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El error de Raymond Kurzweil

18/11/2013 07:18 CET | Actualizado 17/01/2014 11:12 CET

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Raymond Kurzweil en la Universidad de Stanford en 2006. Foto: Null0/Wikipedia.

La humanidad ha suspirado siempre por la inmortalidad. Estamos diseñados para la vida, por eso nos gustaría vivir para siempre. Lamentablemente nuestro diseño incluye también un patrón de desconexión, llevamos la muerte escrita en nuestros genes. Durante miles de años las religiones han alimentado esta necesidad de intemporalidad con dogmas y creencias que la garantizaban, previo pago o cumplimiento de ciertos requisitos morales o económicos. Este sistema ofrece consuelo cada vez a menos gente. Por eso muchos miran a la tecnología, la ciencia y la medicina con ojos suplicantes. Esperan que esta nueva religión laica colme su necesidad de transcendencia. Ray Kurzweil es uno de los pensadores que destaca en este nuevo paradigma. Como futurista espera que la tecnología sea capaz de sellar para siempre ese viejo pecado original que nos condenaba a la desaparición. El éxito increíble que ha cosechado en su carrera indica lo bien aceptadas que han sido sus palabras.

En mi opinión el señor Kurzweil cometió un error de estimación. Independientemente de que muchas de sus predicciones se terminarán cumpliendo (conexión mente-máquina, ciborgs, nuevas formas de integración con la información, adelantos biomédicos...), el desarrollo tecnológico no podrá añadir al ser humano algo que necesita casi tanto como el oxígeno que respira: sentido. ¿De qué nos serviría gozar de una vida infinita sin sentido? Este valor efímero tiene paradógicamente un enorme peso específico en nuestra existencia. Como lo tiene la conciencia del momento presente. Ambas cualidades son ligeras y sutiles, ambas nos convierten o no en humanos plenos. Una persona dormida o sin sentido no puede estar en plenitud.

Me parece correcto que el señor Kurzweil aconseje a la gente que se cuide, que coma bien, que haga ejercicio (también que consuma los productos de parafarmacia que su empresa comercializa). Desde mi punto de vista de médico general puedo decir que la gente común necesita también otras cosas como escucha, comprensión, apoyo, silencio, reposo, ilusión, alegría, contacto físico, belleza... Necesita recomponer su visión de la vida que en muchas ocasiones se ve velado por las dificultades cotidianas o los problemas de salud. A las personas corrientes ser eternos no les va a arreglar la vida. Tener sentido en sus vidas y conciencia del presente, saber encontrar ese poquito de paraíso que cada día nos ofrece seguro que por lo menos les hará la vida más llevadera.