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Dos inéditos de Virginia Woolf, de cuando era una niña, muestran su lado más feliz

03/03/2017 15:00 CET | Actualizado 21/03/2017 07:30 CET

"Harriet me echó una bronca tremenda y al final me marché de casa molesto por su incesante parloteo. Proseguí mi camino hacia el río cuando vi un toro (o eso creía) con la cola erguida, los orificios nasales dilatados y ojos fieros viniendo hacia mí. Corrí hacia delante pero me caí al río. Entonces, como despertándome de mis miedos, vi que solo era un ternero, que estaba mucho más asustado que yo, corriendo hacia el río para beber. Huí a casa y subí a mi habitación por la parte trasera y me cambié de ropa. Estuve allí hasta la hora de cenar ya que no deseaba que Harriet me viera y se riese de mí por tener miedo a una vaca".

Es el humor, la ironía, la ingenuidad y la felicidad que aún habitan en una niña de 10 años llamada Adeline Virginia Stephen. Un pasaje de uno de los dos relatos inéditos en español de quien sería una de las escritoras más importantes e influyentes del siglo XX: Virginia Woolf (Londres, 1882–Sussex,1941). Esos primeros latidos literarios se titulanLas aventuras agrícolas de un cockney y Las aventuras de un padre de familia. Los acaba de editar Nórdica Libros con ilustraciones de Maite Gurrutxaga y traducción de Ainize Salaberri.

Aquellas palabras infantiles son los primeros tonos y sonidos de una voz cuya búsqueda de matices y profundidades enriquecería la literatura. En aquella semilla, la señorita Adeline relata las aventuras de un joven matrimonio en cuya narración ya revolotean los temas y la fina y aguda mirada de quien años después escribiría grandes obras comoLa señora Dalloway, Al faro, Orlando, Las olas y Una habitación propia.

Este pequeño libro muestra el debut literario de Woolf. Como si confirmara que el genio y el talento nacen con la persona y aflorará, sin importar las vueltas que dé el destino. Virginia Woolf empezó a escribir a los nueve años en el periódico que creó con sus hermanos para registrar los acontecimientos familiares: Hyde Park Gate News. Y, como todo buen periódico, tenía espacio para la creación. De esta manera, el 22 de agosto de 1892, Adeline Virginia y su hermano Thoby publicaron un cuento muy breve: Las aventuras de un cockney. Pero en el segundo capítulo "queda claro que es Virginia la que ha tomado las riendas del relato", escribe en el prólogo Ainize Salaberri.

Las peripecias de estos recién casados no solo revelan temas característicos de Woolf, sino que también "descubrimos un alma un tanto desconocida, sorprendente y risueña, que dista mucho de la imagen que se ha tenido de ella durante años", afirma Salaberri.

En aquel periódico familiar empezó Virginia Woolf. En sus páginas que relataban sucesos de la casa, de sus padres, hermanos y demás, la niña ya exploraba en el alma de las personas, indagaba en las escenas de la vida cotidiana y describía de manera reflexiva las relaciones entre los seres humanos, sobre todo las sentimentales al querer mostrar los eslabones que las unían y del material del cual estaban hechos.

WOOLF

Una niña que ya había leído a Shakespeare y revela un trozo de su futuro literario cuando escribe: "Me hubiese gustado que no hubiese elegido al bebé como tema de conversación pero recordé que había que aprovechar lo máximo posible su buen humor, así que le dije algunos de los nombres que sabía que más le gustaban, uno de los cuales era Alphonso. Ahora odio el nombre pero digo, de un modo filosófico, como Shakespeare: '¿Qué hay en un nombre?".

"Es obvio que en aquella niña existía una necesidad de escribirlo todo, de recordarlo todo, como si se anticipase al futuro: si lo escribes, parecía decirse, no existe despedida, la ida permanece. Porque esa es una de las características principales de Virginia: la necesidad de sobrevivir a través de la literatura", explica su traductora.

Porque en aquellas aventuras nada presagia la tristeza e incertidumbre y drama que minarían la vida de la escritora. Pero, a la vez, el futuro y sus consecuencias parecen asomarse en la mirada fina y la combinación de palabras para contar lo visible e invisible de emociones públicas y secretas.

Virginia Woolf es un clásico que en sus primeras voces deja traslucir el brillo futuro, de voz, estilo, conocimiento de los roles masculino y femenino y hondura en el duelo eterno de las relaciones de pareja:

"Cuando volví a casa descubri que era muy tarde para el té y que Harriet estaba muy enfadada conmigo, pues me dijo que los Robinson eran gente muy puntual y que podrían posicionar bien a Alphonso cuando fuese mayor. Me reí y le dije que muy probablemente ya estarían muertos y que también lo estaría Alphonso para entonces por lo que no podrían enchufarlo en ningún sitio y que llegásemos tarde a la cena, de todas formas, no les haría estar enfadados con Alphonso".

La vida de un clásico universal

Estos dos inéditos dan más luces sobre la vida de esta escritora y se suman a la novela A Virginia le gustaba Vita, de Pilar Bellver (Dosbigotes) y, sobre todo, a la biografía Virginia Woolf. La vida por escrito (Taurus), de Irene Chikiar Bauer.

Bellver recrea la relación entre la escritora inglesa y la aristócrata Vita Sackville-West, la cual habría inspirado en Woolf su famoso personaje de Orlando, de la novela homónima. Una historia sobre los fantasmas emocionales y sentimenales y cómo buscan abrirse paso entre los convencionalismos.

En la biografía, la argentina Irene Chikiar Bauer ha escrito la primera gran biografía en español de una de las escritoras que, desde el principio, quiso romper esquemas narrativos y dar voz a la Voz. Recorre la vida de Woolf y la manera como la gran narradora inglesa va y viene entre la ficción y la realidad, la verdad y la autobiografía para crear un espacio propio. Un libro que alcanza a asomarse a esos años felices o a ese espíritu feliz reflejado en Las aventuras agrícolas de un cockney y Las aventuras de un padre de familia, y recorre los años de formación, la metamorfosis de su vida y temperamento y los pasos que Woolf da entre sombras y luces hasta llegar a ser un clásico de la literatura universal.

La escritora argentina recuerda la manera como abordó en su biografía esos primeros aleteos de la autora inglesa: "En el Hyde Park Gate News la aparente objetividad del cronista, que se sirve de un lenguaje pretencioso y elaborado, siempre apunta a lograr la sonrisa del lector. Lo que se busca recrear es una atmósfera alegre y sugestiva; y son los noviazgos y lo que se denomina "mercado del matrimonio", temas propicios para la humorada. Refiriéndose a la visita de dos jóvenes casaderas, el cronista dice:

"Pero estamos bastante seguros de que Miss Stella Duckworth saldrá airosa, y se llevará un buen botín del "mercado del matrimonio".

Las cartas de amor entre supuestos pretendientes y la correspondencia entre padres e hijos reciben un trato similar. Pero además de estas notas de ingenio, Virginia comienza a escribir historias que continúan de un número a otro, a la manera del folletín, como la de un granjero cockney o la historia de un paterfamilias".

Es el genio de Virginia Woolf a los diez años. La ironía y el conocimiento de los lazos sentimentales y de pareja, de la sabia ingenuidad donde de verdad habita la felicidad:

"La reformada Harriet solo se rio y dijo de una manera nada desagradable: 'Otro típico estúpido error del hombre'. Me reí y le di un beso que ella recibió de la forma más cariñosa".

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Este artículo fue publicado originalmente en el blog del autor, el periodista Winston Manrique Sabogal, un espacio para conversar con sosiego sobre literatura, donde él es cronista de encuentros, reportajes y entrevistas a ambos lados del Atlántico, y los lectores son los coautores, con sus lecturas y comentarios.