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La señorita Prim, en busca de la vida sencilla

18/05/2013 10:25 CEST | Actualizado 17/07/2013 11:12 CEST

Natalia Sanmartin Fenollera: "La tradición es muy importante en todos los órdenes".

Nos hemos citado en un hotel céntrico de Madrid un día primaveral de mayo para hablar de su novela, El despertar de la señorita Prim, un cántico a la vida sencilla y a la importancia de los valores clásicos de la belleza, la armonía y el término medio.

Natalia Sanmartin Fenollera llega puntual, vestida con unos jeans oscuros, una blusa gris y unas manoletinas planas en leopardo. Esta gallega nacida en La Estrada, Pontevedra, en 1970, luce una sonrisa sincera y amable que no pierde ni un instante durante toda la entrevista, y eso que tiene la agenda cargada de citas y encuentros con los medios de comunicación. Confiesa con cierta ironía que todo esto va en contra de su manera de entender la vida, pero no le queda más remedio que compaginar la intensa promoción del libro con su agotador trabajo como jefa de opinión en Cinco Días donde ejerce como periodista desde hace más de una década.

Redactada a lo largo de dos años, El despertar de la señorita Prim es su primera novela, una historia luminosa, escrita con suma delicadeza, que cuenta la llegada de Prudencia Prim a un pequeño pueblo misterioso donde el tiempo se ha remansado, la ferocidad del mundo moderno ha quedado apartada y sus habitantes andan en busca de una vida sencilla y rural.

En apenas un mes ha vendido ya los 10.000 ejemplares de la primera edición. Gracias al denodado esfuerzo de su agente, Palmira Márquez, a quien conoció a través de la escritora Blanca Riestra, la novela la ha publicado Planeta en España y en la pasada feria de Frankfurt sus derechos fueron vendidos para ser traducida a seis idiomas y distribuida en más de 70 países.

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La escritora y periodista Natalia Sanmartin en un hotel de Madrid. Foto: S.V.

Es llamativo que una primera novela haya tenido tanto éxito previo a su lanzamiento, ¿era lo primero que escribías?

Tengo escritos cuentos y algún ensayo menor pero, en realidad, es mi primera novela. En la decisión de sentarme y escribir tuvo mucho que ver mi agente, Palmira Márquez, que es como una especie de hada madrina, mágica, entusiasta, apasionada de la literatura y que entendió muy bien el libro desde el principio, pese a que yo tenía muchas dudas de que se comprendiese correctamente. Ha hecho un trabajo excelente con Planeta y con el resto de las editoriales internacionales. Recuerdo la angustia y la inquietud que sufrí cuando le envié el libro. Fue una tarde eterna y al final me envió un mensaje donde me decía: "Maravilloso". Y ahí arranca todo.

¿Crees que las expectativas que se han generado con esta primera novela te podrían pesar para un próximo libro?

Ahora mismo no pienso en una próxima novela. Hago las cosas cuando estoy preparada para hacerlas, ni antes ni después. Y en este momento tengo muchos frentes abiertos que tengo que ir gestionando: mi trabajo en el periódico, la promoción de la novela, las traducciones que saldrán el año que viene... Escribir requiere reflexión, tiempo y silencio.

En el libro se dice que los hombres escriben para ambos sexos, mientras que las mujeres dirigen sus libros a las mujeres. ¿A quién va dirigida esta novela?

A todo el mundo. Hoy existe una distinción muy marcada entre la literatura masculina y femenina. Las editoriales saben que la mayoría de los hombres leen ciencia ficción e historia, y las mujeres novelas de ficción. Se da la paradoja de que en el siglo de la igualdad la literatura parece estar más polarizada que nunca.

Lo cierto es que las mujeres leen más que los hombres, o eso dicen las estadísticas.

Eso es cierto. Las mujeres leen más. De hecho es extraordinario ver la cantidad de blogs, páginas webs y publicaciones dedicadas a la literatura hechas por y para mujeres. También es verdad que las mujeres y los hombres tenemos sensibilidades distintas y nos acercamos a la literatura de forma distinta, lo cual no significa que sean cosas excluyentes, ya que nuestra visión de la realidad es totalmente complementaria.

¿Cómo has conseguido compaginar la creación de la novela con tu trabajo como periodista?

Escribiendo los fines de semana y en vacaciones, y no siempre. Ha habido meses en que no he tocado el libro, porque estaba en otras cosas o simplemente porque estaba agotada. Por eso me ha llevado dos años. No sé cuánto habría tardado si me hubiera dedicado de lleno a escribirla.

¿Cómo surge esta historia?

No soy de esos autores que planifican y estructuran las novelas. Simplemente tenía la idea de lo que quería contar y la visión del mundo que quería construir. Para ello, creé dos personajes: ella, la señorita Prim, que es el prototipo de la persona preparada, altamente cualificada, moderna, con las cosas claras, muy pasional y sentimental. Y él, el hombre del sillón, que representa el lado racional, el amor por la tradición y el pensamiento. Y en torno a ellos surgió el pueblo, San Ireneo de Arnois, que es un trasunto de aquellos pueblecitos de la vieja tradición europea, y que he ubicado en el norte de Francia, que puede representar el centro de Europa. A partir de ahí todo el proceso tiene algo de mágico, y es que todo eso que se dice de que los personajes cobran vida es verdad. Hay algo fascinante en esa idea, que sostenía J.R.R. Tolkien, de que el autor se convierte en un pequeño dios, un creador de su propio mundo, de unas normas y unas reglas que cuando las pones a funcionar van solas. Yo quería contar una historia que invitase a la reflexión, a recuperar tesoros del pasado, a buscar ciertas respuestas en la tradición. La tradición, para mí, es muy importante en todos los órdenes, y en el caso de la literatura es fundamental.

¿Cuánto hay de Natalia Sanmartin en la señorita Prim?

Hay bastante más de mí en el hombre del sillón que en Prudencia Prim, aunque en la señorita Prim hay esa sensibilidad hacia la belleza y la delicadeza, ese gusto por las cosas sencillas, que son muy mías.

¿Qué autores te han marcado o influido como lectora?

Hay muchas influencias literarias y de pensamiento en el libro. Me gusta mucho, por ejemplo, la literatura inglesa del siglo XIX, Jane Austen, sobre todo, Elizabeth Gaskell, Wilkie Collins, Charlotte Brönte... También hay guiños a Elizabeth Von Arnim y a Salinger. Del pensamiento, destacaría a John Henry Newman, C. S. Lewis, Ronald Knox, Chesterton y, desde luego, toda la patrística, esos textos de los primeros siglos de los Padres cristianos, que son maravillosos.

¿Se te ha pasado por la cabeza dejar el trabajo y dedicarte de lleno a escribir?

Esas cosas siempre se te ocurren, pero por el momento voy poco a poco. Me gusta mucho mi trabajo en Cinco Días y es muy absorbente. Lo que quizá me gustaría es tener más tiempo, eso sí.

Tú que trabajas en un periódico económico, dime, ¿cuándo crees que saldremos de la crisis?

Esa es una pregunta muy difícil. Estamos viviendo una etapa muy dura. Hay algunas señales de luz que empiezan a verse a nivel macroeconómico, pero tardarán en tener sus efectos en el empleo. Soy realista, creo que todavía nos queda mucho, aunque estamos en el camino.

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