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06/02/2018 15:33 CET | Actualizado 06/02/2018 15:33 CET

Klimt más allá de 'El beso', siete cuadros que querrás descubrir

Se cumplen 100 años de la muerte del pintor austríaco.

Su estilo es inconfundible y su influencia a lo largo del tiempo es innegable. No sólo en el arte, sino también en la moda, donde diseñadores como John Galliano se han inspirado en sus dorados y en la ornamentación de sus cuadros para sus creaciones. Gustav Klimt fue uno de los mayores exponentes del simbolismo y su obra El beso es una de las piezas más icónicas de la historia del arte, tanto que ha trascendido las paredes del museo y es habitual ver láminas, llaveros, camisetas o tazas con la imagen de estos dos amantes.

A pesar de que El beso es su obra más conocida, Klimt tuvo una prolífica carrera en la que recurrió al desnudo femenino como fuente de inspiración. En el centenario de su muerte recopilamos siete cuadros que te gustará descubrir.

Danaë (1907)

Gustav Klimt, Wikimedia Commons

La figura de Danaë era recurrente para los artistas a principios del siglo XX, y se la consideraba el mayor símbolo del amor divino. En la pintura de Klimt aparece envuelta en un manto morado que representa su procedencia imperial. Según la mitología, su padre, el rey Argos, la encerró en una torre donde fue fecundada por Zeus, de ahí la cascada dorada que se plasma en el cuadro.

Se puede ver en la Galería Würthel de Viena.

Retrato de Adele Bolch-Bauer I (1907)

Gustav Klimt, Wikimedia Commons

La obra, también conocida como La dama de oro, fue un encargo del millonario Ferdinand Bloch-Bauer que promovió el trabajo de Klimt a lo largo de su vida. La mujer es su esposa, Adele Bloch-Bauer, a la que volvió a retratar y que ejerció como modelo para Klimt en otras ocasiones. La pintura da título a la película La dama de oro, protagonizada por Helen Mirren, en la que se narra la batalla legal de la sobrina de Bloch-Bauer para recuperar las obras legadas por su tía, entre las que se encontraba este retrato.

Se puede ver en la Galería Neue de Nueva York.

Judit I (1901)

Gustav Klimt, Wikimedia Commons

Se considera la primera obra de su período dorado y en ella se ensalza la figura de la heroína bíblica Judit como mujer fatal. El cuadro está cargado de erotismo y ornamentación y, además de oro, está rodeado por una cornisa de cobre creada por su hermano Greg, que trabaja como orfebre.

Se puede ver en la Galería Belvedere de Viena.

Las tres edades de la mujer (1905)

Gustav Klimt, Wikimedia Commons

La pintura representa el ciclo de la vida con las figuras de tres mujeres de edades diferentes, que son la parte central del lienzo, apoyadas en un fondo de poca profundidad. En la obra se aprecia el uso del color tan habitual en el trabajo de Klimt y puede encuadrarse dentro del movimiento Art Noveau por su técnica y su fecha de creación.

Se puede ver en la Galería Nacional de Arte Moderno de Roma.

La virgen (1912-1913)

Gustav Klimt, Wikimedia Commons

Las flores y los colores que recuerdan a oriente tienen un valor estético pero también simbólico, haciendo referencia a la psicología de la joven de la figura central. Las mujeres entrelazadas, unas dormidas y otras más despiertas, simbolizan el las etapas y la inconsciencia antes de convertirse en mujer. Al igual que en Danaë, sueño y sensualidad vuelven a darse la mano en la obra de Klimt.

Se puede ver en el Museo Nacional de Praga.

Serpientes de agua II (1904-1907)

Gustav Klimt, Wikimedia Commons

Klimt pintó el cuadro tres años después de Serpientes de agua, esta vez con una mayor carga sexual. No en vano, Freud otorgó tanto a las serpientes como al agua un significado sexual, algo que se potencia al entrelazarse las melenas de las mujeres con las algas. También se ha teorizado sobre el sentido onírico de la obra, como criaturas que se desvancen pronto.

Colección particular.

Muerte y vida (1915)

Gustav Klimt, Wikimedia Commons

El pintor austríaco terminó esta pintura en 1915, durante la Gran Guerra. El fantasma de la muerte acechaba Europa, y también a Klimt, que moriría en 1918. En la parte derecho vemos varias figuras amontonadas, creando un efecto de remolino que aporta movimiento a la pintura y hace referencia al caos de la vida y a la llamada danza de la muerte. Pese a la presencia de esta en la parte izquierda del lienzo, las figuras de la vida esperan con una cierta serenidad.

Se puede ver en el Museo Leopold de Viena.

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