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Cataluña y el estrepitoso fracaso de la política

Una jornada negra para Cataluña, España y Europa

27/10/2017 19:22 CEST | Actualizado 27/10/2017 20:38 CEST
AFP

En estas semanas he visto cosas que no creeríais.

-He visto a un gobierno catalán legítimo hacerse el harakiri y asestar un golpe mortal a Cataluña, condenándola a una penosa travesía por el desierto.

-He visto a 70 diputados de un parlamento de 135 decidir el rumbo de todo un país, arrogándose un derecho que no les correspondía, retorciendo las leyes para acallar a la minoría. Nunca una mayoría tan exigua había tomado una decisión de tanta trascendencia sin una mayoría reforzada.

-He visto gente en la calle celebrar entusiasmada una declaración de independencia que les sitúa en el limbo político y compromete su futuro.

-He visto a una de las regiones de Europa más cultas, ricas y diversas secuestrada por el nacionalismo más radical, deslumbrada por las promesas irreales de una secesión mágica.

-He visto a gente preparada y sensata negar tozudamente la evidencia: que una Cataluña independiente, de manera unilateral, perjudica gravemente su economía y siembra de incertidumbre su futuro. Huérfanos de apoyos internacionales, ni siquiera la constatación de que iban a perder el control de su autogobierno ha hecho que cejaran en su empeño.

-He visto a ciudadanos cultos llamar franquistas a quienes defienden que la legalidad es la única defensa contra la arbitrariedad. He visto a jóvenes políticos que se definen de izquierdas mofarse de quienes lucharon contra Franco. De quienes se jugaron la vida, no sus seguidores en Twitter.

-He visto a senadores del partido del gobierno central aplaudir entusiasmados una ley que permite la intervención de la autonomía de Cataluña. Es posible que sea la única vía para restaurar la legalidad, pero, aunque sea temporal, es un retroceso en toda regla. Y un peligroso precedente para los nacionalistas españoles que quieren recortar las garantías de un Estado casi federal como el español. Esos aplausos producen escalofríos.

-He visto cómo un país que salió de la dictadura hace 40 años, y que superó un Golpe de Estado en 1981, está desempolvando del código penal delitos de sedición y rebelión, dispuesto a aplicarlos con toda su dureza.

-He visto cómo el conflicto catalán ha ido creciendo en los últimos años ante la impasibilidad de un presidente del gobierno que cometió el mayor error en el que puede caer un político: no saber leer la realidad. Y que cuando al fin reaccionó, provocó una de las imágenes más dañinas para nuestro país de los últimos tiempos: las cargas policiales contra los ciudadanos que querían votar en el referéndum ilegal del 1 de octubre.

España es hoy un país en estado de shock. Nos esperan tiempos más difíciles aún. La toma de control de la Generalitat por parte del gobierno central está llena de riesgos y el mayor de todos es, con mucho, la fractura social. Y a medio plazo, las consecuencias de este estrepitoso fracaso de la política. Este 27 de octubre quedará escrito en la historia como una jornada negra para Cataluña, España y Europa.

PD. Rajoy acaba de cesar al govern rebelde, ha disuelto el Parlament y ha convocado elecciones para el próximo 21 de diciembre. Es el último giro inesperado de este guión enloquecido. Los catalanes podrán votar, esta vez con garantías. Impecable.