Todas las semanas, desde que comenzó este siglo, nos enteramos de que algún joven se ha suicidado porque no ha podido soportar todas las presiones que le asediaban. La doble tragedia es que, como gran parte de ese acoso se produce a través de internet, es menos visible que el acoso de otras épocas pasadas.
Para los niños y adolescentes sigue siendo un martirio ser o parecer diferentes en cuestión afectivo-sexual. No hay una estructura que les proteja, que les diga que estén tranquilos, que aprendan a conocerse sin despreciarse a sí mismos, sin miedo a ser rechazados, sin pánico a perder el afecto familiar.