Llaman a la puerta; es él. Yo me santiguo, que aunque no sea creyente. Le abro, y ya desde fuera, inspecciona cada rincón de la casa. Nada más entrar, posa su dedo índice en el rodapié, y no lo levanta hasta haber recorrido todo el perímetro del piso. Se gira hacia mí y me observa para asegurarse de que vea bien su dedo, envuelto en una bola de polvo.
Los Migueles atravesaron en 38 horas el camino que separa Cáceres de Wuppertal. Elena, Michel y Javi embarcaron en Alicante en un vuelo con destino a Colonia. Raúl es licenciado en Filología Hispánica. Todos huyen de su país con la esperanza de que Alemania les devuelva la sonrisa que una crisis borró del rostro de toda una generación.
Ser JESP es duro, -pese a que haya alguna lumbreras por ahí que opine que los jóvenes de hoy en día emigramos por espíritu aventurero-. Pero también es cierto que empezar de cero en otro país (en materia de hogar, de amigos, de trabajo y de dinero), te hace luchar más que nunca, y lograr objetivos que jamás hubieras imaginado alcanzar.