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Jugar al enroque

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Recuerdo un Campeonato de España de Ajedrez, allá por el año 1990. Yo tenía 12 años y estaba disputando una partida con un jugador que triplicaba mi edad. Después de casi dos horas de contienda, y certificada mi derrota, recogí mi hoja de anotaciones y me marché a casa. Una vez descansado y atemperados los ánimos, mi padre y yo procedimos a reproducir la partida para analizar lo sucedido que, entre otras cosas, daba fe del enroque largo que utilizó mi rival en el transcurso del juego. A pesar de las dificultades para abordar aquella jugada, llegamos a la conclusión de que, al final, podría haber forzado las tablas de haberme mantenido firme en la repetición de una secuencia de movimientos.

El ajedrez tiene la peculiaridad de ser un juego donde impera la toma de decisiones que, en cierto sentido, pueden ser extrapolables a otros ámbitos. Fue el excampeón mundial, el ruso Gary Kasparov, quien escribió hace unos años un libro titulado Cómo la vida imita al ajedrez y, visto el panorama político de nuestro país, cualquiera diría que aquel título no podría resumir mejor lo que estamos viviendo estos últimos meses: un tablero político en el que juegan, al menos, cinco o más contendientes, y cuyo desenlace todavía parece lejos de llevarse a cabo. Valoremos la situación de cada uno de esos jugadores en relación con el tablero y sus posibilidades dentro de la partida.

Partido Popular

Es el menos dañado de las dos patas que configuran el bipartidismo español. De hecho, parece que el tiempo corre a su favor. La actual situación de stand by institucional hace que, paradójicamente, no estén tomando medidas significativas para atajar el déficit, y eso hace que disminuya su percepción entre la gente como el partido de los recortes. La situación económica, que es lo que más preocupa a la sociedad española, parece haberse estabilizado momentáneamente y, mientras siga en la misma tendencia, ellos son los principales beneficiados.

Además, parecen mantener una característica propia de la época del rodillo del bipartidismo, y es que todavía tienen capacidad para seducir y recuperar a sus exvotantes. No tienen prisa por mover ficha si no se dan las condiciones, porque recuperar 10-15 escaños en unas nuevas elecciones podría darles la opción, esta vez sí, de gobernar de manera estable en coalición con un segundo.

Intentará ganar la partida pero sin arriesgar demasiado, sabedor de que unas terceras elecciones podrían volver a beneficiarle.

Partido Socialista

Hasta ahora ha sido el que peor lo ha tenido, pero ha mantenido su segunda posición, más por deméritos de los demás que por méritos propios. El votante que tenía que marcharse ya lo ha hecho y los que quedan representan a los segmentos más convencidos y duros del partido. Aun con todo, y si quiere tener esperanzas de ir recuperando a parte de su electorado, no le queda otra que mantener su actual posición del "no" a Rajoy y tentar a Podemos para formar gobierno.

Podrían buscar también un enroque en toda regla para intentar forzar tablas e ir a una nueva partida que desatasque la situación de los dos escenarios post elecciones generales. Incluso una victoria rotunda del Partido Popular, con ellos manteniendo la hegemonía en la oposición, sin haber tenido que apoyar activa o pasivamente su investidura, podría ser una buena noticia y un buen punto de partida para recomponerse y organizarse de cara al futuro.

Unidos Podemos

Juega en su contra el cansancio y el hastío político que unas terceras elecciones generales consecutivas tendrían en el conjunto de la sociedad española, así como la desmoralización y la sensación que supone que te ubiquen continuamente como el tercero en discordia. Cada proceso electoral que es celebrado cuenta en el 'debe' de Unidos Podemos como una legislatura completa de cuatro años, en términos de percepción de novedad y frescura en las instituciones.

Podemos depende sobremanera de sus alianzas, las cuales suponen, prácticamente, la mitad de sus votantes. Ha basado su crecimiento del último año en las sopas de siglas y se mantiene hipotecado con una serie de compromisos programáticos, especialmente en las comunidades autónomas con aspiraciones soberanistas que, de no salir adelante en un periodo razonable de tiempo, pueden acabar por hacerles perder fuerza ante partidos de corte nacionalista y de índole mucho más autóctono.

Apenas tienen margen de crecimiento hacia la derecha del espectro político y, a su izquierda, ya lo han copado prácticamente todo, salvo algunos resquicios de índole nacionalista y soberanista.

Evitar unas terceras elecciones generales, mejor si puede ser con un gobierno en coalición con el PSOE, por aquello de intentar visibilizar cambios, les daría aire para poder organizar su funcionamiento interno y reconfigurar su nueva estrategia que, si son coherentes, debería estar protagonizada por nuevas personas. No resultaría creíble ni efectivo que los mismos cabecillas sirvan para desarrollar una estrategia, la del carril rápido, y la contraria, la del carril lento. Son los que más necesitan mover ficha.

Ciudadanos

Conforme el Partido Popular se recupera, más votos pierden. De la misma manera que Podemos, necesitan reconfigurar su estrategia para un nuevo ciclo porque, con cada nueva elección, ya no parecen tan frescos. El problema es que este tiempo de transición corta entre procesos electorales no permite desarrollar cómodamente el proceso de organización de la formación.

Han cometido errores de comunicación estratégica que les han limitado crecer también entre los votantes de izquierda, y se han ubicado en una posición difícil de mantener en el tiempo por su peligro de volatilidad entre el electorado. Su mejor opción, esperar la llegada de tiempos mejores, es el enroque y el hecho de primar un juego defensivo. No les convienen unas terceras elecciones.

Partidos nacionalistas

Resulta injusto meterlos a todos en el mismo saco, pues cada uno de ellos tiene sus propias peculiaridades. En líneas generales, podríamos decir que han cobrado una gran importancia debido a lo apretado del resultado de las elecciones. Vendrían a ser como aquel peón que está cerca de llegar a la última línea del tablero y convertirse en una pieza valiosa.

Podemos considerar que existen dos bandos aquí: las derechas nacionalistas y las izquierdas soberanistas. Ambos parecen dispuestos a rechazar un gobierno con Rajoy de presidente pero sorprende, especialmente en el caso de los segundos, que no ofrezcan más facilidades para apoyar la formación de un gobierno de corte progresista. La actual situación les conviene porque están en situación de exigir sacrificios de fichas valiosas a cambio de su apoyo, pero unas terceras elecciones podrían desplazar su posición relevante hacia la marginalidad si los grandes partidos no les necesitan.

Haciendo balance de la situación, podríamos decir que a cualquiera de los dos grandes partidos, PP y PSOE, podría beneficiarles la celebración de unas terceras elecciones generales. El relato que ya ha empezado a instalarse y que cada vez cobrará más fuerza, el de la necesidad de estabilidad institucional, unido al previsible hartazgo de la sociedad española ante la falta de acuerdos, configuran un escenario favorable para los partidos clásicos.

El pronóstico más probable es el de la celebración de unas nuevas elecciones en el mes de diciembre. El resultado de las mismas dependerá, en buena medida, del análisis de los cuadernos de notas de la primera y segunda partida, así como de los resultados de las elecciones autonómicas en Galicia y País Vasco, que serán especialmente influyentes para las nuevas formaciones políticas.