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Machistas sentados en el muelle de la bahía

27/09/2017 07:22 CEST | Actualizado 27/09/2017 08:28 CEST
Getty Images

Ha terminado el verano, pero el machismo continúa y ya mira cómo caen las primeras hojas de los arboles sobre las aceras. Tras la desenfrenada actividad estival de los "machistas de playa" ("Los Chupaycalla", "Los Feminarcis", "Los Machiringuitos", "Los Machonautas", "Los hombres equi equi"), ahora se toman una especie de tiempo de reflexión mientras hacen las maletas y regresan al asfalto de sus ideas. Y para ello, tratándose de días todavía cercanos al verano, no hay nada como sentarse frente al atardecer y tararear la canción de Otis Redding, "Sitting on the dock of the bay", dejándose llevar por el vuelo de los pensamientos mientras se imagina una especie de caña entre las manos para pescar cualquier argumento que se acerque a su anzuelo.

Y en esa doble actividad sobre el muelle de la bahía, la reflexión y la pesca, los machistas obtienen diferentes resultados.

La reflexión no da para mucho a tenor de lo que se observa en sus manifestaciones y comentarios, lo cual es propio de quien tiene las ideas atadas a su mundo con las cadenas de los prejuicios, los mitos y los estereotipos. Una situación que los convierte en una especie de "rumiantes funcionales", que vomitan sus ideas y luego las tragan de nuevo para volver a masticarlas un tiempo después, y así repetir el argumento como si fuera diferente, cuando en verdad es el mismo, sólo que triturado para que sea más fácil de digerir por quien lo escuche.

Este proceso es el que hace que en los últimos 13 años, justo desde la aprobación de la Ley Integral contra la Violencia de Género, nunca antes dijeron nada al no ver sus privilegios cuestionados, lo único que hayan repetido para defender su posición es lo de las "denuncias falsas", que las "mujeres también maltratan", y que "los hombres no tienen presunción de inocencia". Sobre esos tres ejes a veces introducen alguna variación, pero sólo para reforzar alguno de ellos y hacer más digerible su argumento, no para ampliar su planteamiento. Por eso, en el fondo, los machistas son una especie de ecologistas de sus ideas, pues reducen el uso de otras, reutilizan las mimas una y otra vez, y reciclan otras para sacar alguna variación nueva, como por ejemplo ocurre con el "suicidio de los hombres por divorcios abusivos" a partir de la idea de maldad de las mujeres, o el supuesto SAP para apoyar las denuncias falsas bajo la razón de que van dirigidas a "quedarse con la casa, los niños y la paga". Si no fuera porque se trata de ideas tóxicas y contaminantes, serían un gran ejemplo de "ecología cognitiva".

Y en cuanto a la otra actividad, la pesca, aunque siempre echan la caña con sus razones para ver si pica alguien, algo que hacen todos los días utilizando como cebo trozos de realidad manipulada o los fragmentos de la masculinidad que ocasionan los "ataques feminazis", la pesca que más practican es la "pesca de arrastre con redes sociales". Un tipo de pesca propio de quien no respeta nada ni a nadie, y que lo único que busca es beneficiarse a cualquier precio.

Ellos acuden a las redes con el objeto de atacar y destruir, de arrasar el entorno para que no crezca la hierba ni voluntad alguna por donde ellos pasan.

Ellos acuden a las redes con el objeto de atacar y destruir, de arrasar el entorno para que como decíamos de "Los Chupaycalla", no crezca la hierba ni voluntad alguna por donde ellos pasan. Por eso se muestran tan violentos y agresivos y nunca falta el ataque personal en sus "redes de arrastre".

Al final, con estos machistas que acuden a sentarse al muelle de la bahía sucede como con los malos pescadores y cazadores, que todo lo basan en la mentira y en la manipulación. Siempre dicen que lo suyo es más grande de lo que realmente es, cuando lo que interesa es un tamaño importante, o mucho más pequeño cuando lo que cotiza es lo mínimo. Por eso son capaces de convertir el pez de las denuncias falsas, que es del 0'01% en una especie de cachalote del 80%, o afirmar que 60 homicidios de mujeres cada año son una serie de casos aislados.

En su día creyeron que todo el pescado del machismo estaba vendido y que nadie cambiaría su dieta, pero no contaron con que la injusticia, el abuso, la mentira y la violencia, o sea el machismo, estaba contaminado por la desigualdad, y esa situación es insostenible en las democracias modernas.

Por eso, a pesar de su violencia, cuando uno los ve sentados en el muelle de la bahía mientras tararean la canción de Otis Redding, se aprecia una especie de melancolía en el ambiente. No sé si será el verano que se aleja en ese atardecer o la memoria de un mundo que les dice que el tiempo pasado fue mejor, y que ellos pertenecen a él.

Este post se publicó originalmente en el blog del autor.