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01/12/2020 11:20 CET | Actualizado 01/12/2020 11:20 CET

Estado nervioso

Diríase que la clase política se ha desquiciado; que se ha perdido el juicio a la vez que la vergüenza.

Pool via Getty Images
Imagen de archivo del presidente, Pedro Sánchez, en el Congreso. 

La actualidad es todo nervio, malhumor y desconcierto. El país va adelante a trompicones, aunque a veces parece que va para atrás. No hay objetivos claros. No hay un hilo lógico. Diríase que la clase política se ha desquiciado; que se ha perdido el juicio a la vez que la vergüenza. Hay que trabajar a fondo con el relativismo –valen como sinónimos el pasotismo y el postureo– para acercarnos a una cierta comprensión del momento. 

El Gobierno ha sacado la Ley Celáa con los apoyos de la oposición, una norma más destinada a ser sustituida por otra cuando gobierne la derecha. Pablo Casado dice muy serio, la barbita le disimula la sonrisa, que el socialcomunismo rampante quiere adoctrinar a nuestros hijos e hijas y viceversa. Y uno no tiene más remedio que acordarse de la frase de Abraham Lincoln de que hay gente que parece tonta pero que en cuanto abre la boca despeja cualquier duda. Ese presunto adoctrinamiento consiste en que la Iglesia Católica deje de adoctrinar en los colegios concertados. La católica, la evangélica, la judía, la mahometana o la budista, llegado el caso. 

La dirección conservadora tiene que hacérselo mirar (el cerebro, ignoro en qué hemisferio, si el izquierdo o el derecho, estarán las nociones básicas del empirismo), porque cada vez que ha tropezado en la misma piedra, aquella que señaló J.M. Keynes de que los conservadores al final se convierten en reaccionarios, que es aliarse con los curas, ha hecho el ridículo histórico. Se opuso al divorcio, al aborto, a los matrimonios homosexuales… en los que luego hubo algunos maestros cuyas habilidades en esas materias han dejado muy alto el listón. La Ley Celáa no hubiera nacido si el PP la hubiera abortado cuando el entonces ministro de Educación Ángel Gabilondo ya había conseguido un amplísimo consenso. Pero los populares se levantaron de la mesa en el último minuto alegando boberías que ni siquiera llegaban a la altura de la estupidez.

Antiguos líderes del PSOE son descalificados por ‘barones’ o por ‘viejos’ cuando no se sienten representados por el sanchismo

“Estoy harta de Pedro Sánchez”, me decía en Ortigueira una veterana socialista, que un poco es como lo que decía Indalecio Prieto, “socialista a fuer de liberal”. “Es el hombre de las mil caras, un icosaedro; tiene más capas que una cebolla, muchas cartas bajo la manga; llega un momento en que te produce una desconfianza enorme. Un líder tiene que ser previsible, por lo menos en los ejes de la ética. Y yo de este señor dudo… ¿Qué quiere, qué pretende más allá de sobrevivir a los Presupuestos? Uno no puede cumplir el cien por cien de lo que promete, las circunstancias cambian, pero puede intentarlo. Desconcierto, desconfianza y rechazo… es el camino mental que yo estoy siguiendo con él”. 

Estábamos escuchando la tele. El canal 24H, con las matraquillas políticas habituales. Sentí que había descubierto mis pensamientos. 

Antiguos líderes del PSOE –da igual Felipe González, que Alfonso Guerra, Rodríguez Ibarra y tantísimos otros– son descalificados por ‘barones’ o por ‘viejos’ cuando no se sienten representados por el sanchismo. Pero tienen sus razones: ellos son los fundadores del PSOE moderno, el que renació pujante y europeizado en Suresnes, el que, como el SPD antes en Bad Godesberg, y otras socialdemocracias, abjuró del marxismo, el que fue decisivo para llegar al consenso que alumbró la Constitución de la reconciliación, el que metió a España en la CEE… Es normal que se sientan confundidos cuando observan cómo se desata lo que parecía atado por el sentido común y el patriotismo constitucional. Y los buenos resultados obtenidos en 42 años; un periodo más largo que la dictadura. 

Con aquel PSOE, ETA dejó de matar. Fue obligada a dejar las armas por una sociedad que dijo basta ya. La democracia ganó aquella guerra que era contra la democracia, y no contra el franquismo. 

Estas son razones de mucho peso para que los ‘históricos’ no entiendan los tratos frívolos u opacos, o al menos con el cristal lleno de vaho, con Bildu… o con los separatistas catalanes que, llámese cómo se llame en derecho, en lenguaje de la gente corriente fue, si no un golpe, sí al menos, siendo muy generosos, un intento de ‘golpecito’ de Estado. 

Canarias, por cierto, trina. La incompetencia, irresponsabilidad y ceguera del Gobierno en el asunto de la inmigración es 'cum laude'

Personas de profundas creencias democráticas no entienden que se concedan beneficios penitenciarios o contrapartidas por el apoyo presupuestario sin un previo arrepentimiento o promesa de no volver a las andadas. ¿Ablandar o suprimir el delito de sedición? Habría que copiar sencillamente las figuras penales que existen en Alemania, Francia, Italia, para este tipo de delitos. ¿Alta traición, rebelión, sedición?, ¿un rosario, dos credos, un padrenuestro y una docena de avemarías? ¿Será suficiente disuasión para el futuro aliviar las represalias? “Tampoco se puede negar –me dicen quienes ven la botella medio llena– que conseguir que los herederos de ETA, porque lo son aunque ya no sean ETA, gracias a Dios, pero no a los curas, entren en las instituciones, o que Esquerra elija la vía política y la negociación y aparque las asonadas es positivo y esperanzador…”. Veremos. Hay que esperar a las próximas elecciones catalanas para comprobar si las cosas han cambiado o, como se dice en Canarias, “a peor la mejoría”.

Canarias, por cierto, trina. La incompetencia, irresponsabilidad y ceguera del Gobierno en el asunto de la inmigración es cum laude. También en este otro tema sensible, el vicepresidente Iglesias ha puesto el activismo antisistema por encima de los intereses nacionales. Su extemporáneo apoyo al Frente Polisario, que al margen de sus derechos ab urbe condita, fue una creación y un instrumento de Argelia en su histórico y genético contencioso territorial con Marruecos, rompió un prudente statu quo diplomático cuya evolución está en manos de las partes interesadas y de la ONU. 

Imposible olvidar algunos hechos: el Polisario, al hacer tenaza en el sur con la Marcha Verde de Hassan II en el norte obligó a España a abandonar apresuradamente la excolonia. Con Franco moribundo, dando las últimas boqueadas multi-intubado en La Paz, nadie serio como por ejemplo las decenas de miles de reformistas que pasarían a la UCD y AP, ni la oposición clandestina y apaleada, quería dar posibilidades a una guerra con miles de muertos y a un general africanista que prolongara el franquismo sin Franco. Otro tema polisárico: el terrorismo marítimo, los secuestros, las torturas y los asesinatos de pacíficos pescadores canarios.

La reacción del Gobierno ante la avalancha de pateras y cayucos ha sido tardía, incapaz, ingenua y, sobre todo, soberbia. Los ministros concernidos por el conflicto por lo general se han comportado con altanería, desdén y chulería con las autoridades locales. Con alguna excepción, que haberla pues puede haberla. Resultado: un desastre sin paliativos. Una temeraria falta de reacción y de capacidad de análisis estratégico. Un muelle de Arguineguín convertido en un trozo de Lampedusa o Lesbos. 

Y como es habitual en momentos de tensión que tengan que ver con la unidad nacional, surgen los pronunciamientos de militares retirados

Toda la experiencia acumulada en 2006, que fue un ejemplo mundial, tirada por la borda, mientras desde Podemos y los sectores arcangélicos que por su propia esencia están en las nubes, se predica un falso e imposible humanitarismo de puertas abiertas. Expertos solventes consideran que las 140.000 llegadas probables estimadas por la Policía son un cálculo a la baja. Si no hay derivaciones urgentes a Europa –España peninsular incluida– y devoluciones a los puntos de origen si no se dan las condiciones del refugiado, se provocará un polvorín. En 1978 Canarias fue ‘asunto de Estado’ cuando estuvo a punto de ser incluida en el Comité de Descolonización de la OUA, paso previo a la ONU, a instancias de Antonio Cubillo y su Mpaiac, títeres de Argelia. La ignorancia es muy atrevida.

Y como es habitual en momentos de tensión que tengan que ver con la unidad nacional, surgen los pronunciamientos de militares retirados (valientes sí, pero también prudentes, que con el escalafón y las cosas de comer no se juega) que se dirigen al rey de turno para que ponga orden. “Jubilados que necesitan que se les escuche”, me dice un descreído. Pero no es solamente eso, porque ahora Vox los maneja. Ha habido varias ‘cartas’ en los últimos años. Por el conflicto catalán, por los escarceos con Bildu y ERC, sobre todo cuando la pareja es el PSOE. Cuando Aznar le dio a Pujol para conseguir sus votos en la investidura la desaparición de la mili, la ruptura del consenso militar logrado en el Congreso, la desaparición de los gobernadores civiles… no hubo problemas. Ni siquiera se computa.  

Y la pandemia de los demonios, que es otra caja de Pandora abierta.

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