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Menos 'coaching' y más psicología 

31/10/2017 07:14 CET | Actualizado 31/10/2017 07:14 CET
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La promoción del bienestar, la prevención de trastornos mentales y el tratamiento y rehabilitación de las personas afectadas por dichos trastornos son términos relacionados con la salud mental. Esta abarca una amplia gama de actividades directa o indirectamente relacionadas con el componente de bienestar mental incluido en la definición de salud que da la Organización Mundial de la Salud (OMS): «Un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades».

Coach: Entrenador o preparador. Persona que asesora a otra para impulsar su desarrollo personal y profesional.

La felicidad absoluta y el control total de los pensamientos no existe; es totalmente falso

La felicidad absoluta y el control total de los pensamientos no existe; es totalmente falso. No te creas este tipo de mensajes que lanzan ciertos coaches o entrenadores y otros predicadores de la felicidad. No puedes –ni debes– decir adiós a la tristeza; tampoco podrías vivir alegremente todos los días; ni podrás ser feliz a todas horas. No, lo sentimos. Aunque... la verdad es que no lo sentimos.

Y no es porque seas tonto o incapaz de poner en práctica esos ornados mensajes, no; simplemente se trata de una gran falacia, un absurdo. Göbbles dejó para el recuerdo, además de millones de muertos, una máxima atribuida a él: una mentira mil veces repetida, acaba tomando forma de verdad. ¿Cuántas veces llevas escuchando la morralla de frasecitas estilo "si quieres, puedes", "el poder está dentro de ti" o "si haces esto, te cambiará la vida"?

Muchos coaches, o entrenadores, facilitadores, mentores, terapeutas o inspiradores para el cambio tienen un elemento en común: viven de una añeja experiencia personal (con ciertos adornos, cuando no inventada) que les hizo descender supuestamente al averno, y la representan sin pudor alguno decenas de veces ante audiencias expectantes y ávidas de felicidad eterna. Son excelentes actores. Estas experiencias las comunican con todo lujo de detalles una y otra vez, mostrando, cámara y micro mediante, las mismas emociones que cuando la vivieron.

Vivimos en una sociedad de ruido, envoltorio, humo y escaparate, que tiene pasión por la inmediatez y que no acepta el sufrimiento ni el esfuerzo

Lloran, se apasionan evocando esos falsarios momentos mezclando realidad y fantasía; manejan de maravilla los tempos y las emociones propias y ajenas. Comunican bien y da igual que sus mensajes sean huecos y apoyados en falsedades. Si yo salí de una situación difícil, te voy a explicar cómo saldrás tú, y de paso, hago de la supuesta ayuda, mi profesión. Soy "entrenador en salud mental", nada más y nada menos.

Vivimos en una sociedad de ruido, envoltorio, humo y escaparate, que tiene pasión por la inmediatez y que no acepta el sufrimiento ni el esfuerzo. En definitiva: un idóneo caldo de cultivo para los farsantes. Y lo fácil, aunque resulte falso e imposible, vende mucho. Telepredicadores, hermanos de la iglesia de la felicidad eterna que alimentan su narcisismo y esconden su mediocridad personal buscando unos cuantos aplausos, rodeándose de un buen rebaño que los escucha y alaba y con el que intercambian fajos de billetes con mensajes de esperanza. Entrenadores de mente sin tener ni idea de qué es la mente: sin estudios de psicología.

Estos tipos o tipas, en el mejor de los casos han recibido un cursillo intensivo sobre emociones, algún taller sobre Programación Neurolingüística (PNL) o inteligencia emocional, son miembros de una asociación de coaching con siglas en inglés y de esta manera se han convertido en expertos en felicidad, bienestar, emociones y salud mental. Algunos incluso han hecho un par de cursos de formación no reglada que los ha convertido en –¡oh, milagro!– terapeutas o entrenadores con "licencia para tratar" (perdón, ellos no tratan, ellos trabajan y mejoran) al personal. Sus herramientas son muy eficaces: un poco de intuición, mucho don de gentes, labia, deseo profundo de ayudar a los demás (vamos a creer que tienen su punto de bondad), una colección de cromos motivadores con lemas de "todo a cien" colgados en su muro de Facebook o en su página web... e imagen, muchísima imagen en Instagram.

Actúan sin ningún rigor científico que avale sus diatribas y elucubraciones mentales

Mucho humo y pocas nueces

Josefina, entrenadora que casi llegó a ser aristócrata, se ha convertido en una experta en emociones y ha montado un tinglado de entrenadores de los que sacan la pasta a todo quisqui que se deja. O Juan, un periodista que se quedó sin redacción, micrófono y cámara que lo grabara, y se ha reinventado en un gurú de la psique y de la felicidad que nos dice a los mortales dónde está el Santo Grial, cómo llegar a la Luz Carol Anne y lo que hay que hacer para tener una envidiable salud mental. O Julián, un narcisito entrenador exdeportista de élite que ha hecho unos cursos formativos en USA (cómo deslumbra que alguien utilice vocablos en inglés, ¡qué catetos "semos"!) y se ha convertido en un comunicador de éxito. De hecho, su libro cura a las personas de depresiones, ansiedades, rupturas, muertes de seres queridos y cualquier otro mal que usted pueda imaginar. Y si la lectura no arregla sus problemas, no se preocupe, puede usted asistir a uno de sus talleres de bienestar mental y aprenderá a identificar sus emociones y a interpretar qué es lo que quieren decirle. Eso sí, con un desembolso que quita el hipo. Alucinante.

Sin ningún rigor científico que avale sus diatribas y elucubraciones mentales, abren sus despachos o sus páginas web y se ponen a realizar constelaciones familiares, eneagramas, terapias neuroemocionales; hablan sobre emociones, reinvenciones, energías, repiten como papagayos frases motivadoras extraídas de sobrecitos de azúcar... pero saben tocar la fibra sensible. Nadie lo duda. Lo peor de todo es que no se ruborizan. Tranquilos, ya nos ponemos colorados nosotros.

¿Acaso los psicólogos hablamos de pediatría o de economía, o nos dedicamos a opinar sobre métodos de cirugía? No, ni se nos ocurriría. Zapatero, a tus zapatos. Ya está bien de intrusismo en la salud mental.

Ningún buen profesional de la salud mental te dirá que tiene el secreto de la felicidad, o que existe un método infalible para controlar la vida, o que superar algo duro es fácil. Y si eso dijera, mejor sal pitando, aunque lo proclame desde un púlpito, impecablemente vestido y luciendo una amplia sonrisa.

No obstante, el coaching es útil para ciertas cosas, y no es ni más ni menos que una herramienta de la psicología. Pero cuando se trata de personas, con sus dificultades, traumas, sueños, fobias, posibles trastornos psicológicos (nadie está libre de ellos) y todo lo que tiene que ver con el bienestar mental, deleguemos en la psicología, por favor.

Si tienes problemas, estás pasando por un mal momento o simplemente quieres crecer, mejorar y encauzar mejor tu vida, cuenta con un psicólogo. Será tu mejor entrenador. Así que... menos coaching y más psicología. Tu salud mental lo agradecerá eternamente, y tu bolsillo también.

En la elaboración de este artículo han colaborado los psicólogos Nacho Coller y Miguel Ángel Rizaldos

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