Hace muchos años que España no ha tenido que tirar de instinto de supervivencia, que de alguna manera surge para superarse a uno mismo. Como una experiencia social extrema, puede que esta crisis haga cambiar algunas cosas más rápido y de forma más radical de lo que hubiéramos podido pensar.
Cada vez es más común, incluso entre las personas más informadas y formadas, afirmar que la UE no es democrática, en un salto cualitativo desde aquel "déficit democrático" que se atribuía hace años y con razón a la construcción europea. Considero que la política de austeridad ha fracasado, pero eso no me lleva a pensar que el Parlamento Europeo, el Consejo o la Comisión no tienen legitimidad democrática.
La nave llamada UE exige un cambio de rumbo, de mando y hacer reparaciones radicales en la estructura. Para todo esto necesitamos, ya, un motín democrático. Ha llegado la hora de ocupar el puente de mando, hacer las reparaciones de emergencia, cambiar el rumbo y encarar un puerto seguro.
En salud hemos explotado al máximo el paradigma materialista, con sistemas sanitarios que transforman la salud en un bien de consumo. ¿Podremos volver a rescatar la salud como equilibrio activo con el medio, como capacidad de adaptación al entorno, como camino de desarrollo personal, social y ecológico?
el VIII Seminario Internacional de Lengua y Periodismo: "El lenguaje de la crisis" ha reunido durante dos días en San Millán de la Cogolla a periodistas, economistas y lingüistas para analizar las relaciones que se establecen entre la realidad que estamos viviendo y las palabras con las que se denomina; entre la crisis y en cómo nos referimos a ella.
En el área de Justicia, la mayoría absoluta del PP sabe perfectamente a qué ha venido, a qué intereses sirve y qué es lo que está haciendo. Es bueno que todos los demás seamos conscientes también.
En su discurso ante el Congreso para explicar el Plan Nacional de Reformas, Rajoy dio una cifra que pasó más o menos desapercibida. Dijo que la política económica permitirá ahorrar "bastante más de mil millones de euros". Un dato que combina la redondez de "mil millones" con la vaguedad de "bastante más". ¿De dónde sale?
El problema de las titulizaciones y su mala reputación no está, por tanto, en la titulización estándar. Si en los próximos meses leemos que las entidades españolas vuelven a vender titulizaciones, no nos echemos las manos a la cabeza. Sería una buena señal.
La juventud es algo pacífico e inocente por naturaleza. Esto es lo que se dice a nivel teórico. Pero, entonces, ¿quiénes son los violentos que han tirado huevos a la policía pacífica durante las protestas celebradas desde septiembre pasado? Lástima, son también jóvenes, pero de los malos.
Más de seis millones de españoles en paro, seis de cada diez jóvenes no tienen un puesto de trabajo y el Gobierno, lejos de claudicar en su estrategia de recortes, seguirá cumpliendo, incluso más allá de lo que se le exige, con quienes insisten en mantener viva una política errónea de ajuste del gasto. ¿Cómo no insistir en la necesidad de que el Ejecutivo dé un paso atrás y abra, de una vez por todas, el camino que conduzca a un pacto social y político de Estado que explore las vías de crecimiento y prosperidad en una sociedad condenada a prolongar su frustración y empobrecimiento?
Alemania no es la responsable de la imposición de una política de austeridad a ultranza y palo seco que está devastando las esperanzas de millones de europeos. Hilemos un poco más fino: la autoría de tal política tiene nombres, que no son otros que Angela Merkel, la CDU y las clases dominantes del país.