De ser “la mujer más fea del mundo” a famosa de Instagram

Fantaseaba con ser delgada para ser modelo o actriz, pero aunque dejara de comer yo no podía serlo... Pero he cumplido mi sueño.

Teletubbie, culo panadero... eran algunos de los apodos que los chicos de mi escuela e instituto me pusieron. Porque yo siempre fui una chica con curvas y con un gran trasero. No es que fuera rellenita, pues mi barriga era plana, pero era diferente a los cuerpos delgados que decían eran perfectos.

Recuerdo ir con mis amigas a una discoteca una noche y, cuando estábamos pasando por la puerta, un grupo de chicos empezó a reírse e insultarme por mis enormes piernas y trasero. Lloré muchísimo.

La instagramer Coco Green.
La instagramer Coco Green.

También recuerdo sentir envidia de mis amigas porque llevaban pantalón de la talla 34-36 y yo casi no cabía en la 42; la 44 era mi talla. Yo quería ser como ellas. Quería poder ir de compras y vestir a la última, pero mis piernas y mi trasero me impedían poder usar ropa de las tiendas de moda como Berskha, Stradivarius o Zara. Mi padre y yo pasábamos horas buscando pantalones o botas para mí. Jamás pude usar botas altas y raramente podía encontrar un pantalón. En España las tallas no son realistas. Solo las chicas delgadas pueden ir a la moda.

Los insultos y el continuo bullying que sufría me causaron un tic en los ojos, mucha inseguridad y una muy baja autoestima. Me sentía horrible y la persona más fea del mundo. Mucha gente me decía: “No eres fea, pero tienes muchas curvas, grandes piernas y un gran trasero”. ¡Cómo si eso fuera un pecado y una condición para dejar de ser bonita!

Yo fantaseaba con ser delgada para ser modelo o actriz pero, aunque dejara de comer, no podía serlo. Decidí que ahorraría el suficiente dinero para en unos años operarme las piernas, quitarme trasero, ponerme los pechos grandes, etcétera.

En 2015 decidí dejar tierras españolas por el tema de la crisis económica y me fui a buscar una nueva vida a Estados Unidos. Trabajaba de housekeeping (limpiando cuartos) y luego fui supervisora.

Algunas personas me decían que con mi belleza y perfectas curvas podía ser una famosa modelo. Yo pensaba que lo decían de broma. ¿Belleza? ¿Perfectas curvas? ¿Yo?

Un día me abrí una cuenta en Instagram (@ccocogreen), además de mi cuenta personal, y una chica me propuso hacer Sfs —Story for Story— o, lo que es lo mismo, ella me pondría en sus historias de Instagram y yo en las suyas. Sin saber lo que hacía acepté. De ahí me contactaron páginas que publican a chicas con curvas y gané diez mil seguidores que no dejaban de preguntarme si yo era modelo o influencer.

Ahí fue cuando descubrí un nuevo mundo y una oportunidad. Dejé mi trabajo sin tener claro si esto me iba a resultar porque ni siquiera era una chica joven, ya tenía mis 30 años, y encima había sido mamá. Era madre soltera en un país desconocido lejos de toda mi familia. Pero tenía un sueño y una meta. No dije nada ni a mis padres. Nadie me apoyaría en la idea de perseguir mis sueños con una niña en un brazo y sin nadie en este país. Y así, sin más, mi fama se expandió. En 6 meses ya tenía más de 300 mil seguidores de todo el mundo (incluídos muchos españoles) y el trabajo de mis sueños. Jamás imaginé que yo, sintiéndome tan fea, pudiera lograr ser modelo, trabajar de esto y alcanzar un estatus económico que nunca había pensado. ¡Y todo en menos de un año!

Las redes sociales me ayudaron a terminar con mi baja autoestima, a dejar de sentir envidia de otras y a quererme como soy. Por supuesto, recibo muchos comentarios ofensivos de gente que me sigue simplemente para insultarme, llamarme gorda o hacer comentarios de mi celulitis. Pero ya no me afectan para nada. He aprendido que a cada uno le gusta una cosa y que yo soy hermosa como soy. Habrá gente a la que le guste y a otros que no.

Aunque ahora sí tengo el dinero para operarme, nunca lo haré. Me acepto y me quiero tal cual. Aprendí que no nací para ser como las demás. Yo soy única.

Ironías de la vida: ahora muchas chicas me escriben para que les de consejos para hacer su cintura pequeña y su pompis grande. Y, además, muchos piensan que me he operado el trasero porque es lo que está de moda.

Esto es un llamamiento para todas las mujeres: delgadas, con curvas o rellenitas; madres y no madres; y e 20, 30, 40 u 80. Todas somos hermosas. Todas valemos y todas podemos conseguir lo que queramos. Creed en vosotras y hacedlo.

Aménse como son, con celulitis, con arrugas, con curvas o sin ellas, con pechos o sin pechos.

Ojalá que, como ya se está haciendo en Estados Unidos, las tiendas de España dispongan de todas las tallas para que todas las mujeres pueden ir a la moda y vestir como quieran. Sería un sueño poder ver a mi país admirar la belleza de todos los cuerpos y poder ser parte de ese cambio. No quiero que ninguna chica pase por lo que yo pasé.