El declive del príncipe Andrés, en nueve actos

Cómo ha pasado de ser el hijo favorito de la reina Isabel II a apartarse de la vida pública por el escándalo Epstein.
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Esta, podría decirse recurriendo al clásico, es la crónica de una muerte anunciada. Hace ya más de dos décadas que comenzó el declive del príncipe Andrés de Inglaterra, aunque la guinda del pastel llegó el miércoles con el comunicado de Buckingham Palace en el que anunciaba su retirada “de todos los deberes públicos que conlleva su cargo en un futuro inmediato” y la posterior cancelación de un viaje a Baréin. La Casa Real Británica reconocía así su implicación en el escándalo protagonizado por Jeffrey Epstein, el magnate estadounidense que se suicidó el pasado agosto en una cárcel mientras esperaba ser juzgado por abusar sexualmente de varias menores.

“Lamento inequívocamente mis erróneos vínculos con Jeffrey Epstein”, reza el texto que firma el príncipe, quien ya ha cancelado su primer viaje una semana antes aseguró en una polémica entrevista en la BBC que se había distanciado del empresario en 2006 y negó rotundamente haberse acostado con Virginia Giuffre cuando ésta era aún menor de edad y su nombre era Virginia Roberts.

Detrás de este texto y de estas declaraciones hay una historia de declive en la que el príncipe Andrés, de 59 años, ha pasado de ser el hijo favorito de la reina de Isabel II a convertirse en “el príncipe destronado”. Una cuestión de años y de escándalos, los que ha ido acumulando en su historial desde que se separó, no sin polémica, de Sarah Ferguson en marzo de 1992 tras seis años de matrimonio. El divorcio llegó en mayo de 1996, justo tres meses antes del de Carlos y Diana.

Portada de la revista 'People' en marzo de 1992.
Portada de la revista 'People' en marzo de 1992.

El cuento de hadas del príncipe y la plebeya fue breve, aunque con final abierto, y dio paso a un serial mucho más oscuro que se ha prolongado durante 27 años. El duque de York, ya divorciado y padre de dos niñas, Beatriz y Eugenia, adoptó el rol de vividor y fiestero que acostumbran seguir los segundones de la realeza británica. Su tía la princesa Margarita lo hizo antes y su sobrino el príncipe Enrique le tomó el relevo después.

En este proceso ha pasado de ser el príncipe Andrés a ser Randy Andy (Andrés el caliente) y Air Miles Andy (Andrés el viajero). El exmiembro de la Marina Real Británica, octavo en la línea de sucesión al trono, se ha ganado estos apodos a pulso, capítulo tras capítulo.

La fiesta en el yate de Epstein

Podría decirse que aquí empezó todo, en el yate de Jeffrey Epstein. No era la primera vez que el príncipe y magnate el disfrutaban juntos de sus vacaciones. Su amistad desde 1999 les había llevado antes a Balmoral, Sandringham y Nueva York, aunque sí fue la primera vez que los fotografiaron. La imagen captada por los paparazzi durante unas vacaciones en Tailandia en 2001 sirvió para hacer un retrato de la pareja de amigos: lujo, chicas en topless y amistades influyentes, entre ellas la maquilladora Jacqui Hamilton-Smith, el productor Nellee Hooper, la cantante de Atomic Kitten Jenny Frost y las socialités Normandie Keith y Ghislaine Maxwell. Esta última, novia de Epstein en ese momento, es una pieza clave en esta historia de caída.

Encuentros sexuales con una menor

Cuando se hizo esta foto el príncipe Andrés tenía 41 años y Virginia Roberts, 17. Los presentó precisamente Ghislaine Maxwell, quien en aquella época se dedicaba a captar chicas como ‘esclavas sexuales’ para que mantuviesen encuentros con hombres ricos y poderosos, según denunció la propia Giuffre en los tribunales en 2015 y reiteró en agosto de 2019. La joven y el príncipe se citaron en tres ocasiones: la primera en Londres, la segunda en Nueva York y la tercera, una orgía con otras ocho chicas, en la isla Little St James, una propiedad que Epstein adquirió en 1998 en el Caribe.

El primer encuentro se produjo después de un baile tórrido en la discoteca Tramp de Mayfair y tras un baño relajante en el que el príncipe Andrés le “chupeteó los dedos de los pies”, contó Giuffre en el juicio de 2015. El príncipe Andrés y la propia Casa Real británica lo negaron rotundamente y aseguraron que las palabras eran “falsas y sin ningún fundamento”. Ese mismo año desaparecieron del registro todas las acusaciones, que el juez describió como “inmateriales e impertinentes”. Los partidarios del príncipe Andrés dijeron de la foto que era un montaje y que solo había que fijarse en los dedos de su mano izquierda, “mucho más gordos” que en la realidad.

A vueltas con Epstein

El príncipe Andrés aseguró en la entrevista de la BBC que se distanció de Epstein en 2006, pero esta foto no dice lo mismo. Fue un escándalo mayúsculo. En diciembre de 2010 pillaron a los dos amigos paseando por Central Park en Nueva York. Volvían a verse tras la salida de la cárcel del magnate, condenado a 18 meses de prisión —solo cumplió 13— por abusar de una menor de 14 años en su casa de Palm Beach en 2005. El príncipe dice ahora que su viaje a la Quinta Avenida fue para poner fin a la amistad y justifica sus fotos en la puerta de la mansión de Epstein en Manhattan, donde se alojó durante ese viaje, porque la consideraba un lugar “conveniente para quedarse”. De la joven rubia con la que lo pillaron en la puerta no dice nada.

Sin papel en el Gobierno

Tras esta foto llegó su decisión de dejar el puesto de Representante Especial de Comercio e Inversión del Reino Unido. En el adiós aseguró que había cumplido con el objetivo y tras 10 años en el puesto (de 2001 a 2011) ya no era necesario para desempeñar esos trabajos. Su papel dentro de la Casa Real cambiaba: “No tendrá uno definido (...) Continuará apoyando a las empresas de Reino Unido y se involucrará en compromisos comerciales si así se requiere”.

Epstein, Gadafi hijo y otras amistades peligrosas

Epstein no ha sido el único amigo de dudosa reputación que el duque de York ha atesorado en estos años. Ese trabajo lo llevó a entablar controvertidas relaciones como las que mantuvo con Saif Gadafi, hijo del mandatario livbio Muamar Gadafi, o con Timor Kulibayev, hijastro del presidente de Kazajstán. En 2007 le vendió su residencia de Sunninghill Park, regalo de boda de su madre, por 17 millones de euros.

También este puesto lo llevó a almorzar en Buckingham con un miembro del antiguo régimen tunecino y a aceptar alojamiento del traficante de armas libio Tarek Kaituny (lo pagó a posteriori). También tuvo un encuentro secreto en Azerbaiyán con el presidente Ilham Alijev, acusado de usar la tortura contra sus propios ciudadanos. Los tabloides se frotaban las manos cada vez que salía de Reino Unido.

Air miles Andy o el hombre de los mil gastos

Si no fuera suficiente con todo esto, en 2010 la prensa británica sacó a la luz los excesivos gastos que suponían sus viajes de trabajo al extranjero (no había renunciado todavía al puesto) y que casualmente muchas veces lo hacían aterrizar en los mejores resorts de golf del planeta. Sus elevados desembolsos, con helicóptero privado incluido, le hicieron ganar el sobrenombre de Air miles Andy.

Sarah Ferguson vende al príncipe

En estos 27 años no ha faltado su expareja Sarah Ferguson, quien lo ha acompañado en numerosos eventos, lo ha defendido de las acusaciones en el caso Epstein y lo ha querido vender. En 2010 el semanario News of the World difundió un vídeo de la duquesa de York ofreciendo acceso al príncipe por medio millón de libras. “Usted cuide de mí y yo me preocuparé de usted... Su recompensa será diez veces mayor. Yo puedo abrirle cualquier puerta”, decía la duquesa, cuyas deudas superaba en aquel momento los 1,17 millones de euros. Años después le aclaró a Oprah Winfrey que estaba bajo los efectos del alcohol.

Demasiado dinero para no tener sueldo

La fortuna del príncipe Andrés, que según recoge el libro de del exdiputado liberal Norman Baker se eleva a 66 millones de euros, no es un tema menor. El duque de York es el tercer miembro más rico de la Casa Real británica, solo por detrás de la propia Reina y de su hermano Carlos.

Los datos no cuadran con estos ahorros ni con su tren de vida. Recibe una paga anual de su madre de 249.000 libras, exenta de impuestos, y una pensión adicional de la Marina de 20.000 libras. El trabajo para el Gobierno nunca le reportó beneficios. A nadie le salen las cuentas y Baker pide explicaciones:A menos que haya ganado la Lotería Nacional, es evidente que está recaudando sumas significativas que no conocemos. La gente generalmente no entrega grandes cantidades de dinero a otras personas por la bondad de su corazón. Generalmente, quieren algo a cambio. Tenemos derecho a que nos digan de dónde proviene la riqueza oculta de Andrés y lo que ha dado a cambio”.

La entrevista de la BBC y el documental de El Príncipe y el pedófilo

El nombre del documental de Channel 4 lo dice todo. No es otra cosa que un resumen de lo que han sido estos años de relación de Randy Andy y Epstein, quien en este tiempo entró en numerosas ocasiones en Buckingham y cedía a cambio sus aviones a Andrés. Se emitió el pasado octubre y semanas después llegó el intento de lavado de imagen en forma de entrevista. Aquí hay que mirar a Sarah Ferguson, dice el Daily Mail, quien ha estado más de un año gestando esta jugada. Empezó a hacerlo antes de la detención y muerte del magnate, y animó a su exmarido para que siguiese con la jugada... que al final no resultó tan maestra.