir en adquirirla. Si no eres de los afortunados, cuesta algo de trabajo conseguirla y mantenerla, pero como todo lo bueno, el esfuerzo merece la pena: la autoestima será una fiel compañera para toda tu vida.

Incluso las personas con una saludable autoestima a veces se ven azotadas por crisis interiores. No hay que temerlas; es una buena oportunidad para afianzarnos como persona y crecer.

Todos tenemos una imagen mental de quiénes somos, qué aspecto tenemos, en qué somos buenos y cuáles son nuestros puntos débiles. Nos formamos (y forjamos, con fuego candente) esa idea de nosotros mismos a lo largo de los años, empezando en la más tierna infancia. Esa percepción subjetiva se llamará "autoimagen": la imagen mental que una persona tiene de sí misma. Gran parte de nuestra autoimagen se basa en las interacciones que hacemos con los demás, nuestras experiencias vitales y el valor personal que le otorgamos a los acontecimientos. Y el resultado de ese retrato mental (autoimagen) contribuye a modelar nuestra autoestima.

En definitiva, tu autoestima dependerá de cómo te sientes valorado, querido y aceptado por los otros, y también de cómo te valoras, te quieres y te aceptas a ti mismo.

El baremo de una buena y sana autoestima se traduce en sentirse bien en la propia piel, apreciar la valía personal, estar orgulloso de las propias capacidades, habilidades y logros, y aceptar que hay altibajos en la vida y uno no siempre consigue lo que desea, a pesar de poseer toda una fortaleza interior y animosidad envidiables. Pero eso sí, si algo diferencia a los propietarios de una buena autoestima es las ganas de levantarse y continuar, de asimilar una derrota temporal. Por el contrario, las personas con baja autoestima sienten, ridícula y obsesivamente, que no gustarán a nadie, que nadie los aceptará jamás o que no son buenos en nada. Suelen ser exagerados en sus percepciones y poco realistas. Digamos que suelen ver "el vaso medio vacío", que en el equivalente a la autoimagen, sería "fijarse solamente en sus peores cualidades o en sus puntos débiles".

Todos tenemos problemas con nuestra autoestima en determinados momentos de la vida, especialmente en la adolescencia, cuando uno descubre quién es y cuál es su lugar en el mundo. Pero también ya de adultos pasamos por periodos críticos (separación de pareja, pérdida de trabajo, enfermedades, etc.) y épocas de cambios que obligan a replantearse qué estamos haciendo, adónde vamos y por qué. Es decir, incluso las personas con una saludable autoestima a veces se ven azotadas por crisis interiores. No hay que temerlas; es una buena oportunidad para afianzarnos como persona y crecer.

La buena noticia es que, como la imagen que tenemos de nosotros mismos va cambiando a lo largo del tiempo, la autoestima no es algo inamovible, ni fijo para toda la vida. Así que, si sientes que tu autoestima no es todo lo óptima que debería ser, puedes mejorarla. Siempre.

Si quieres ponerte a ello, aquí tienes 10 consejos para empezar:

  1. Acepta tus pensamientos negativos sobre ti mismo y piensa positivamente. Si estás acostumbrado a centrar la atención en tus defectos, empieza a fijarte en los aspectos positivos. De esa manera, estos se superpondrán a los negativos, y ganarán la batalla. Asume que tienes pensamientos de minusvaloración, pero no centres tu atención en ellos. No les hagas caso. Déjalos correr. Cuando te des cuenta de que estás siendo demasiado crítico contigo, contrarresta diciéndote algo positivo sobre tu persona. Y cada día anota dos o tres cosas sobre ti que te hagan sentir bien.
  2. Ponte como objetivo el "logro" en vez de la "perfección". Algunas personas se acaban paralizando debido a sus ansias de ser perfectas. En lugar de frenarte con pensamientos como: "No iré a nadar hasta que haya perdido 10 kg", piensa en que esos 10 kg los perderás precisamente nadando. Y que lo importante es empezar. Disfruta del camino y ve a por ello. No esperes a estar preparado y con ganas para actuar. Verás como la acción es el motor para sentirte bien, con más ganas.
  3. "Unas veces se gana y otras se aprende". Los errores son unas magníficas oportunidades de aprendizaje. Acepta que cometerás errores, porque todo el mundo los comete. Y además, son buenos catalizadores. Los errores forman parte de la evolución. Quien nunca se equivoca, no avanza, no descubre nada nuevo. Recuerda que las aptitudes de una persona están en constante desarrollo y que cada uno sobresale en cosas diferentes. Es lo que hace interesante a cada cual.
  4. Comienza cosas nuevas. Experimenta con diferentes actividades que te pongan en contacto con tus aptitudes. Luego te sentirás orgulloso de las nuevas habilidades que has adquirido.
  5. Identifica lo que puedes cambiar y lo que no. Si te das cuenta de que hay algo tuyo que no te hace feliz y está en tus manos cambiarlo, empieza ahora mismo. Si se trata de algo que no puedes cambiar (eres bajito, tu color de piel...), tu trabajo será quererte tal y como eres. Concéntrate en potenciar solo lo bueno, seguro que lo tienes. Y recuerda: todos estamos disconformes con algo nuestro.
  6. Márcate objetivos. Escribe qué te gustaría conseguir y luego diseña un plan para hacerlo, un listado de acciones que te encaminen hacia lo que quieres. Ponte a ello y ve anotando tus progresos.
  7. Siéntete orgulloso de tus opiniones e ideas. No tengas miedo de expresarlas, es sano.
  8. Colabora en una labor social. Se generoso con tu entorno. No te guardes lo que puede ayudar, e incluso encantar, a los demás. Ayuda a un compañero de trabajo o un vecino que tiene algún problema; colabora en la limpieza de tu barrio; participa en una carrera benéfica por una buena causa o hazte voluntario de alguna asociación. Sentir que aportas algo y eres importante para alguien hace maravillas para aumentar la autoestima. Mira este vídeo: "Descubre el secreto de la felicidad: COMPARTE".
  9. ¡Haz ejercicio! Mitigarás el estrés y además estarás más sano y más alegre. El deporte aumenta milagrosamente el estado de ánimo. No sólo alivia los síntomas depresivos, también parece evitar que se repitan.
  10. Disfruta y pásalo bien. Diviértete compartiendo tu tiempo con personas que te importan y haciendo lo que te gusta. Vive el momento, no dejes que tu vida se guíe por lo que pudo ser, lo que podrá ser o lo que "hace todo el mundo". Sé egoísta en ese aspecto y elige a la gente y las actividades que de verdad conecten contigo.

Aunque en algún momento habrás llegado a pensar que ya es tarde, recuerda que siempre estarás a tiempo para construir una autoestima positiva y sana. En algunas personas, cuando la herida emocional de la baja autoestima es muy profunda o duradera, es posible que sea necesaria la ayuda de un profesional de la salud mental, como un psicólogo o terapeuta. Recuerda que los expertos actuamos a modo de guía, ayudando a las personas a quererse a sí mismas para que se den cuenta de lo que las hace únicas y especiales. Todos lo somos, y tú no eres una excepción.