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Es posible ser alérgico al ejercicio físico

Algunas personas tienen una excusa real para no pisar el gimnasio.

23/09/2017 10:17 CEST | Actualizado 23/09/2017 10:17 CEST

Escrito por Nicole Wetsman.

PEXELS

Joe O'Leary fue a cenar con sus padres en torno a las 20:00 un miércoles de marzo de 2015. Compartió con su madre una pizza de tomate y pimiento. Después, se preparó para ir al gimnasio y empezó a sudar en la elíptica. Cuando llevaba media hora, empezó a sentirse mal: "Me empezaron a llorar los ojos y me costaba un poco respirar. Cinco minutos después, tenía que hacer verdaderos esfuerzos por respirar. Me miré en el espejo y vi que tenía la cara y los ojos hinchados".

Joe O'Leary fue llevado a la sala de emergencias médicas y le tuvieron que tratar con esteroides y antihistamínicos. Sufría una grave reacción alérgica, pero no solo por lo que había comido, sino por la combinación de comida y ejercicio. Los especialistas no tardaron en diagnosticarle un extraño síndrome de anafilaxia inducida por ejercicio, una afección por la que solo sufriría anafilaxia (una reacción alérgica grave) si comiera tomate, pimiento, soja o frutos secos y posteriormente hiciera ejercicio físico.

Sufría una grave reacción alérgica, pero no solo por lo que había comido, sino por la combinación de comida y ejercicio.

El síndrome de anafilaxia inducida por ejercicio fue descubierto en 1979 y probablemente afecta a 50 de cada 100.000 personas. Aunque en la actualidad los alergólogos son más conscientes que nunca de esta afección, los investigadores siguen sin saber exactamente por qué se produce, según explica María Castells, alergóloga del Hospital de Brigham y de Mujeres, en Boston.

Entre el 30% y el 50% de quienes padecen este síndrome solo sufren la reacción alérgica si combinan determinadas comidas y ejercicio. Otras personas solo si combinan ejercicio intenso con medicamentos como la aspirina. Algunas mujeres solo lo sufren durante la menstruación, cuando sus estrógenos están en su pico más alto, pues estas hormonas pueden enlazarse a las células que intervienen en las reacciones alérgicas. "Existen diversas razones que pueden explicar el fenómeno. En algunas ocasiones la causa es simplemente el ejercicio en sí", explica María Castells.

Algunas mujeres solo lo sufren durante la menstruación, cuando los estrógenos están en su pico más alto.

La cantidad de ejercicio necesario para desencadenar la reacción alérgica también varía de una persona a otra. Por lo general, una persona que está más en forma tiene que hacer más ejercicio hasta causar la anafilaxis que otra persona que no esté en forma. Y puede ser prácticamente cualquier tipo de ejercicio el desencadenante: correr, bailar, ir en bicicleta... aunque no hay ningún caso registrado de este tipo de anafilaxis tras hacer natación, apunta la alergóloga.

Todavía no resulta del todo claro qué es lo que provoca la relación entre hacer ejercicio y sufrir anafilaxis. Actualmente existen diversas teorías relacionadas con los cambios fisiológicos que se producen en el cuerpo al hacer ejercicio. Por ejemplo, que el aumento del flujo de sangre quizás agite las células inmunitarias por todo el cuerpo. También se baraja que determinadas proteínas del intestino modifiquen su comportamiento durante el ejercicio físico de tal forma que, al juntarse con ciertos alimentos, provoquen una reacción alérgica. O puede ser que, como la actividad física acelera la absorción de nutrientes, más alérgenos consigan abrirse paso en menos tiempo.

Sin embargo, las anteriores teorías son difíciles de demostrar, ya que es una situación compleja de reproducir en un laboratorio. "No hay modelos de ratón para poner a prueba esas teorías, y humanos tampoco. Hay varios grupos de investigación tratando de desarrollar un modelo, pero necesitan más tiempo", señala María Castells.

Afortunadamente, el diagnóstico es muy sencillo. Una vez que los pacientes saben qué les ocurre, sus síntomas pueden tratarse del mismo modo que el resto de alergias: evitar aquellos alérgenos (alimentos o medicamentos) que desatan la alergia al hacer ejercicio y llevar siempre encima una inyección de epinefrina. "Se ha avanzado mucho en el conocimiento clínico de esta afección, así que ahora es un síndrome muy conocido".

Joe O'Leary no recibió precisamente una avalancha de información tras serle diagnosticado ese síndrome, pero al menos su alergólogo supo explicarle lo esencial. Para lidiar con ello, el joven eliminó de su dieta todos los alimentos que podían inducirle una reacción alérgica. Aunque podría evitar la anafilaxis simplemente esperando a digerir por completo los tomates o los frutos secos, prefiere evitarlos del todo. Prefiere sacrificar el kétchup antes que arriesgarse a sufrir otro episodio.

Este artículo fue publicado originalmente en Popular Science, apareció posteriormente en el 'HuffPost' Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.