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¡Ahora lo veo claro! Todo sobre mi operación de miopía

A pesar de que ya había tomado la decisión, no las tenía todas conmigo. Estaba nervioso...

Al final lo he hecho. Hacía tiempo que me rondaba por la cabeza, pero no acababa de verlo claro. Desde que hace años supe que podía corregirme la vista con solo una operación, lo tenía pendiente. Y ahora puedo tacharlo de mi lista.

La verdad es que me costó decidirme. Supongo que es normal tener dudas ante una cuestión así. Me daba respeto, quizá miedo, o lo consideraba innecesario. Y ahora me arrepiento de no haberlo hecho antes. Operarme la vista para eliminar la miopía y el astigmatismo que me acompañaban desde hacía 20 años ha sido la mejor decisión que he tomado.

Quienes me conocen saben que siempre que me rodea algún asunto relacionado con la ciencia, la tecnología o la salud me gusta indagar sobre ello y explicarlo en el blog para que todos tengamos más detalles. Esta vez profundizaré sobre la operación que me permitió dejar de ser miope.

Disipar las dudas y decidirse

Creo que es lógico preguntarse acerca de los riesgos de la operación, no deja de ser una intervención quirúrgica. Además, soy muy aprensivo cuando tienen que trastear mis ojos. Por eso, analicé con calma los diferentes centros a mi alcance a los que podía recurrir. Suelo preparar bien los asuntos importantes. Y si están relacionados con la salud, más.

Finalmente, las dudas de la cirugía pasaron a un segundo plano cuando descubrí el Instituto de Microcirugía Ocular (IMO) de Barcelona. Con su forma de acompañarme en todo momento se ganaron rápido mi confianza. Y su experiencia y bagaje fueron determinantes. Tenía claro que, si me operaba, sería allí.

Me gustó que en IMO no solo se dedican a la cirugía refractiva, como la que me hicieron a mí, sino que también atienden patologías oftalmológicas importantes y urgentes con éxito reconocido a nivel internacional. Y esto, junto con los avances científicos que salen del propio instituto, me abrió los ojos sobre donde debía operarme.

Primera visita: diagnóstico y preparación de la operación

El 18 de junio de 2019 fui a la primera visita. A pesar de que ya había tomado la decisión, no las tenía todas conmigo. Estaba nervioso, aunque simplemente iba a ser un día de pruebas. Durante un par de horas, dos optometristas me hicieron varias revisiones para que el oftalmólogo determinase si era apto para operarme. La verdad es que me ayudó a calmarme el trato tan cercano y distendido. Y también el hecho de recibir información constante. Unos días antes ya me enviaron un documento por correo electrónico para que supiera qué me iba a encontrar en esta primera visita: aspectos a tener en cuenta, qué me harían, cómo es el centro y de qué dispone.

El examen oftalmológico fue un estudio completo, con pruebas preoperatorias incluidas, en el que midieron mi agudeza visual para saber cuántas dioptrías de miopía y astigmatismo tenía y la presión intraocular. Aprendí que una topografía corneal consiste en medir la curvatura y el grosor de la superficie de la córnea, la estructura exterior del ojo. Según me explicaron, esto es imprescindible de cara a preparar la intervención porque sirve para aplicar el láser con precisión.

“Y la pregunta del millón, la que todo el mundo se hace: ¿puedo volver a tener miopía o astigmatismo una vez operado de la vista?”

Esa tarde, en los paseos de una máquina a otra, también me hicieron un estudio de la histéresis corneal que, al parecer, sirve para saber el grado de resistencia y elasticidad de este tejido. En esta prueba, una máquina me insufló aire en el ojo para saber cómo se deforma la córnea ante una fuerza. El doctor que me trató, Daniel Elies, me ayudó a entender la importancia de esta prueba con una comparación: “Es como una pared. Hay que saber de qué está hecha, porque si es de un metro de ancha, pero es de mantequilla, no debemos tocarla.”

Lo más llamativo, y lo que más inseguro me hacía sentir, fue la dilatación de las pupilas con unas gotas. Quizá a algunos todo esto les parece escalofriante. O, al menos, a mí me lo parecía. Pero realmente es rápido y llevadero. Me daba más respeto y miedo de lo que fue. Solo hay que dejarse hacer.

La hora de la verdad: el láser elimina la miopía y el astigmatismo

El 11 de julio de 2019 llegué a IMO para operarme, pero antes repetimos las pruebas para corroborar los resultados de la primera visita. Inmediatamente después, me operaban. Desde que entré al centro hasta que salí operado pasaron unas tres horas. De hecho, dentro del quirófano estuve apenas quince minutos, en los que no dejé de recibir información para saber, en todo momento, qué iba a pasar. El médico, con mis ojos delante preparados para la intervención, no dejaba de anunciar, acertadamente para mi tranquilidad, qué iba a hacer: “ahora verás una luz verde y tendrás que seguirla”, “venga, aguanta doce segundos y ya estamos”, “ahora te estoy poniendo agua para limpiar…”

En realidad, no sé si son conscientes, pero estoy muy agradecido a Daniel Elies y al resto del equipo médico y administrativo porque me permitieron vivir el proceso con total tranquilidad y seguridad. Si en la primera visita estaba nervioso, hoy no iba a ser menos, pero de nuevo me sentí mejor después de pocos minutos allí. O quizá fue el calmante que me dieron antes de la intervención, ya que, además de las gotas de anestesia en los ojos, tomé una pastillita para sobrellevar mejor las molestias de las primeras horas y descansar el resto del día. Así, tendría los ojos cerrados el máximo de tiempo posible y los protegería de la luz y los mantendría húmedos.

¿Qué me hicieron? La cirugía basada en láser permite corregir defectos como la miopía, la hipermetropía y el astigmatismo. Lo que hace es alterar el grosor y/o la curvatura de la córnea y, con ello, su valor dióptrico. ¡Y así es como puedes dejar de llevar gafas!

Después de la operación, algunos cuidados y listo

Me preocupaba estar a la altura de las necesidades del postoperatorio, ya que implica ponerse gotas con frecuencia y no era muy habilidoso en ese sentido. Pero en tres días me convertí en un experto. Allí donde hubiera un espejo era un buen sitio para echarme gotas.

La recuperación de la cirugía también ha sido rápida. No tanto como la operación -que dura minutos- pero sí al compararla con todo el tiempo llevando gafas que se quita uno de golpe. Solo hace falta alrededor de un mes para ver perfectamente. Desde que salí del quirófano y hasta que pasaron unas cinco semanas se me fue aclarando la vista progresivamente. Día a día veía menos borroso. Esto se corresponde con el proceso de cicatrización.

Pero después de ese mes hay que seguir cuidando con mimo los ojos, por lo menos durante un mes más. Hay que ponerse gotas constantemente para mantenerlos hidratados y evitar frotarlos o exponerlos a situaciones perjudiciales (golpes, arena, viento…).

En dos meses he vuelto a 20 años atrás, cuando todavía no usaba gafas. Ya no me molestarán más las heridas que me dejaban las gafas en la nariz por el roce. Ni sufriré la incomodidad de llevar gafas cuando hago deporte, llueve, voy al parque de atracciones o me pongo el casco de la moto. Ni veré borroso e iré inseguro cuando vaya a la playa, la piscina o la ducha del gimnasio. ¡Ya no tendré que preocuparme más por eso!

Y la pregunta del millón, la que todo el mundo se hace: ¿puedo volver a tener miopía o astigmatismo una vez operado de la vista? Pues quizá sí, de aquí a unos años. O tal vez no. Depende de muchos factores que no se pueden controlar. Lo que sí está claro es que ahora mis ojos empiezan de cero, viendo correctamente. Y está comprobado que esto dura años. De hecho, lo que podría tener en un futuro es presbicia o vista cansada por la edad. Pero confío en que eso tardará en llegar. De todos modos, la vista cansada también puede operarse con láser…