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Presupuestos, estiba y mayorías parlamentarias

06/04/2017 20:08 CEST | Actualizado 10/04/2017 07:19 CEST

EFE
Un grupo de estibadores asistieron a la sesión del Congreso en la que se rechazó el decreto de la estiba presentado por el Gobierno.

El pasado 16 de marzo la noticia política del día fue sin duda la derrota del Gobierno, y muy particularmente el ministro De la Serna, que la encarnó en soledad en su escaño, con la ministra Báñez evitando la foto -cuanto pudo- en el gallinero. Pero los titulares, que se hacían eco de lo evidente, no alcanzaron a atisbar la profunda dimensión que esta derrota tenía para la legislatura y el equilibrio de fuerzas en el Congreso.

Y es que la precaria aritmética parlamentaria sobre la que se sustenta el PP se ve condicionada sistemáticamente por tiempos y fuerzas que no controla. Efectivamente, no se comprendería la heterodoxa correlación de fuerzas que tumbó el decreto de la estiba si no supiéramos del paralelismo de las comprometidas situaciones de PNV y PP para aprobar sus respectivos presupuestos; sin recordar el clímax de la confrontación entre el PDCat -antigua convergencia- y el PP, que difícilmente podrán volver a votar juntos hasta que se hayan celebrado elecciones en Cataluña; y finalmente, pero no menos importante, sin atender a la particular situación interna del PSOE.

El proceso de crisis interna que vive el PSOE, en el que el significante "izquierda" está en disputa, ha forzado a los distintos contendientes a posicionarse del lado de los trabajadores y trabajadoras de la estiba. Evitar ser identificado con el PP contra los trabajadores era una prioridad de primer orden para los tres contendientes de las primarias, una prioridad a la que se supeditaron el resto de intereses y presiones.

Paradójicamente la debilidad actual del PSOE es el peor enemigo para el PP, fundamentalmente porque un PSOE condenado a mirarse en su propio triple espejo durante este proceso de primarias ve seriamente dificultado su margen de maniobra para asumir las contradicciones que le podría suponer respaldar propuestas políticas del Gobierno y reforzar la imagen de muleta de éste que se dio en la investidura.

El PSOE podría explorar la senda de recuperar la iniciativa política de la que ahora adolece, apostando por acaudillar esta "nueva mayoría" simbólica de los 176.

Pero quizá lo más importante del gráfico 176 a 174[1] que se dibujó el 16 de marzo en el hemiciclo es que sitúa en el "nuevo" campo mayoritario la iniciativa política, y con ello la posibilidad de gobernar desde el Congreso. A partir de aquí se abren varios escenarios.

Por un lado el PSOE podría explorar la senda de recuperar la iniciativa política de la que ahora adolece, apostando por acaudillar esta "nueva mayoría" simbólica de los 176, buscando angostar el espacio político de Unidos Podemos. Pero bien pudiera ser que en este partido se impusiera la apuesta por clausurar esta particular aritmética con el fin del ciclo electoral interno, inclinándose por respaldar al PP en lo esencial y abdicar de su responsabilidad política en esta legislatura.

En cualquiera de ambos casos el escenario es privilegiado para la recuperación de la iniciativa política por parte del grupo confederal de Unidos Podemos en el marco del simbólico bloque mayoritario -176- de la estiba. Efectivamente, sea quien sea el vencedor, en las primarias del PSOE se verá obligado a enfatizar -más o menos voluntariamente- su distancia respecto del PP y en este escenario las propuestas políticas que lleguen al hemiciclo serán pruebas de fuego permanentes sobre su posición.

Estamos por tanto ante una oportunidad inédita en nuestra historia parlamentaria. Articular la reedición del bloque de los 176 pudiera depender de que seamos capaces de hacer llegar al hemiciclo propuestas sencillas netamente coherentes con el consenso social imperante en nuestro país. El ejemplo de la derrota del PP hace unas semanas apunta a que merece la pena intentarlo.

Los presupuestos generales del estado pudieran ser una buena prueba para ello. Los números dan, repitamos la victoria de los y las trabajadoras de la estiba.

[1] En honor a la verdad a los 174 apoyos del decretazo de la estiba habría que restar los 32 de Ciudadanos, que precisamente para evitar el simbolismo de la derrota del bloque conservador prefirió desmarcarse en el último minuto

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