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Liliana Maresca y su arte perturbador

21/08/2017 17:30 CEST | Actualizado 01/09/2017 12:23 CEST

La obra de Liliana Maresca es la narrativa de lo intenso. La intensidad es lo que pincela y abruma en todo su arte desafiante, que no pierde actualidad.

Sus esculturas, pinturas y toda su producción eran explosiones espirituales convertidas en un convite colectivo, y logró hacer de su cuerpo la expresión más majestuosa de las indisciplinas. Su arte, que hoy es culto, se expone hasta el 5 de noviembre en el MAMBA (Museo de Arte Moderno de Buenos Aires), en una retrospectiva: El Ojo Avizor Obras 1982-1994.

La artista se supo irreverente en un mundo en que de a poco encontraría complicidades. Tuvo un arte, cuasi borderline pero desafiante y actual. Ella, fue la que ponía el cuerpo a todo, porque su desnudez era un manifiesto de un universo volcánico.

"El cuerpo de Maresca nunca será restringido o disciplinado, del mismo modo que los objetos que produjo en esos años no fueron estáticos o autónomos. Siempre pondrá el cuerpo para embestir su contexto en forma vital y vehemente; su cuerpo siempre estará presente y siempre mutará, como el cuerpo social muta, como la escena del arte muta, como sus objetos mutan", comenta Javier Villa, curador de la muestra del MAMBA.

A lo largo de su carrera despertó tensiones y pasiones. Tuvo una muerte temprana a causa de complicaciones surgidas con el VIH, en 1994.

A principios de los años 80 comenzó a producir esculturas a partir del ensamblaje de basura que recogía de la calle, entre ellas, obras como Torso (1982), Nocamina (1982) o Madre con niño (1984). Luego, una serie de proyectos colectivos se centraron en democratizar el cuerpo. Era una forma de conectar el arte, la sociedad y su subjetividad. Entre otras obras, destaca Una bufanda para la ciudad (1985), en la Galería Adriana Indik, que era una suerte de harapos tranzados que pretendía abrigar(nos) después de la tortuosa dictadura cívico-militar en Argentina (1976-1983), así como La Kermesse (1986), una puesta de arte under con pinceladas circenses.

El recorrido por 12 años del universo maresquiano en el MAMBA se inicia con Mascaritas, una serie de pequeños formatos livianos, lineales, que ilustran rostros, pero juntos parecen representar a la comunidad que la acompañó en su carrera y durante su enfermedad. Esa comunidad acompaña el verso con el que ella misma se define: "Soy esto. Una guerrera sedienta. En un desierto".

En sus últimos años de vida, Liliana vuelve a interpelar con énfasis, pero desde la intimidad, con obras como Ella y yo o Maresca se entrega a todo destino, en 1993, que se trata de una serie de tomas fotográficas donde Maresca posa provocativamente y exhibe su número teléfono. La producción se publicó en el mensuario de relatos eróticos El Laberinto y recibió centenares de llamados, pero todo esto implicaba parte de la performance.

¿Qué más se puede decir de Liliana Mareca? Mucho, pero es difícil meter dentro de un relato a esta figura icónica del underground argentino que parece llamada a convertirse en una artista de culto por su potencia, por su intimidad al servicio de lo social, por su sentido volcánico, porque Maresca se entregó a todo, a su destino.