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¿Que hacer ante la infidelidad?

21/01/2016 07:04 CET | Actualizado 20/01/2017 11:12 CET

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Imagen: ISTOCK

La fidelidad tiene el mismo objetivo que todas nuestros comportamientos: asegurar la supervivencia del ser humano. Nacemos muy indefensos, vivimos una infancia prolongada, pues necesitamos mucho tiempo para poder desenvolvernos con autonomía. La hembra cavernícola tenía necesidad de tener un macho a su lado para proteger a sus crías y asegurar mejor su supervivencia. Y de esta manera, era menos probable la infidelidad.

Podemos decir que desde el punto de vista biológico, la infidelidad es menos probable que aparezca si estamos enamorados. En ese estado de enamoramiento, digamos que ser infiel no nos lo pide el cuerpo. Pero ya sabemos que la fase de enamoramiento se acaba, y ahí es cuando tenemos que echar mano de nuestros valores como persona, de lo que queremos, de lo que quiere nuestro entorno social y de nuestra fuerza de voluntad para no ser infieles.

Por otra parte, algunos biólogos suponen que la tendencia a la infidelidad tendría un origen adaptativo: en las hembras, vendría a asegurar mayor protección y recursos para los hijos cuando se cuenta con varias parejas; mientras que para los machos, aseguraría una mayor contribución genética para la próxima generación.

En nuestros días, psicólogos como el estadounidense Aaron T. Beck señalan que "la infidelidad conyugal, a pesar de ser bastante común, causa un efecto tan traumático en el consorte ofendido por el significado simbólico de la «aventura». Esto, debido al pensamiento polarizado de todo-o-nada, en donde se concluye que una pareja es totalmente fiel o totalmente infiel, sin cabida a puntos intermedios". También destacó que "es común una visión negativa de la infidelidad, pues suele ser equiparada con palabras descriptivas como: traición, engaño, perfidia; lo que genera una «percepción catastrófica»". Además, un efecto frecuente tras descubrir una infidelidad "es la devaluación, no de la pareja, sino de la propia persona, manifestando dudas sobre el atractivo y la suficiencia mediante pensamientos automáticos como «fracasé», «no sirvo para nada», «nadie me necesita», etc." Por otra parte, afirmó que la infidelidad no necesariamente es la causa de debilitamiento de una relación, sino que incluso puede ser el síntoma de una relación ya vacilante. Finalmente, apuntó que, como muchos otros trastornos emocionales, los síntomas asociados a la infidelidad son tratados con el replanteamiento de los significados personales mediante el trabajo en terapia.

El también psicólogo estadounidense Albert Ellis opinó que la infidelidad generalmente no «destruye» un matrimonio, y que no es un motivo exagerado para terminar una relación. Para él, el sexo fuera de la pareja sólo es dañino cuando a las personas involucradas realmente no les gusta convivir. Es decir, la infidelidad es sólo conflictiva cuando va acompañada de creencias irracionales que desencadenan emociones inapropiadas. Bajo esta perspectiva, el descubrimiento de la infidelidad sería el precipitante. El enojo y la tristeza serían la consecuencia indeseable. En medio de estas dos habría un sistema de creencias racionales (por ejemplo: «no es grato que mi pareja haya tenido relaciones sexuales con otra persona»); pero sobre todo, ideas irracionales como: «esto no puede estar pasando», «es horrible», «no puedo lidiar con esto», «soy indigno de ser amado», etc. También se presentarían exigencias absolutistas de ser amado y aprobado (por todos y en todo momento). El impacto generado por la infidelidad vendría a distorsionar la percepción; así, por ejemplo, se vería a la pareja como un completo desconocido y se sesgarían u omitirían los momentos agradables con la pareja. De este modo, la persona iría creando conclusiones rápidas y precipitadas que lo llevarían incluso a un estado depresivo y auto-derrotista.

A veces, la presión social te hace que te sientas tonto por tolerar el haber sido engañado. Hay que hacer aquello que queremos, no lo que creemos que es lo mejor.

Algunas personas no son conscientes o no quieren ser conscientes de que les están siendo infieles. Esto puede ser debido a no querer ver la realidad que me hace daño. No querer salir de una situación que, igual, no nos gusta pero estamos cómodos. es el miedo a lo nuevo a lo desconocido.

¿Cómo se puede perdonar una infidelidad? Depende de si es una aventura puntual o relación de amantes que llevan tiempo. Aunque esto depende también de tus valores. Si no toleras una infidelidad, no podrás en ningún caso perdonar, aunque sea una aventura puntual. Primero si es algo puntual se puede entender por qué ocurrió, aunque no lo compartas. Cuando es frecuente y continuado, resulta imperdonable, porque ha habido un engaño que se ha mantenido en el tiempo. Esta persona no te quiere sanamente. querer así no merece la pena, nos hará sufrir.

La actitud que hay que tomar para perdonar e intentar hacer borrón y cuenta nueva sería centrar tu atención hacia los valores y las cosas que queremos. No rememorar continuamente la infidelidad. Se trataría de dar carpeta a esa situación y volver a tener confianza. Esto no quiere decir que sea fácil, ni que todo el mundo esté dispuesto hacerlo. A veces, la presión social te hace que te sientas tonto por tolerar el haber sido engañado. Hay que hacer aquello que queremos, no lo que creemos que es lo mejor.

Perdonar significa pasar página. No es algo que se pueda hacer instantáneamente. El dolor inicial no lo quita nadie. Para superar el resentimiento, para pasar página, se debe subir un escalón, hay que mirar la situación desde más arriba. Abrir la perspectiva, comprender la naturaleza humana y, sobre todo, asumirla. La vida es así, compleja, emocional, incierta.

En el caso de no querer volver a intentarlo, para superar una infidelidad y que, en la medida de lo posible, no afecte a las futuras relaciones, hay que centrarnos en que el motivo de la infidelidad que hemos sufrido no es nuestra responsabilidad. Esto hará que mejore nuestra autoestima y, por lo tanto, nuestra seguridad en nosotros mismos. No debes pretender no sufrir, porque si no, tampoco te permitirás disfrutar. En la vida, las circunstancias (infidelidad) puede que no estén bajo nuestro control, la actitud frente a ellas sí.

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