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30/03/2019 09:08 CET

Lo que quiero que sepan las mujeres sobre los primeros días tras una cesárea

Las mujeres tenemos una capacidad sorprendente para superar marrones y el parto es solo un ejemplo de una larga lista.

KATE AULETTA

Como a la mayoría de las embarazadas, me habían hablado de las “maravillas” de la maternidad, pero no mucho sobre la realidad.

Desde el primer momento, querida lectora, quiero decirte que no me entusiasman demasiado esa clase de prácticas. Suelo pensar que el mejor planteamiento es la sinceridad, sobre todo cuando se trata de dar a luz a seres humanos, así que he decidido compartir unos pedacitos de mi conocimiento contigo: lo que sé sobre los primeros días de maternidad, los cambios terribles que sufre el cuerpo, la primera vez que haces caca y la primera e infernal vez que haces pis después del parto.

Con todo esto quiero decir que estamos a punto de ponernos realmente realistas.

A mí, que he pasado por varias cesáreas planeadas, la realidad me resulta completamente distinta de la de las mujeres que han pasado por una cesárea de emergencia, por no hablar ya de un parto vaginal. Esto es lo que sé que es verdad.

Irás al hospital con una bolsa adorable con las cosas que hayas decidido llevar. Si tus amigas madres han sido sinceras contigo, habrás hecho algo de espacio extra para meter bragas de rejilla posparto y no llevarás contigo nada que quieras volver a ponerte alguna vez en tu vida. Llevarás pantuflas cutres que puedas ponerte con facilidad, ya que ponerte calcetines supone demasiado trabajo para tu fluctuante temperatura corporal. Llevarás también una botella de agua vacía para rellenar.

Después de la susodicha cesárea, serás incapaz de sentarte sin sufrir un dolor tremendo que hará que las náuseas de después de la epidural sean aún más desagradables (sí, las arcadas son muy incómodas cuando no tienes musculatura abdominal con la que empujar). Aquí empiezan a complicarse las cosas: no puedes levantarte de la cama del hospital para coger a tu bebé cuando llora y alimentarlo. Si tienes suerte y tu pareja puede quedarse por la noche, podrá acercarte el bebé. Si estás en una habitación compartida y tu pareja no puede quedarse con tu bebé por la noche, se llevarán a tu hijo al cuarto de los bebés durante unas cuantas horas y te lo traerán cuando tenga hambre.

Después de la susodicha cesárea, serás incapaz de sentarte sin sufrir un dolor tremendo que hará que las náuseas de después de la epidural sean aún más desagradables.

Esa primera noche será la más angustiosa de tu vida.

Pídele a mi marido que cuente la conversación nerviosa que tuve con el personal médico cuando nuestro recién nacido tenía hipo. Llorarás, cundirá el pánico, sudarás y temblarás al mismo tiempo mientras te recuperas del trauma que supone dar a luz. Es horrible. Sin embargo, tan pronto como veas el sol filtrándose por la ventana al día siguiente (porque estarás despierta para verlo), respirarás hondo y te sentirás extraña pero infinitamente mejor.

En algún momento, probablemente durante el segundo día, vendrán a quitarte el catéter para “levantarte y ponerte en movimiento”. Sigue a los enfermeros hasta el fin del mundo. Si quieren quitarte el catéter pese a que estás disfrutando por primera vez en tu vida de la sensación de no tener que hacer pis, hazles caso. Ese primer pis que hagas, sin embargo, sí que será una experiencia extracorporal. Tú, que eres una mujer madura, tendrás que volver a aprender a hacer pis. Es una dosis de humildad plantarte delante de un retrete vestida solo con un camisón grande (el orgullo ya te lo dejaste aproximadamente en la quinta consulta de obstetricia y ginecología) con una enfermera cargada de paciencia sujetándote porque no eres capaz de sostenerte por tu propio pie. No te dejarán hacer pis hasta que no sea una urgencia, por lo que todo el proceso se vuelve incómodo. Es frustrante; también es muy cómico, pero ante todo, es doloroso. 

Esa primera noche será horrible y feliz y te darán ganas de llamar a tu madre un montón de veces para preguntarle si te ha perdonado por todo lo que le hiciste pasar.

Unos pocos días después, estarás de camino a casa. Tu pareja, o quien te lleve a casa en coche, nunca habrá conducido tan despacio en su vida y a ti te dará igual. Entrarás a casa prácticamente cojeando. Verás que todo sigue igual que antes, pero percibirás que algo ha cambiado. Al mismo tiempo, te parecerá enorme y pequeña. Te sentarás (despacio) con el bebé en brazos y pensarás: ¿Y ahora qué? Y entonces llorarás. O te quedarás sentada en silencio. Pero seguro que estarás aturdida. Esa primera noche será horrible y feliz y te darán ganas de llamar a tu madre un montón de veces para preguntarle si te ha perdonado por todo lo que le hiciste pasar.

Una cosa sobre salir de la cama (literalmente): antes de sentarte, simplemente rueda hacia el borde de la cama. Pídele a tu pareja que te coloque con cuidado más almohadas bajo la cabeza y utiliza los brazos para ayudarte a girar. Incorpórate despacio. Haz eso durante las próximas dos semanas más o menos antes de salir de la cama (o de cualquier asiento).

Y, por último, la primera vez que hagas caca. En el hospital te darán algún ablandador de heces todos los días. Tómatelo. Suavizará la experiencia. Cuando sientas las ganas, coge una revista, un libro, el teléfono, lo que sea, y llévatelo al baño. Tardarás un rato. No será agradable. Pensar en ello ya me provoca sudores. La buena noticia es que cada vez se vuelve más sencillo, así que no dejes de tomar el ablandador de heces.

Ya han pasado dos años desde mi último parto, también por cesárea planificada, de modo que en realidad esta solo es mi experiencia y no son instrucciones obligatorias. Quizá piensas que me tendría que haber olvidado de la mayoría de estos detalles por el paso del tiempo y por los años que llevo durmiendo poco, pero por desgracia, sigo recordándolo claro como el agua. Las mujeres tenemos una capacidad sorprendente para superar marrones y el parto es solo un ejemplo de una larga lista. No pretendo soltarte una charla, pero recuerda: tú puedes.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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