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04/08/2020 10:56 CEST | Actualizado 04/08/2020 10:56 CEST

Desastre Real

Cuando un rey pierde la reputación, lo pierde todo.

UniversalImagesGroup via Getty Images
Alfonso XIII. 

El 14 de abril de 1931 Alfonso XIII salió de España hacia un exilio del que no volvió. El 3 de agosto de 2020 Juan Carlos I salió de España hacia un exilio del que no sabemos si volverá.

En ambos casos, la reputación jugó un papel decisivo.

“La reputación es la piedra angular del poder. Sólo a través de la reputación se puede intimidar y ganar; una vez que se pierde, sin embargo, uno se vuelve vulnerable y blanco de ataques por todos lados. La reputación debe ser algo inexpugnable”.

Es la quinta ley del poder de Robert Greene.

En el verano de 1921 se cumplirán cien años del llamado “Desastre de El Annual”, cuando alrededor de 10.000 soldados y oficiales del ejército español murieron en unos pocos días de julio en el Rif marroquí.

En ese momento el jefe del Estado era el rey Alfonso XIII y su reputación, comenzó la cuesta abajo que terminó en la noche del 14 de abril de 1931, día en el que se proclamó la II República Española, cuando huyó de Madrid hacia el exilio.

Es éste, un gran problema para un rey; cuando pierde la reputación, lo pierde todo.

El problema es que aquí llueve sobre mojado, porque el abuelo de Juan Carlos I, el rey Alfonso XIII, fue dejando jirones de su reputación por el camino y terminó exiliado sin volver a pisar tierra española a pesar de que el gobierno, de la dictadura, lo dirigía su admirado general Francisco Franco.

Alfonso XIII nació prácticamente rey porque su padre Alfonso XII había muerto a los 27 años, antes de que él naciera. Le llamaban “El Africanista” por su querencia colonial en Marruecos y se rodeó, precisamente, de los militares más proclives a realizar conquistas en unas tierras áridas que a nadie le interesaban, salvo a empresarios como los de la Compañía Española de Minas del Rif, cercanos al propio rey.

El rey Alfonso XIII había apoyado la actuación militar que terminó en un desastre completo. “Olé tus cojones”, le dijo al general Silvestre.

En esas conquistas participaron mandos y oficiales profesionales, pero también soldados de reemplazo obligados a cumplir un servicio militar de tres años, del que se libraban los ricos y los que podían pagar por no ir, y en el que terminaban los más pobres. 

Campesinos de tierra adentro que no habían disparado un tiro en su vida y a los que no se les había perdido nada en Marruecos, y que se encontraban en un frente de guerra para defender a su rey.

En unos pocos días de ese mes de julio de 1921, un número indeterminado de soldados españoles, pero cuya cifra suele considerarse alrededor de 10.000, murieron en el transcurso de varias escaramuzas que tuvieron lugar en el norte de Marruecos, en la zona del Rif.

El rey Alfonso XIII había apoyado la actuación militar que terminó en un desastre completo. “Olé tus cojones”, le dijo al general Silvestre, quien estaba al mando de las fuerzas, cuando se lo propuso. 

Wikipedia
Oficiales españoles inspeccionan los restos de soldados españoles masacrados en el 'Desastre de Annual'. 

Pocos meses después, los pocos militares españoles que habían sido hechos prisioneros, porque la mayoría terminaron degollados, fueron puestos en libertad una vez que el magnate vizcaíno Horacio Echevarrieta pagara cuatro millones de pesetas en duros de plata al caudillo berebere Abd El Krim El Jatabi.

“Qué cara está la carne de gallina”, le escucharon decir al rey Alfonso XIII cuando supo la cantidad pagada para la liberación de los presos.

Tras el desastre de El Annual los militares africanistas, que cobraban sobresueldos y lograban medallas que les servían para subir más rápido en el escalafón, y que pocos años después se levantarían contra el gobierno de la República para implantar otra dictadura, recuperaron las posiciones gracias a la inyección de miles y miles de nuevos reclutas, lo que provocó que casi cada familia española pobre tuviera un miembro trasladado a las guerras de África.

“No es nuestra guerra, es la del Rey”, llegó a decir en el Parlamento el diputado socialista Julián Besteiro. 

El desastre de El Annual fue tan espantoso que el gobierno decidió realizar una investigación para depurar las responsabilidades, investigación que le fue encargada al general Juan Picasso.

La reputación real estaba tan por los suelos que políticos de la derecha, ejército y Guardia Civil, terminaron por darle la espalda.

El mismo rey, al que le gustaba rodearse de militares que le rieran las gracias y coincidieran con sus planes de acción, terminó preocupándose seriamente por el trabajo realizado por el general Picasso que, con un decidido sentido del deber y olvidándose de intereses gremiales, especificó las responsabilidades que llevaron a la pérdida de todo un ejército y la muerte de miles de soldados y oficiales.

Las responsabilidades alcanzaban al alto mando, como el general Dámaso Berenguer, amigo del rey, que era el alto comisario de España en Marruecos, y hasta a la jefatura del Estado.

Ese informe iba a ser finalmente debatido en las Cortes, pero unos días antes, en septiembre de 1923, el general Miguel Primo de Rivera dio un golpe de estado e impuso la dictadura. En ese momento el rey Alfonso XIII, oportunamente, estaba en su residencia de verano en San Sebastián. Volvió a Madrid con cierta lentitud, para dar tiempo a ver si el golpe cuajaba o no.

Para cuando llegó al Palacio Real, el golpe estaba instalado. Primo de Rivera se reunió con Alfonso XIII y éste, que había jurado sobre los Evangelios defender la Constitución de 1876, le nombró presidente de un gobierno dictatorial y anti constitucional, compuesto exclusivamente por militares.

El rey daba así un importante paso contra el sistema constitucional y la política parlamentaria, de hecho lo había manifestado unos meses antes en una reunión con amigos militares: “Os acordéis siempre, les dijo, que no tenéis más compromiso que el miramiento prestado a vuestra Patria y a vuestro Rey”.

Cinco años después, en 1930, tras el fracaso de la dictadura de Primo de Rivera, Alfonso XIII nombró jefe del Gobierno precisamente al general Dámaso Berenguer, que había sido apartado de su cargo por las responsabilidades apuntadas por el informe Picasso sobre el desastre de El Annual.

La reputación real estaba tan por los suelos que políticos de la derecha, ejército y Guardia Civil, terminaron por darle la espalda.

Unos meses después, el 14 de abril de 1931 se proclamaba la República Española y Alfonso XIII salía al anochecer de palacio en su exclusivo coche Duesenberg convertible, llegaba al puerto de Cartagena y se embarcaba en el buque “Príncipe Alfonso” que le trasladó a Marsella. 

Nunca más volvió.

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