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¿Quién debería encabezar las Naciones Unidas?

08/04/2016 15:38 CEST | Actualizado 08/04/2016 15:38 CEST
GTRES

Este año, las Naciones Unidas elegirán a su próximo secretario general. Necesitamos al mejor candidato posible para el empleo.

Con frecuencia se dice que éste es el empleo más imposible del mundo. Y, habida cuenta de los expedientes que asumirá el próximo secretario general de las Naciones Unidas el 1 de enero de 2017, es fácil comprender por qué: atroces conflictos y sufrimientos humanos en algunas partes del Oriente Medio, África y Europa; un extremismo violento que constituye una amenaza para todos nosotros; la persistencia de la discriminación contra las mujeres y las niñas; un inquietante aumento de la xenofobia; más de 800 millones de personas que luchan por escapar de la pobreza extrema; unos 60 millones de desplazados en todo el mundo; una ventana de oportunidad única de dar respuesta al cambio climático y ocuparse de los Objetivos de Desarrollo Sostenible antes de que sea demasiado tarde; y una organización que debe adaptarse a los retos y nuevos objetivos que el mundo tiene ante sí.

En sus 70 años de historia, las Naciones Unidas, con todos sus defectos, han demostrado que pueden estar a la altura de desafíos tales, pero para hacerlo hoy deben conseguir al mejor candidato posible mediante el proceso de selección y nombramiento del próximo secretario general que llevaremos a cabo este año.

El papel del secretario general de las Naciones Unidas

Muchos han considerado que el más alto funcionario de las Naciones Unidas debe ser, o bien un secretario, o bien un general. Esto es demasiado simplista, puesto que el secretario general debe ser ambos, y más aún. Ha de ser una persona con gran valentía moral e integridad; él o ella (y no veo por qué el mejor candidato no ha de ser una mujer) debe ser la voz de las personas más vulnerables del mundo y encarnar los ideales y propósitos de las Naciones Unidas.

Como principal agente diplomático del mundo, quien ocupe el cargo de secretario general debe utilizar su independencia, imparcialidad y buenos oficios para prevenir los conflictos, negociar la paz y defender los derechos humanos.

Debe ser una persona con una presencia política y grandes dotes de liderazgo, que tenga la autoridad para señalar a la atención del Consejo de Seguridad cualquier asunto que, en su opinión, pueda poner en peligro el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.

Como el más alto funcionario administrativo de las Naciones Unidas, el secretario general debe crear una cultura de integridad, imparcialidad, pericia y eficiencia en todo el sistema de las Naciones Unidas, y supervisar una gran organización, con un presupuesto de aproximadamente 10.000 millones de dólares, una dotación de personal de más de 40.000 y 41 operaciones de paz en todo el mundo.

El secretario general debe ser una persona con gran capacidad para comunicarse y para relacionarse con otras personas, que pueda conducirse sin contratiempos en un mundo cada vez más multipolar y conducir una transición mundial hacia el desarrollo sostenible.

Un proceso de selección arcaico

Podría pensarse, entonces, que el proceso para elegir al secretario general sería lo más enérgico, incluyente y transparente posible. Sin embargo, esto no ha sido así hasta ahora.

Anteriormente, no estaba claro cuándo comenzaba realmente el proceso de selección ni, lo que resulta casi increíble, quiénes se habían postulado efectivamente para desempeñar el cargo. Asimismo, no ha habido ninguna descripción oficial de las funciones ni oportunidad real alguna de comunicación abierta y sustantiva con los candidatos, ni para la totalidad de los miembros de las Naciones Unidas ni para el público.

Como resultado, las recomendaciones eran negociadas a puertas cerradas, principalmente por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad; ha habido ocho secretarios generales, y ni uno solo de ellos ha sido una mujer; y el nombramiento ha sido llevado a cabo por la Asamblea General de las Naciones Unidas de manera principalmente simbólica.

Por lo tanto, se ha considerado, no siempre justamente, que los secretarios generales estaban en deuda con los mismos poderes de los que debían ser más independientes.

Una mejor manera de elegir al próximo secretario general

La Carta de las Naciones Unidas describe claramente las funciones que corresponden al Consejo de Seguridad y la Asamblea General en el proceso de selección y nombramiento, y debe respetarse.

Sin embargo, los cambios incorporados recientemente en el propio proceso, convenidos por los 193 miembros de la Asamblea General, nos ofrecen una verdadera oportunidad para hacerlo más transparente, más sólido, más inclusivo y, en última instancia, más eficaz.

Como presidente de la Asamblea, es mi trabajo garantizar que esos cambios se lleven a la práctica.

La situación es esta: el pasado mes de diciembre, el presidente del Consejo de Seguridad y yo pusimos en marcha el proceso de selección mediante la publicación de una convocatoria para que se presentaran las candidaturas lo antes posible. Describimos los rasgos fundamentales del proceso, señalamos algunos de los principales criterios para el cargo y, en vista de que habían transcurrido siete decenios de dominio masculino, alentamos a los Estados miembro a presentar tanto candidatas como candidatos.

Quizá la mayor oportunidad de romper verdaderamente con el pasado serán los diálogos abiertos que celebraré con los candidatos.

Hasta la fecha, se han presentado siete candidatos, y sus biografías y la información conexa están disponibles para el público en mi sitio web.

Pero quizá la mayor oportunidad de romper verdaderamente con el pasado serán los diálogos abiertos que celebraré con los candidatos. Estos diálogos, que algunos denominan "las audiencias del secretario general", comenzarán el 12 de abril.

Cada candidato debe preparar una declaración sobre los desafíos y las oportunidades que, en su opinión, tienen ante sí las Naciones Unidas y el próximo secretario general. Se prestarán durante dos horas a responder preguntas de todos los miembros de las Naciones Unidas, así como de la sociedad civil, y cada diálogo se transmitirá en vivo por Internet. Se continuará dialogando con nuevos candidatos hasta que el Consejo de Seguridad formule su recomendación.

Y espero que todos los que consideren seriamente la posibilidad de convertirse en el próximo principal diplomático del mundo interactúen franca y directamente con todos los Estados miembro de las Naciones Unidas y las personas a las que, en última instancia, han de servir.

Una oportunidad para el cambio

Por supuesto, esas innovaciones no transformarán directamente nuestro mundo, y se siguen debatiendo cuestiones como la duración y posibilidad de renovación del mandato del secretario general, o si la Asamblea General debería votar sobre un nombramiento o no.

Sin embargo, sí pueden establecer un nuevo modelo de transparencia e inclusividad en los asuntos internacionales. Pueden aumentar nuestras posibilidades de conseguir el mejor candidato posible para encabezar las Naciones Unidas. Y representan, creo, un momento en la historia en que la Asamblea General, el órgano decisorio más representativo y democrático del mundo, puede reafirmar su autoridad.

Habida cuenta de los retos mundiales que enfrentamos hoy, éste podría ser un verdadero punto de inflexión. Entonces, por favor, conéctate a Internet, participa en las redes sociales, hazte oír, y ayúdanos a encontrar al mejor candidato posible a secretario general de las Naciones Unidas, que es lo que nuestro mundo necesita.