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La Fuerza ha despertado

17/12/2015 08:20 CET | Actualizado 16/12/2016 11:12 CET
RAFA GARCÍA DE LA MATA

Es difícil saborear una película que marca época. Sólo cuando el éxito la encumbra, recuerdas aquel momento y piensas: "Yo estuve allí". La guerra de las galaxias fue de las pocas excepciones. Aquellos que la disfrutaron en cine por primera vez, sin haber visto antes nada igual, hablan del impacto inolvidable de los cinco primeros minutos. Y la película fue histórica, de eso no cabe duda.

J.J. Abrams lo sabe, George Lucas lo sabe, y los fans de la saga lo sabemos. Así que, cuando el primero nos ha presentado El despertar de la Fuerza, sabe que está revisitando la historia del cine, y haciendo mella una vez más.

Comparar el episodio VII al IV es ridículo porque la euforia que ha despertado la nueva está en deuda con sus predecesoras. Incluso con la segunda trilogía, porque Abrams se enfrentaba a un gran número de fans que llevaban muchos años decepcionados. Y se enfrentaba de lleno a la generación de fans que las precuelas crearon, porque quería recuperar a los personajes que dieron la identidad a la saga.

Para ello, ha construido una historia medida con minucia y escrupuloso detallismo, que reconecta con aquellos fans que pedían ser satisfechos tras el fiasco de la trilogía precuela, y con una nueva generación que ha conseguido congraciarse con una historia que ya es clásico.

Es un homenaje

Cuando estés en el cine viendo El despertar de la Fuerza, si tienes cierta sensación de déjà vu, no es sólo porque salgan los personajes de las antiguas películas. Abrams se ha estudiado la cinematografía de la primera trilogía y la ha homenajeado para que los fans se sientan como en casa.

En primer lugar, el montaje de las escenas cambia de ritmo de un modo al que nos tienen poco acostumbrados los títulos de aventuras o acción modernos. Incluso recupera las tan pasadas de moda cortinillas, que han quedado sólo para el uso doméstico o las comedias pero que son un sello inconfundible de Star Wars.

En segundo lugar, los personajes. El homenaje en este punto es obvio, pero Abrams sabe qué cuerda tocar en el momento apropiado para que aquellos que son verdaderos fans de las películas tengan ese momento privado, esa emoción que sólo se puede sentir cuando ese personaje dice esa frase. Los fans lo entenderéis.

En tercer lugar, el manejo de la cámara. ¿Os acordáis de esos planos frontales en la cabina de los X-wing?

plano despertar fuerza

El calco de planos de las antiguas trilogías no se queda en los pilotos, aunque sí son los primeros en despertar la memoria.

En cuarto lugar, los escenarios y las criaturas, que son los mismos sin serlos. Veréis desiertos, paisajes nevados, naves con suelo de espejo y cantinas. Cantinas llenas de caras conocidas.

En quinto lugar, Abrams recupera al antagonista de la primera trilogía, el Imperio, convertido en la Primera Orden. En la segunda trilogía, Lucas trató de trazar unos malos más acorde a los tiempos: la Federación de Comercio; el poder en la sombra; el títere político en que convierte a Anakin.

Pero Abrams vuelve a los miedos de la segunda mitad del siglo XX, cuando el enemigo se perfilaba como un Estado autoritario, dictatorial y con reminiscencias del fascismo, en el que el simple ansia de poder y destrucción es lo que mueve a los villanos. Es una forma de volver a un maniqueísmo que se aleja del todo de los productos actuales, y mantiene cierto aire de ingenuidad que nos devuelve a una sala de cine de los años ochenta.

Por último, y es donde la cosa se pone más interesante, está el guión. No voy a hacer spoilers, pero sí puedo decir que la fórmula de Star Wars está escrita, y es la base de El despertar de la Fuerza. Hay situaciones calcadas de la antigua trilogía, escenas sacadas de Una nueva esperanza y arcos de personaje que ya vimos en El Imperio contraataca. Pero a la mezcla se han añadido nuevos ingredientes y se han cambiado de orden. De forma que, cuando Abrams juega con lo que ya sabes, termina por demostrarte que no sabes nada.

No todo es igual

El despertar de la Fuerza puede entenderse como fan service (productos hechos por fans, para fans), juzgando los aspectos ya expuestos. Abrams era consciente de la decepción que había causado la segunda trilogía, y la había sentido él mismo como fan. De modo que quiso sacar el verdadero jugo que ofrecía el universo creado por Lucas, y devolver a los fans aquello que habían esperado tanto tiempo.

Pero no ha dejado en el olvido al resto de espectadores, los que no conocen la historia de Luke, Han y Leia al dedillo. Ha intentado atraer a nuevas generaciones de fans.

Para empezar, aunque el uso de marionetas para muchos (muchísimos) de los personajes forma parte de ese homenaje de Abrams a la trilogía clásica, tampoco faltan los seres creados digitalmente. Andy Serkis se presenta como máximo exponente de la técnica que le diera fama en El Señor de los Anillos interpretando a Gollum, para repetir una función similar en el episodio VII.

Por otro lado, Abrams ha abrazado lo que la trilogía original solo apuntó, que son los personajes femeninos fuertes. Leia se presentaba como una princesa excepcional, capaz de valerse por sí misma, guerrera y con iniciativa propia; pero Abrams amplía el abanico de mujeres en su historia: hasta cuatro personajes femeninos forman parte importante del guión, heroínas y villanas, cada una con motivaciones propias alejadas del romanticismo o la maternidad.

Los nuevos personajes, en interacción directa con los antiguos, permiten ver la diferencia generacional con más claridad. Han Solo sigue siendo un chulo, y Leia, solemne. Pero lo que definía a estos personajes y los hacía tan carismáticos, aquí se presenta obsoleto, a la vez que tierno, como unos padres que hablan de la tele de dos canales o los viajes a la playa en seiscientos: anticuado, pero entrañable.

El despertar de la Fuerza ya ha marcado una época. Tras un año de tráilers, información constante a cuentagotas y unas expectativas tan altas que rozaban el ridículo, ya se ha colocado en un podio sin haberse estrenado siquiera. Pero, si los espectadores esperábamos una vuelta a los orígenes y una nueva saga de aventuras trepidante, Abrams ha sido mucho más ambicioso. Se ha revelado como un autor que quiere que su obra sea recordada, y la única forma de hacerlo era trastocar los cimientos de la saga del cine más importante de la historia. Ha cogido el testigo que nadie se atrevía a coger, y ha demostrado que es el director adecuado para reinventarlo.

Si no me creéis, sólo os haré una pregunta: ¿recordáis la frase "yo soy tu padre"? Creedme, recordaréis El despertar de la Fuerza.