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05/05/2015 12:30 CEST | Actualizado 15/11/2017 13:02 CET

Cuántas veces hay que lavarse las manos al día y cómo debemos hacerlo (VIDEO)

Lavarse las manos era el requisito fundamental para sentarse a la mesa cuando éramos pequeños. Tan fundamental que muchos recordarán tener que levantarse de la silla y dirigirse hacia el baño cada vez que respondían con un "no" a la eterna pregunta "¿Te has lavado bien las manos?".

Probablemente en esa etapa muchos no acababan de entender por qué era tan importante y necesario ese gesto. Pero hoy parece más claro, especialmente desde que en 2009 la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció el 5 de mayo como el Día Mundial de la Higiene de Manos, que se unió a otra causa similar, el Día Mundial del Lavado de Manos con fecha el 15 de octubre. La idea de una y otra celebración es la misma: concienciar a la población de la importancia de este movimiento. ¿Pero ha cuajado ya el mensaje o todavía es necesario explicar por qué es tan necesaria la higiene de manos? Y si no tenemos dudas al respecto, ¿sabemos de verdad cómo lavarnos las manos, cuántas veces hay que hacerlo al día y cuánto tiempo deberíamos invertir?

Lo primero es aclarar qué es la higiene de manos y por qué es tan importante. El apartado Seguridad del Paciente de la web del Ministerio de Sanidad la define como "un procedimiento cuyo objetivo es reducir el número de microorganismos que hay en la piel de las manos". Y continúa explicando que lavarse las manos es la "forma más sencilla y eficaz para evitar la propagación de las infecciones que se transmiten a través del contacto".

La doctora María Sainz, jefa del servicio de Medicina Preventiva del Hospital Clínico San Carlos de Madrid y presidenta de Fundación de Educación para la Salud (FUNDADEPS), lo explica de la siguiente manera: "La higiene [tanto de las manos como del resto de cuerpo] es el primer eslabón de la salud de una persona. Nos rodean microorganismos con lo que estamos en contacto constantemente. Si no llevamos una higiene adecuada, existe un mayor potencial de infectarnos, ya sea con nuestra suciedad o con la de otro". Esto se hace especialmente necesario en el caso de niños y ancianos ya que son más susceptibles a contagios: en el primer caso el sistema inmunológico está todavía formándose y en el segundo está más debilitado.

Aclarado su significado y su importancia, queda saber cómo debe ser un buen lavado.

ENTRE 7 Y 8 VECES AL DÍA

No hay una cifra exacta que marque el número de veces que tenemos que lavarnos las manos al día, pero sí un cálculo aproximado. "Las personas sanas deben hacerlo antes de cada comida y después de manipular productos que generen suciedad, en especial en lo referente a la higiene del baño", explica la doctora Sainz. Esto, haciendo un cálculo aproximado, significaría que habría que lavarse las manos una media de 7 a 8 veces al día. Siempre suponiendo que la persona no trabaja con focos de infección o que no se dedique a la manipulación de alimentos.

En esa lista de momentos que deben ir asociados a un lavado de manos se podría incluir también la elaboración de comida, la limpieza del hogar, el contacto con animales o incluso el uso del teclado del ordenador. "Es uno de los puntos que más bacterias acumula porque está en contacto directo con las manos", apunta Manuel Araujo, director general en España de la empresa de limpieza Helpling /a>. Con el teclado del ordenador pasa algo así como con la pantalla táctil del móvil: ambos están llenos de microbios.

Y habría que añadir un punto más a esta lista. La doctora Sainz apunta que es altamente recomendable lavarse las manos al llegar a casa: "Venimos de estar en contacto con cosas públicas que pueden estar potencialmente más contaminadas".

SIN EXCESOS NI OBSESIONES

Hay que limpiarse las manos, sí, pero tampoco se trata de excederse. El lavado obsesivo puede provocar un problema en la piel. Pasa exactamente igual que ocurre si nos duchamos más de lo conveniente. Un exceso de agua, fricción y jabón puede acabar por ser contraproducente: al fin y al cabo se está atacando al primer mecanismo que tenemos para defendernos de los agentes externos.

Las manos frente al resto del cuerpo ofrecen una mayor resistencia, de ahí que podamos lavarlas con más frecuencia. "Su piel es más fuerte y más estratificada, sobre todo la de la palma, por eso aguanta más lavados", aclara Sainz, a quien le gusta insistir en la mesura: "Los excesos pueden producir irritaciones en la piel. De ahí que en los trabajos que impliquen más higiene de manos se tenga muy controlado qué productos se usan y que haya un buen aclarado".

AGUA TIBIA Y JABÓN NEUTRO

Ni fría ni caliente, el agua con la que lavamos las manos debe estar a tibia. De esta forma se garantiza una mejor desaparición de las bacterias.

El jabón es también importante aunque actualmente la mayoría de los que se compran en droguerías o supermercados tienen pH neutro, por lo que no generan problemas. Lo recomendable en cualquier caso es utilizar jabón de pulsación —como el que encontramos en establecimientos públicos y cada vez en más casas— en lugar de la pastilla clásica. "En caso de que se apueste por éstas debe ser de forma doméstica e incluso a título personal", añade Sainz.

CINCO GESTOS

No es sólo frotar las palmas entre sí y listo. Para lavarse las manos hay que llevar a cabo cinco acciones. "La OMS lanzó una estrategia global para que la gente aprendiese a lavarse las manos y se basa en estas cinco acciones", explica María Sainz. Los movimientos serían:

  1. Frotarse las palmas de las manos entre sí entrelazando los dedos,
  2. Frotarse cada palma contra el dorso de la otra mano también entrelazando los dedos,
  3. Frotarse el dorso de los dedos de una mano contra la palma de la mano opuesta ,
  4. Rodear el pulgar izquierdo con la palma de la mano derecha, frotar con un movimiento de rotación y viceversa
  5. Frotar la punta de los dedos de la mano derecha contra la palma de la mano izquierda, haciendo un movimiento de rotación y viceversa.

En esta infografía lo puedes ver bien y también en el vídeo de arriba:

"También es importante prestar atención a las muñecas, sobre todo si las llevamos cargadas de pulseras ya que es un campo donde pueden acumularse las bacterias", añade Sainz. Y si usamos anillos es conveniente quitarlos para evitar que se acumule agua entre el anillo y el dedo, ya que luego es más complicado eliminar la humedad.

MUCHA AGUA

Cualquier lavado tiene que terminar con un buen aclarado. Su papel es fundamental no tanto para eliminar bacterias sino para evitar que aparezcan nuevas. "Usar mucho más jabón no significa que las manos se laven mejor, simplemente que el tiempo de aclarado deberá ser más para poder quitar todas las trazas", apuntan desde la web de Helpling.

Al terminar el proceso, justo antes de cerrar el grifo, el agua debe ser totalmente transparente: sin restos de jabón ni tampoco de suciedad. "Cuando un niño se lava las manos y mancha las toallas es que se las ha aclarado o mojado y no se las ha lavado bien", explica Sainz.

CUESTIÓN DE 20 SEGUNDOS

Todo este proceso no debe durar mucho. La doctora Sainz calcula que deben ser entre 20 o 30 segundos. "Hay quien dice que un lavado de manos tarda en hacerse lo que se tarda en rezar un Padrenuestro", añade. En menos de un minuto tendríamos una higiene completa. El Ministerio de Sanidad lo detalla en su web y explica cómo debe invertirse ese tiempo. "Para el lavado la duración de la frotación de las manos con agua y jabón debe ser de 15 segundos más el tiempo necesario para el enjuagado y posterior secado", explica este organismo.

SECARSE BIEN Y RENOVAR LA TOALLA

Lavar, aclarar y secar. El proceso en realidad consta de tres fases y todas son igual de importantes. Una vez cerrado el grifo no podemos salir del baño sin antes coger la toalla: de nada sirve una limpieza cuidadosa si no hay un buen secado, ya que las manos húmedas transfieren 500 veces más rápido las bacterias que las secas. De ahí que se recomiende secar bien tanto la palma como el dorso y el espacio entre los dedos.

Para secarse lo ideal sería hacerlo con una servilleta desechable, pero eso no va muy de la mano con el cuidado del Medio Ambiente. "En casa podemos usar una toalla perfectamente, aunque hay que cambiarla con frecuencia, cada dos o tres días, y es recomendable tener una por persona", explica Sainz. Desde Helpling añaden que el cuidado de ésta también es fundamental, y por cuidado entienden que se lleve a cabo un correcto secado. "Es importante colgarla bien y garantizarse que no queden arrugas para que así se seque bien", apunta Araujo. Las bacterias o gérmenes proliferan tanto en las manos húmedas como en las toallas mojadas.

PROHIBIDO EL DETERGENTE

Puede que tu jabón de lavar a mano diga en su etiqueta pH neutro pero no debes hacerle demasiado caso y usarlo como sistema para lavarse las manos. "Los detergentes son altamente alcalinos y hacen que piel se queme más fácilmente, además pueden producir urticaria o alteraciones", añade la doctora Sainz. Esto explica por qué es recomendable fregar los platos con guantes.

¿Y si no hay otra opción? Sainz es clara y tajante: "En caso de máxima necesidad podría llegar a utilizarse pero en dosis muy, muy mínimas". Además en esas situaciones el aclarado tiene que ser todavía mayor.

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